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	<title>Situaciones &#124; Revista de historia y crítica de las artes &#187; Dario Gamboni</title>
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		<title>Cuerpos desgarrados. La caja entrópica, de Francesc Torres.</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jan 2018 22:44:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Angelica Tognetti]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Imágenes de cuerpos femeninos desgarrados. Es lo que permanece almacenado en nuestra retina después de haber visitado la exposición La caja entrópica de Francesc Torres, o, al menos, es lo que ha querido...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Imágenes de cuerpos femeninos desgarrados. Es lo que permanece almacenado en nuestra retina después de haber visitado la exposición <em>La</em> c</span><i><span style="font-weight: 400;">aja entrópica </span></i><span style="font-weight: 400;">de Francesc Torres, o, al menos, es lo que ha querido retener el inconsciente que orienta mi propia memoria visual. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tanto el tríptico explicativo de la exposición como los carteles que encontramos por las calles de Barcelona y por las redes sociales constituyen un ejemplo de lo que contiene tan peculiar exposición. Estos medios de divulgación reproducen una pintura al óleo de un clásico desnudo femenino que ha sido evidentemente intervenido por un doble acuchillamiento: los ojos y el cuello de la joven protagonista de la pintura han sido mutilados violentamente a través de dos cortes en diagonal. Por encima de estos cortes se han enganchado pequeños trozos de papel que nos indican que la obra aún no ha sido restaurada. Nos encontramos ante una pieza desgarrada, una pieza que conserva las huellas de un gesto de violencia que la institución museística no ha querido suturar. </span></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><b>La caja entrópica</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Son obras de este calibre las que nos encontramos en </span><i><span style="font-weight: 400;">La caja entrópica:</span></i><span style="font-weight: 400;"> obras de arte mutiladas, quemadas, rotas, rasgadas, intervenidas y no restauradas, obras que han perdido su aura a lo largo de los caminos del tiempo, que se han vuelto objetos cualquiera, residuos, ruinas, olvidos. A este respecto, la exposición puede pensarse como una inmensa caja en la que todos estos objetos cobran un nuevo sentido al ponerse en diálogo los unos con los otros y, sobre todo, con los espectadores.</span></p>
<p><strong><i><span style="font-weight: 400;">La caja entrópica [El museo de objetos perdidos]</span></i><span style="font-weight: 400;"> es el resultado del ensamblaje de diferentes piezas pertenecientes a los almacenes del fondo del MNAC a los que ha tenido acceso Francesc Torres en los últimos dos años. En ella, la única pieza realizada por el artista es el diseño curatorial en sí: la elección de piezas olvidadas por la Historia oficial, piezas-residuo, piezas-ruinas y su disposición en el espacio museístico.</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2201" class="wp-caption alignnone" style="width: 750px"><img class="wp-image-2201" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2018/01/Capsa-entr-¦pica-039.jpg" alt="Capsa entr+¦pica-039" width="750" height="506" />
<p class="wp-caption-text">Vista general de la exposición <em>La caja entrópica</em> de <strong>Francesc Torres</strong>. © Cortesía de <strong>Museu Nacional d&#8217;Art de Catalunya</strong>.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La idea general de la exposición responde a la dinámica del </span><i><span style="font-weight: 400;">objet trouvé</span></i><span style="font-weight: 400;">; para explicárnosla Torres se sirve de una metáfora anecdótica: imaginemos llegar a un desván de un edificio en el que se almacenan objetos que muy raramente ven la luz del día, imaginemos que disponemos de una caja y que en ella podemos guardar algunos de esos objetos. Imaginemos también que nos llevamos la caja llena y, bajando las escaleras del edificio, tropezamos haciéndola caer y rompiendo algunos de esos objetos. Para Francesc Torres </span><i><span style="font-weight: 400;">La caja entrópica </span></i><span style="font-weight: 400;">no es otra cosa que el resultado de esa caída, en la que objetos olvidados cobran nueva vida después del golpe.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como los objetos de un desván, las piezas de la exposición son ruinas, objetos rotos, fragmentados que han quedado encerrados en los almacenes del museo y que en rara ocasión han sido colocados bajo los focos de las salas de exposiciones.</span></p>
<p><strong><strong> </strong></strong></p>
<p><b>La necesidad del anacronismo: ruinas, fragmentos, olvidos</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Frente a la tarea museística tradicional en la que se intenta restaurar las piezas, unir los fragmentos y velar los anacronismos para poder hilar las narrativas teleológicas convenientes, Torres propone una forma alternativa de estructurar el discurso expositivo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El artista catalán ha creado un collage de fragmentos olvidados, un montaje de tiempos heterogéneos a través del cual hace evidente que toda reelaboración histórica tradicional, que todo contacto entre objetos del pasado, no es otra cosa que el fruto de una elección guiada por el deseo de estructurar ficciones coherentes y lineales. </span><i><span style="font-weight: 400;">La caja entrópica</span></i><span style="font-weight: 400;"> responde a la voluntad fundamental de reconocer “la </span><i><span style="font-weight: 400;">necesidad del anacronismo </span></i><span style="font-weight: 400;">como una riqueza” <sup>1 </sup></span><span style="font-weight: 400;">: en vez de ocultar cualquier contradicción temporal entre las piezas, intenta hacerlas visibles para jugar con ellas.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De esta forma, la exposición lanza una fuerte crítica a lo que convencionalmente se entiende por gestión museística y, por consiguiente, a la Historia del arte en general. Ambas reproducen un conjunto de narrativas hegemónicas y progresivas que conservan objetos que se pretenden acabados, no fragmentarios, intocables, que escondiendo su naturaleza de ruina a través de arreglos constantes, restauraciones, que no solo borran los desperfectos de la humedad, las “arrugas” del tiempo, sino que también ocultan las huellas de mutilaciones, quemaduras, cortes realizados voluntariamente por hombres y mujeres como signo de violencia, protesta y rebelión.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Vandalización, destrucción del patrimonio, suturas</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La destrucción del patrimonio responde generalmente a voluntades ideológicas y políticas de disensión que, en la mayoría de los casos, la institución museística intenta ocultar al público, mostrado las piezas afectadas nuevamente intactas, disimulando cualquier rastro de agresión.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2202" class="wp-caption alignnone" style="width: 750px"><img class="wp-image-2202" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2018/01/Capsa-entr-¦pica-011.jpg" alt="Capsa entr+¦pica-011" width="750" height="750" />
<p class="wp-caption-text">Vista general de la sala “<em>Feminicidios (por arte interpuesto)</em>” de la exposición <em>La caja entrópica</em> de <strong>Francesc Torres</strong>. © Cortesía de <strong>Museu Nacional d&#8217;Art de Catalunya</strong>.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la sala “</span><i><span style="font-weight: 400;">Feminicidos (por arte interpuesto)</span></i><span style="font-weight: 400;">” nos encontramos con una clara ejemplificación de este tipo de </span><i><span style="font-weight: 400;">encubrimiento</span></i><span style="font-weight: 400;">, llevado a cabo por la historiografía oficial sobre las obras de arte y los cuerpos que éstas últimas representan en su interior. En esta sala se exhiben diferentes casos de pinturas desgarradas: óleos en los que aparecen cuerpos femeninos cuyos ojos, barrigas, cuellos y espaldas han sufrido la agresión de múltiples cortes; una pequeña foto en blanco y negro de la </span><i><span style="font-weight: 400;">Venus del espejo</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Velázquez agredida por la espalda y cuatro fotos de Lucio Fontana realizando sus célebres cortes en telas monocromas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nos encontramos en una habitación de cortes, heridas infligidas sobre lienzos, en la que arte abstracto y arte realista se mezclan. Sin embargo, aunque exista una particular resonancia visual entre los cortes, el significado de cada una de las incisiones varía sorprendentemente. Es fundamental dar cuenta de ello.  </span></p>
<p><strong><strong> </strong></strong></p>
<p><b>Feminicidios</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El primer grupo de obras está constituido por desnudos femeninos pintados de forma realista entre 1886 y 1935. Todos estos cuerpos han sufrido una mutilación: en 1952 durante la celebración del Congreso Eucarístico de Barcelona alguien entró en el Museu d’Art Modern y “rasgó todos los desnudos femeninos que encontró a su paso”. Como nos indican las cartelas de la exposición, nunca se ha sabido quién realizó tan aberrante asalto ni el porqué, pero “algunas informaciones permiten especular con la idea de que fueron unos seminaristas”. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es abrumadora la violencia que transpira a través de los cortes de estas telas, o mejor dicho, de estos cuerpos femeninos. Por ello es importante fijarse en los lugares escogidos para realizarlos: ojos, pecho, gargantas, espaldas. Ninguna de estas heridas es gratuita, ninguna sobresale del borde que marcan los cuerpos, ninguna penetra en el decorado sin antes haber pasado por las siluetas femeninas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2203" class="wp-caption alignnone" style="width: 750px"><img class="wp-image-2203" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2018/01/IMG_6589.jpg" alt="IMG_6589" width="750" height="563" />
<p class="wp-caption-text"><strong>Julio Moisés</strong> (Tortosa, 1888 – Suances, 1968) <em>Eva,</em> 1925. Óleo sobre tela. Adquisición en la Exposició Internacional de Barcelona, 1929.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mujeres pintadas con pinceles agarrados por hombres (a excepción de dos pinturas realizadas por mujeres) son penetradas y heridas por cuchillos empuñados también por hombres. Mujeres desnudas y desfiguradas que, atrapadas en posturas sensuales, nos miran inertes y silenciosas a través de las rendijas que han desgarrado sus ojos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En diálogo con estas piezas aparece otro cuerpo femenino desgarrado en una pequeña fotografía: la</span><i><span style="font-weight: 400;"> Venus del Espejo</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Velázquez (1647-1651). La imagen es uno de los pocos testimonios gráficos que existen de ese corto lapso de tiempo en el que, por primera vez en la historia, el aire ha penetrado en una pieza tan célebre, haciéndola respirar a través de unos tajantes cortes. </span></p>
<p><strong><span style="font-weight: 400;">Aunque el resultado de la agresión sea muy parecido al de los casos anteriores, el significado y la finalidad de éste es radicalmente diferente. El 10 de marzo de 1914 la sufragista Mary Richardson entró en el National Gallery de Londres y mutiló con una pequeña hacha la espalda desnuda de la </span><i><span style="font-weight: 400;">Venus del Espejo </span></i><span style="font-weight: 400;">de Velázquez, generando un gran debate en la opinión pública de la época. Este ataque era en realidad un gesto de protesta por el encarcelamiento de otra sufragista, Emmeline Pankhurst, fundadora de la Women&#8217;s Social and Political Union (WSPU), una asociación que se movilizaba en defensa del sufragio femenino. La misma Richardson, en una declaración a <i>The Times</i> del día siguiente, afirmó: “he tratado de destruir la pintura de la mujer más bella de la historia mitológica como protesta contra el Gobierno por destruir a la señora Pankhurst, la personalidad más hermosa de la historia moderna. La justicia es un elemento de la belleza tanto como el color y la línea en el lienzo” <sup>2</sup> y, cuarenta años más tarde añadió una segunda motivación: “no me gustaba la manera en que los visitantes varones la miraban todo el día” <sup>3</sup>.</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2204" class="wp-caption alignnone" style="width: 465px"><img class="wp-image-2204 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2018/01/atentado_Mary_Richardson_venus-velazquez.png" alt="atentado_Mary_Richardson_venus-velazquez" width="465" height="392" />
<p class="wp-caption-text">Estado de la <em>Venus del Espejo</em> de <strong>Velázquez</strong> tras el ataque del 10 de marzo de 1914 de la sufragista y activista <strong>Mary Richardson </strong>en la National Gallery de Londres.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La prensa inglesa describió el ataque a una obra de arte tan valiosa como una actuación escandalosa, convirtiendo a la Venus pintada en, prácticamente, una víctima de carne y hueso. Muchos periódicos empezaron a referirse a la autora de los cortes como una asesina en serie apodándola “Mary la acuchilladora” o “la destripadora”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este ataque vandálico respondía a una estrategia política difusa a principio de 1900 entre las sufragistas, promovido sobre todo por el grupo WSPU, una estrategia que pretendía captar la atención de la opinión pública a través de una desobediencia civil pacífica.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El desgarre de la pintura de Velázquez no responde, por lo tanto, a un acto de violencia gratuito, sin fundamento, sino a un acto de protesta que pretendía, en primer lugar, poner al descubierto la hipocresía de la opinión pública inglesa que valoraba más un cuadro que una víctima humana. Como señala Dario Gamboni en </span><i><span style="font-weight: 400;">La destrucción del arte “</span></i><span style="font-weight: 400;">Mary Richardson convirtió a Venus, un símbolo de belleza (física), un ideal de feminidad (pasiva) y un voluptuoso objeto de contemplación (masculina), en una contrafigura de Emmeline Pankhurst, un modelo de belleza moral, feminidad emancipada y militancia política. Atacar y mutilar el contramodelo le permitía depreciarlo en todos los sentidos y afirmar simétricamente la superioridad de su modelo positivo” <sup>4</sup></span><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los cortes de Richardson transformaron para siempre la pieza: ya no era una creación llevada a cabo por un único hombre, sino por la “colaboración” entre éste último y una atrevida mujer sufragista <sup>5</sup></span><span style="font-weight: 400;">. Durante los meses previos a su restauración la pieza cobró nueva vida y nuevo sentido.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, a diferencia de las obras del primer grupo que aparecen en la sala del MNAC, esta obra de arte intervenida tuvo una existencia efímera de la que únicamente da cuenta una fotografía. Las heridas grabadas sobre la piel pictórica de la Venus desnuda fueron “sanadas” enseguida, intentando borrar cualquier huella o rastro del acto vandálico. De hecho, en la National Gallery, el museo en el que se encuentra todavía, no aparece ninguna información que haga referencia a ello. El desgarre de la obra y su restauración generaron así una tercera obra, una obra mentirosa resultado de la participación de nuevos autores: los restauradores.</span></p>
<p><strong><span style="font-weight: 400;">Mientras que en las obras anteriores la violencia ha quedado impresa, en la </span><i><span style="font-weight: 400;">Venus del Espejo </span></i><span style="font-weight: 400;">fue restaurada, silenciando el grito revolucionario que los cortes de Mary Richardson escondían.</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2205" class="wp-caption alignnone" style="width: 750px"><img class="wp-image-2205" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2018/01/YUAndpMCbXk_9hvX4xMDoxOjA4MTsiGN.jpg" alt="Lucio Fontana" width="750" height="422" />
<p class="wp-caption-text"><em>L’attesa</em> (detalle). <strong>Lucio Fontana</strong> fotografiado por <strong>Ugo Mulas.</strong> Milán, 1964.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Lienzos desgarrados</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Finalmente nos trasladamos desde unos lienzos que representan cuerpos femeninos desgarrados a unas telas monocromas cortadas: los </span><i><span style="font-weight: 400;">Concetti spaziali</span></i><span style="font-weight: 400;"> (conceptos espaciales)</span> <span style="font-weight: 400;">de Fontana; transitando desde unos gestos vandálicos agresivos hacia un gesto artístico transgresor. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El corte de lienzos que en las obras anteriores no era percibido como una expresión estética se convierte, en el caso de Fontana, en una maniobra novedosa que le permitió, a principios de 1949, abrir las puertas de la pintura contemporánea a la tercera dimensión.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los cortes de Fontana son como bocas a través de las cuales las pinturas pueden respirar el aire fresco que nunca antes se les había concedido. Estas piezas se vuelven obras abiertas en la que el exterior empieza a penetrar con toda su potencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La decena de piezas-cortadas, piezas-fragmento, que encontramos en la sala &#8220;</span><i><span style="font-weight: 400;">Feminicidios (por arte interpuesto)</span></i><span style="font-weight: 400;">&#8221; ilustra de manera ejemplar la finalidad de la exposición de Francesc Torres: hacer patente que todas las obras de arte no son otra cosa que fragmentos de un pasado que reconstruimos ficcionalmente a través de relatos y memorias. </span></p>
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<hr />
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<p><sup>1</sup> Georges Didi-Huberman (2011): <i>Ante el tiempo, </i>Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, p. 18.<br />
<sup>2</sup> Mary Richardson, &#8220;Miss Richardson&#8217;s Statement&#8221;, <i>The Times</i>, 11 Marzo 1914.<br />
<sup>3</sup> Mary Richardson, <i>The Star, </i>22 de febrero de 1952.<br />
<sup>4</sup> Dario Gamboni (2014): <i>La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa, </i>Madrid: Cátedra,  p. 133.<br />
<sup>5</sup> A este respecto véase  Alfred Gell (2013): <i>Arte y agencia: Una teoría antropológica, </i>Buenos Aires: Sb Editorial.</p>
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