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	<title>Situaciones &#124; Revista de historia y crítica de las artes &#187; Frederic Marès</title>
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		<title>Monumento derribado: El general Prim descabalgado. Iconoclastia barcelonesa, 1936.</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2020 15:56:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[En una escueta noticia, el diario La Vanguardia informó el martes 22 de diciembre de 1936, del derribo de la estatua erigida al General Prim en el parque barcelonés de la Ciudadela. En...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">En una escueta noticia, el diario La Vanguardia informó el martes 22 de diciembre de 1936, del derribo de la estatua erigida al General Prim en el parque barcelonés de la Ciudadela. En el escrito del diario simplemente se explicaba el hecho, no daba ninguna pista de los autores o de los motivos. Sin embargo sobre la autoría no podía haber excesivas dudas ya que en el pedestal solitario los autores habían dejado su firma: <em>“F.A.I. Monumento derribado por las J.J.L.L. de Gracia”.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2020/04/Captura-de-pantalla-2020-04-06-a-las-17.42.40.png">     </a></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone wp-image-2319 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2020/04/Captura-de-pantalla-2020-04-06-a-las-17.42.40.png" alt="La_Vanguardia–derribo_Prim" width="489" height="598" /></p>
<p style="text-align: justify;"><b>     </b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>El saludo de Prim</b></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Se conserva una fotografía del cuerpo derribado de Prim tirado en el suelo, aunque no del caballo. Es una imagen muy interesante. La figura de Prim todavía conserva la gruesa soga en el cuello que sin duda sirvió para derribarla. La cabeza ladeada en un ángulo imposible con el cuerpo reafirma la certeza de la muerte, la cabeza hundida en el tórax… Sin embargo, el  brazo derecho extendido y levemente levantado todavía conserva en su mano el sombrero que el general se había quitado para saludar. Interesante paradoja del cadáver de plomo que todavía es capaz de saludar. Saludo al que son totalmente indiferentes los hombres que rodean el cuerpo caído. La mano erguida de un cadáver sólo nos puede llevar, desde nuestra sensibilidad contemporánea a la figura femenina de la última obra de Marcel Duchamp “Etant Donnés” en la que, a través de un agujero en una puerta de madera,  vemos el cuerpo desnudo del cadáver de una mujer con las piernas abiertas… pero que sostiene una lámpara de gas en el aire con su mano izquierda. El general sostiene su sombrero con la misma insistencia con la que el cadáver de la mujer aguanta su lámpara… Ante la indiferencia por su asesinato.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">En la fotografía podemos ver a varios hombres con ropa de trabajadores pero dado que  el plano de la imagen enfoca al suelo, de los hombres no vemos los rostros, sino solamente hasta un poco más arriba de su cintura.  Todos ellos tienen las manos en los bolsillos o a la espalda, en una actitud de paciencia un poco aburrida, como si fueran los enterradores que están esperando a que acaben los preparativos para poder retirar el cadáver.   La tradición dice que el bronce sirvió para la construcción de armas en la lucha contra el fascismo. También habían sido armas, cañones de Montjuïc en aquel momento, los que se fundieron para dar cuerpo al monumento a Prim. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Derribar el monumento a Prim no era una cosa menor. A parte del dedicado a Colón, el de Prim era uno de los más importantes y costosos que había en la ciudad en aquel momento. Fue una de las atracciones de la Exposición Universal de 1888 y un orgullo de la Barcelona tradicional. Fue el General Prim uno de los responsables que la antigua Ciudadela pasara a ser un lugar público, aunque previamente, en 1843 había sido también el responsable del durísimo asedio y represión sobre Barcelona durante la revuelta denominada de “La jamancia”. También había sido capitán general de Puerto Rico, donde estableció el durísimo Código Negro de represión contra los esclavos de origen africano, como nos hace recordar la artista Daniela Ortiz. Quizás esto no lo supieran los anarquistas de las juventudes libertarias de Gràcia que el 22 de diciembre derribaron el monumento. Pero en cualquier caso veían en él un símbolo del poder antiguo, del ejército, de la represión del Estado contra los ciudadanos, de las clases altas sobre los trabajadores. Veían un símbolo del viejo mundo que la Revolución en marcha quería destruir para construir el mundo nuevo que según Durruti llevaban en sus corazones.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-2320" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2020/04/178420.jpg" alt="178420" width="600" height="395" /></p>
<p style="text-align: justify;"><b>     </b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>Orwell en la Barcelona emancipada</b></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Fue ese mismo mes de diciembre de 1936 cuando el escritor inglés George Orwell llegó a Barcelona y se integró en las milicias del POUM para luchar contra el fascismo y a favor de la Revolución. Orwell nos da una visión muy precisa de cómo era la Barcelona revolucionaria que le sorprendió de forma muy profunda. En “Homenaje a Cataluña” escribe que la primera impresión que tuvo fue la de estar en una ciudad en la que la burguesía y el clero habían desaparecido. Nunca antes había estado en una ciudad en la que mandaba la clase obrera. En la que los anarquistas tenían el control. En la que la mayoría de los edificios importantes habían sido ocupados por los trabajadores y sus fachadas estaban engalanadas con  banderas rojas o rojas y negras. Las paredes estaban dibujadas con la hoz y el martillo y las siglas de los partidos revolucionarios. Una ciudad en la que prácticamente todas las iglesias habían sido saqueadas y sus imágenes quemadas por partidas de obreros que sistemáticamente se dedicaban a esta labor. Todas las tiendas y los cafés exhibían inscripciones que decían que habían sido colectivizados. En las ramblas, un poco aturdido por los altavoces de los vehículos que día y noche emitían cantos revolucionarios, Orwell pudo ver cómo entre la multitud de personas que circulaba la clase alta prácticamente había dejado de existir. Nadie iba vestido de esa manera. Más tarde se daría cuenta que la clase alta no es que hubiera desaparecido, simplemente estaba escondida o en un exilio temporal.  También Orwell se dio cuenta que era una ciudad en guerra, con mucha escasez de alimentos y mucha suciedad. Pero donde las personas con las que se encontraba estaba satisfecha y esperanzada. Había trabajo y el coste de la vida era muy bajo. Orwell notaba la fe en la revolución y compartía la sensación de haber entrado en una época nueva, en el futuro. En una época de igualdad y libertad. “Los seres humanos intentaban comportarse como tales y no como piezas del engranaje de la máquina capitalista…” Por las calles se veían carteles en los que se conminaba a las prostitutas a dejar de serlo… </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Orwell ya intuía que esta atmósfera revolucionaria, con su ingenuidad, su candor y su fuerza, iba descendiendo de intensidad y cuando volvió del frente al cabo de pocos meses este descenso se había acentuado hasta su práctica desaparición a consecuencia de los “hechos de mayo de 1937”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Este es el ambiente que se respiraba en Barcelona el mes de diciembre de 1936 cuando las Juventudes Libertarias de Gràcia derribaron el monumento de Prim. Un ambiente que entusiasmaba a los revolucionarios y horrorizaba a los conservadores. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><b>     </b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>El momento de la libertad total</b></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Me interesa mucho este momento “revolucionario” el momento en el que el poder constituido es derrocado (como sus monumentos y símbolos) y  todavía no se ha generado un nuevo poder estable. El momento de la libertad total. El momento en el que todas las posibilidades están abiertas porque los dispositivos de represión antiguos han sido anulados y las nuevas formas de poder todavía no se han institucionalizado. El momento en el que el Estado en todas sus formas ha dejado de ser efectivo: sin policía, sin ejército, sin Iglesia Católica, prácticamente sin cárceles ni manicomios. Donde parte de  la tierra está siendo colectivizada, así como las fábricas y los comercios. Qué hacen las personas en esas circunstancias? ¿Cómo reaccionan ante la libertad total? ¿Qué decisiones toman, teniendo en cuenta además que las nuevas fuerzas emergentes y dominantes afirman que ha llegado una nueva época, una época precisamente de libertad y transformación de todos los aspectos de la vida? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Es evidente que para los libertarios que bajaron desde el barrio de Gràcia para derribar el monumento a Prim lo que estaban haciendo era cumplir un “deber” de eliminación de los  símbolos de antiguo régimen (además de convertir el bronce en material militar) de la misma manera que se destruían iglesias, se incautaban edificios, se colectivizaban fábricas o se proclamaba el fin del matrimonio católico y la instauración del “amor libre”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;"> Puedo imaginar la calma con la que colocaron las sogas sobre la estatua ecuestre y la alegría con la que derribaron el monumento. Puedo imaginarlos con sus buzos de obreros tirando de las cuerdas y sintiéndose actores de una nueva época. Qué poco se imaginarían que algunos años más tarde, instaurada la dictadura franquista, un antiguo escultor que había trabajado para la República, Frederic Marès, reconstruiría el monumento en el mismo lugar y con muy pocas diferencias sobre el original de Puiggener. Frederic Marès murió con 98 años y fue el gran escultor del primer franquismo  en su labor de creación y recreación de la estatuaria pública.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Pero es muy interesante cómo en este momento de libertad “total” no se produjo lo que desde el pensamiento conservador se puede entender como una guerra social o un desorden total, sino que las acciones iconoclastas iban claramente acompañadas de otras acciones constructivas en las que la emancipación social tenía una vertiente claramente creativa. La organización de las milicias es una de ellas. El esfuerzo colectivizador es otra. Las manifestaciones de las “mujeres libres” también lo es. La creación de todo un gran aparato de propaganda, de cartelismo, de cinematografía por parte de las fuerzas revolucionarias también lo es. Sin embargo, casi siempre se habla de este periodo, que se da en todas las revoluciones, de una forma negativa. Y es muy interesante cómo en estos momentos históricos tan precisos hay un especial interés por lo simbólico, por destruir algunos símbolos y erigir otros nuevos. Pero la acción en su conjunto no es un carnaval, no es una fiesta, no es una ilusión momentánea de emancipación, no es una válvula de escape. Es realmente un cambio profundo que busca su formalización destruyendo símbolos antiguos y construyendo otros nuevos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><b>     </b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>Cruells, un sacerdote por las Ramblas</b><span style="font-weight: 400;"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">De los ocho meses de Barcelona bajo el “terror anarquista” se puede disponer de numerosa literatura, de hecho siempre ha sido la literatura dominante. Un ejemplo que me parece interesante, precisamente desde la ficción literaria  es el que nos ofrece el gran escritor Joan Sales al final de su novela “El vent de la nit”, que como todo el mundo sabe, se podría decir que es la continuación de “Incerta glòria”, una de las mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX. El personaje principal de la primera es Cruells, un sacerdote profundamente catalanista, republicano pero muy conservador que luego participará en la guerra apoyando la República. Una figura que encarna como pocas todas las contradicciones que es capaz de soportar  un ser humano: sacerdote enamorado, sacerdote republicano, sacerdote catalanista en una posterior Barcelona dominada por el fascismo triunfante. Pues bien, el sacerdote Cruells narra los días inmediatamente posteriores al inicio de la revolución del 19 de julio con un horror que no está sólo provocado por las numerosas iglesias incendiadas, por el anticlericalismo rampante, por el asalto de prisiones y cárceles, sino por las totalmente inesperadas escenas de las que es testigo en las calles de la ciudad.  Un garrote vil sacado de una cárcel abierta es expuesto en la calle Major de Gràcia, un personaje singular autodenominado el “Cristo anarquista” se pasea arriba y abajo por las Ramblas y ofrece discursos en la radio, los camiones vociferan noche y día canciones revolucionarias y para colmo de su desesperación, encuentra en las Ramblas, a la altura de la calle Arc del teatre, un grupo de mujeres armadas y con una gran pancarta en la que se lee: “Viva el amor libre”. Cruells no da crédito a sus ojos y se acerca a hablar con ellas. De hecho toda la escena descrita por Sales para el horror de su personaje es excelente. Allí está el “Cristo anarquista”, rubio, de larga barba,  y melena hasta los hombros y vestido con una túnica blanca que está lanzando discursos empalagosos a las prostitutas que han salido de sus tugurios para admirarlo de cerca. Para Cruells las Ramblas son como un mar espumoso y agitado invadido por los evadidos de las cárceles y los manicomios cuyas puertas han sido abiertas y por ese mar aparecían pancartas como banderas de náufragos que flotaran a la deriva en aquellas olas agitadas. Es en ese momento en el que descubre la pancarta de “Viva el amor libre”. El personaje explica que unas mujeres enarbolaban la pancarta y que llevaban el pelo rapado, ropa de hombre y que estaban armadas con fusiles. “El amor libre… Eran espantosamente feas, Dios mío, i le pregunté a una de ellas quien les había dado esos fusiles. “Los hemos tomado”. Igual respuesta me dieron unos chavalillos de entre doce y quince años…” (La traducción es mía)  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Cruells, el personaje de Joan Sales, refleja muy bien el espanto ante el desorden, ante la anarquía, ante la Revolución. Todos sus prejuicios se unifican. Sus prejuicios religiosos, de clase social, patriarcales, se alimentan mutuamente. Es la primera vez que ve cosas como esas. Los de abajo, los pobres, los desarrapados han tomado las armas y están decidiendo las cosas. Esos “pobres diablos sin idea de nada que habían disfrazado con esos pañuelos (rojos y negros) como se hubieran podido disfrazar de todo lo contrario”  “Gente venida del cinturón de barracas al centro de la ciudad miserable” Cruells encarna como pocos personajes el desprecio de clase y el desprecio de la alta cultura sobre la masa ignorante y sobre todo, el desprecio a las mujeres y a su elogio del “Amor libre”. Me parece muy remarcable por su patriarcalismo radical la observación de que eran “muy feas” (como se dice ahora de las feministas) insistiendo en la idea implícita de cómo puede ser reivindicado el deseo amoroso por mujeres tan poco agraciadas, que seguro que no serían deseadas por ningún hombre en su sano juicio.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">El terror hacia la libertad… de los otros es lo que espanta a Cruells; la subversión radical de todas sus ideas. Pero lo que le espanta de verdad es que no son sólo ideas, (que ya son malas de por sí) sino que por un momento, durante unos meses, parece que realmente se van a llevar a la práctica. Y eso sí que es grave. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;"> El terror de la Barcelona burguesa y bien pensante ante la oleada de libertad está muy bien expresado. Es exactamente la otra cara de la visión que nos ofrece Orwell desde su perspectiva de persona de izquierdas.  Lo que da más verosimilitud a Orwell es que precisamente él no tenía una simpatía especial por los anarquistas. De hecho provenía de la izquierda marxista, pero revolucionaria, que le llevó a inscribirse en las milicias del POUM. Sin embargo, su identificación con  todo lo que vio en ese momento, y sus vivencias posteriores le convirtieron en un defensor incuestionable de la experiencia revolucionaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Hubiera sido perfecto que uno u otro hubiera comentado en algún momento el derribo del monumento a Prim. Que no fue en absoluto el único que cayó bajo la fuerza iconoclasta de la revolución en marcha, pero quizás sí el más significativo. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Pero lo que sí nos da el contraste entre estos dos autores es la dimensión y la duración de la explosión de libertad que supuso la experiencia revolucionaria. Ese momento en el que las personas dejan de pertenecer a los engranajes del estado, del capital y de la religión y se reconocen a sí mismas como seres libres y en lugar de asustarse quieren transformar la realidad para hacer que esa libertad perdure… La sensación de ser dueños de sus propias vidas. Esa es la base de la iconoclastia revolucionaria en la Barcelona del verano de 1936. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><strong> </strong></strong></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-weight: 400;"> 31 de marzo de 2020 en la Barcelona confinada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">     </span></p>
<hr />
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">– ORWELL, G. </span><i><span style="font-weight: 400;">Homenantge a Catalunya.</span></i><span style="font-weight: 400;"> Público, Barcelona, 2010<br />
</span><span style="font-weight: 400;">– SALES, J. </span><i><span style="font-weight: 400;">El vent de la nit,</span></i><span style="font-weight: 400;"> Club Editor, Barcelona, 2012      </span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-2322" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2020/04/473111671.jpg" alt="47311167" width="720" height="430" /></p>
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		<title>El derribo de la estatua decapitada de Francisco Franco en el Born: Organización simbólica y cambio histórico</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Oct 2016 12:14:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ayer sábado 22 de octubre no quedaba ni rastro en el exterior del antiguo mercado del Born de las dos estatuas que pocos días antes habían sido colocadas con motivo de la inauguración de la exposición <em>Franco, Victòria, República.</em> Ambas esculturas habían sido retiradas hace pocos años del espacio público por su evidente vinculación al régimen franquista y estaba previsto que permanecieran en ese lugar hasta el 8 de enero de 2017. La <em>Victòria,</em> de Frederic Marès, es una alegoría femenina, con el brazo derecho levantado, al triunfo franquista (que permaneció en su emplazamiento original en el “Cinc d’Oros”, el cruce entre Paseo de Gracia y Diagonal, hasta 2011). La otra escultura es un monumento ecuestre de Franco, obra del escultor Josep Viladomat, que está incompleto porque le falta la cabeza. El monumento se trasladó desde el castillo de Montjuïc hasta un almacén municipal donde quedó depositada y un día de 2013 su cabeza fue limpiamente seccionada y nunca ha aparecido. Desde su instalación a las puertas del Born (Centro de Cultura y Memoria, en su denominación actual) la polémica ha sido muy intensa entre los ciudadanos y también en los medios de comunicación. El viernes pasado, después de ser objeto de muchos ataques, el monumento decapitado fue derribado y el Ayuntamiento optó por retirarlo junto con la escultura de Marés. No obstante, la exposición continúa en el interior del recinto donde no acaba su mala estrella. Sólo hay que echar un vistazo al libro de firmas para constatar las encendidas quejas de los visitantes ante las evidentes dificultades de lectura de los contenidos informativos y la confusión con la que están ordenados teniendo en cuenta, además, que lo que explican es muy sencillo pero muy interesante: cómo estos dos escultores sirvieron a la República, luego al franquismo (sobre todo Marès, con mucho entusiasmo) y al final fueron reconocidos por la Democracia.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta exposición forma parte de un proyecto más amplio que se denomina <em>Evocaciones de la ruina</em> que es importante porque por primera vez desde una administración pública se plantea “una contribución a la visibilidad de las impunidades de la administración democrática hacia los crímenes y vulneraciones de la dictadura y cómo esta actitud ha generado un vacío de valores”. Este programa incluye charlas, diálogos, jornadas de debate, cine, teatro y otra exposición también situada en el interior del Born: <em>A mí esto me pasó. De torturas e impunidades (1960-1978).</em> Una impresionante muestra, clara, sencilla, concisa sobre la sistemática práctica de la tortura en el régimen franquista y en la transición y su total impunidad en la democracia. Estupenda la entrevista que se reproduce con Rodolfo Martin Villa, exministro franquista y reclamado por la justicia argentina, cuando se niega a responder al ser preguntado por las causas que le llevaron a condecorar en 1977 al conocido torturador “Billy el Niño” (el policía Antonio González Pacheco, también reclamado por la justicia argentina)</p>
<p style="text-align: justify;">La polémica se ha centrado estos días sobre todo en el lugar escogido para celebrar estas exposiciones: el Born. Y sobre todo por la presencia del monumento decapitado del dictador, que para algunas personas representaba una “provocación” en un lugar con una gran carga simbólica catalanista relacionada con la derrota de 1714. En el interior del antiguo mercado se pueden observar los magníficos restos arqueológicos de la Barcelona anterior a la Guerra de Sucesión. El derribo del monumento decapitado hay que entenderlo en estas coordenadas y a mi juicio tiene más de elemento anecdótico que de gesto político profundo. Quizás esta polémica se hubiera podido evitar simplemente colocando las esculturas en el interior del recinto o no colocándolas: la exposición se entiende perfectamente en su estado actual. Lo que no excluye que los argumentos que se han utilizado sobre todo por parte de la antigua Convergencia y de Esquerra Republicana han sido muy sesgados, dando a entender en todo momento que la presencia de la escultura sería permanente y sin mencionar en ningún momento el sentido antifranquista de la exposición.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde mi punto de vista el <em>Born Centro de Cultura y Memoria</em> es un lugar muy adecuado para acoger este proyecto. Evidentemente, la polémica se ha utilizado también para atacar a Ada Colau y su gestión al frente del Ayuntamiento, pero el tono, con mucha gesticulación e insultante, me recordaba al denominado “<em>pressing CUP</em>” cuando esta formación política exigió (y consiguió) la sustitución del entonces presidente de la Generalitat Artur Mas para negociar su apoyo a la formación de un nuevo gobierno y recibió una avalancha de insultos y descalificaciones de todo tipo con especial énfasis en sus representantes femeninas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hacia una nueva organización simbólica de la ciudad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, desde mi punto de vista, lo más importante se ha dejado de lado. Y lo más importante es que estamos asistiendo al inicio de una nueva organización simbólica de la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Las ciudades nos hablan por medio de una específica organización simbólica. A través de los símbolos urbanos las ciudades muestran lo que sus ciudadanos quieren recordar, qué es lo importante para ellos, qué valores son los predominantes, qué personas son motivo de ejemplo e imitación, qué hechos históricos son los que nutren su identidad, cómo es su visión del mundo y de sí mismos. Los elementos significativos del plano, del nomenclátor, del lenguaje arquitectónico y de los monumentos públicos construyen un cierto significado de cada ciudad. En la construcción de esta organización simbólica juega un papel determinante la tensión entre el poder político y la memoria colectiva. El poder político es el que tiene la potestad de ordenar el espacio público y tiene la última palabra sobre lo que permanece en ese espacio. Tiende a la uniformidad y al monopolio de la economía simbólica. Sin embargo, la memoria colectiva de los grupos sociales que conviven en una ciudad es diversa, múltiple, inmaterial y siempre aspira a que su identidad sea reconocida y sus símbolos permanezcan. Hay tantas memorias colectivas como grupos sociales y como éstos están jerarquizados (por clase social, por grupo étnico, por lugar de procedencia, etc.) su reflejo permanente en el espacio urbano también lo está, por lo que los símbolos urbanos normalmente reflejan en cada momento histórico la escala de valores del grupo socialmente dominante en ese momento.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero cuando una nueva organización simbólica empieza a implantarse significa que se han producido cambios muy importantes y muy profundos en el nivel político y en el nivel social. Ahora bien, la transformación de la organización simbólica de la ciudad también es, a su vez, un acto político que afecta a la praxis política general y al cambio social. De esta manera se establece una relación dialéctica entre los cambios sociales que hacen posible ésta transformación y cómo la transformación de la organización simbólica rubrica estos cambios dándoles un sentido de permanencia e irreversibilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando los símbolos asumidos como propios por un determinado régimen político caen o son derribados, ese régimen político ha caído ya o tiene las horas contadas. Los ejemplos son evidentes. Pocas personas hubieran podido imaginar en octubre de 1989 que la caída del ominoso Muro de Berlín simbolizaría el desmoronamiento del estado de la DDR y sólo dos años después la increíble descomposición de la mismísima URSS. Perfectamente conscientes del poder de los símbolos urbanos fueron los organizadores de los brutales ataques contra las torres gemelas de Nueva York, retransmitidos en directo a todos los rincones del mundo en 2001. Aunque el resultado final fuera el contrario del deseado (el régimen que pretendían desestabilizar no cayó sino que se endureció radicalmente y emprendió nuevas guerras), también fueron capaces de mostrar su fragilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">En una situación sin comparación con los ejemplos anteriores, el actual Ayuntamiento de Barcelona está emprendiendo una revisión a fondo de los símbolos franquistas que todavía quedan en el espacio público y está planteando algo que nunca se había hecho a fondo: revisar el papel que desde la desaparición del franquismo han desempeñado las administraciones democráticas en relación con la impunidad de los crímenes franquistas y por lo tanto impugnar su función en ese sentido: pasar de ser garantes de la impunidad a ejercer como elementos activos de la exigencia de justicia y reparación. La Generalitat de Cataluña, por su parte, ha planteado en las últimas semanas el inicio del proceso legal para declarar la nulidad total de los juicios sumarísimos franquistas y los instruidos por el Tribunal de Orden Público. Este proceso es muy importante también porque representa un cambio político grande de la antigua Convergencia que hasta ahora nunca había mostrado demasiado interés en profundizar en este problema. Por otro lado, la demanda de grupos políticos como la CUP de revisar los monumentos a Colón y Antonio López, entre otros, muestra una nueva sensibilidad hacia el pasado colonial que hasta hace muy poco no era tenida en cuenta en absoluto.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos cambios simbólicos y legales obedecen claramente a la visualización de un cambio de época histórica. Son el resultado del final del denominado “Régimen del 78” y del estado de “pre-independencia” en el que está situado el presente de Cataluña. Es evidente que también las dificultades de formar gobierno en Madrid responden a esta coyuntura histórica. Pero en Cataluña creo que todavía muchas personas no son conscientes de hasta qué punto ya el Régimen del 78 ha quedado atrás. La energía que surgió del 15 M y la fuerza del proceso soberanista han arrasado con las organizaciones políticas que protagonizaron la transición y los primeros años de la nueva democracia: el Partit Socialista de Catalunya PSC, que llegó a tener todo (absolutamente todo) el poder institucional en Catalunya (Generalitat, Ayuntamientos, diputaciones) ahora se debate para evitar su práctica desaparición. La antigua Convergencia se ha transformado en otro partido y lucha con muchas dificultades por encontrar su nuevo espacio político. Es decir, el bipartidismo catalán ha saltado por los aires. La victoria de Ada Colau en la alcaldía de Barcelona y la presión de la CUP sobre los partidos que integran el actual gobierno de la Generalitat ha hecho posible un giro hacia la izquierda de la política catalana y del proceso constituyente: otras formas de hacer política y otras maneras de interpretar la realidad. Para miles de ciudadanos la independencia de Cataluña, que parecía hasta hace muy poco un proyecto utópico, confuso y socialmente conservador, parece estar a la vuelta de la esquina y se presenta como una palanca fundamental para la transformación social. Las nuevas exigencias ciudadanas contra la corrupción, los recortes, el paro y la injusticia social ya no pueden encontrar su expresión en las antiguas formas políticas.</p>
<p style="text-align: justify;">En 2011, las fuerzas policiales de la Generalitat, dirigidas por el convergente Felip Puig y las municipales, dirigidas por la socialista Assumpta Escarp, coordinaron sus fuerzas para desalojar a los indignados del 15M de plaza Cataluña. Algunos de los indignados apaleados en aquel momento ocupan cargos políticos en la actualidad y los partidos a los que pertenecían estos dirigentes políticos están irreconocibles. Ese momento representó la unión de las fuerzas del orden del Régimen del 78 contra las nuevas formas de protesta pacífica y al mismo tiempo dio la medida de la grave crisis en la que estaban inmersas.</p>
<p style="text-align: justify;">En Cataluña estamos en el inicio de un nuevo momento histórico, que de la misma manera que no sabemos cómo acabará, se presenta como irreversible. Aunque este cambio afecta a todo el Estado, en otros lugares se presenta con ritmos diferentes o directamente con una actitud reaccionaria, como en aquellos lugares en los que continúa triunfando el PP como opción política.</p>
<p style="text-align: justify;">Indudablemente este nuevo momento histórico tiene que tener una nueva expresión en la organización simbólica de la ciudad que ahora se está iniciando por la vía de la revisión del papel de las instituciones y de la retirada y transformación de elementos concretos como la escultura donada por Juan Antonio Samaranch al Ayuntamiento. Marcar distancias con personajes históricos franquistas como el aludido, que jamás ni en lo más mínimo se arrepintió de su pasado y que además adquirieron una increíble nueva legitimidad gracias a los Juegos Olímpicos, es fundamental.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La organización simbólica de los Ayuntamientos del PSC en Barcelona</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Si estoy analizando los cambios de la organización simbólica de la ciudad (en concreto Barcelona) que se están implantando a partir de la nueva situación política y social es importante intentar una mirada, aunque sea breve, de la situación de la que se parte. Esta situación es la que ha caracterizado al Ayuntamiento de Barcelona que desde las primeras elecciones municipales democráticas de 1979 hasta 2011 ha estado gobernado por el Partido Socialista de Cataluña.</p>
<p style="text-align: justify;">Evidentemente profundizar en esta investigación requeriría mucho más espacio que el disponible en este artículo, pero puedo intentar dar unas pinceladas de las principales líneas por las que los ayuntamientos socialistas construyeron la organización simbólica que todavía se puede leer en Barcelona y sobre la que se construirá la nueva.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que hay que destacar es que la construcción de una organización simbólica no es únicamente ni una imposición vertical de los deseos de los partidos políticos que ocupan una administración, ni únicamente un reflejo directo de los cambios históricos que se producen. De igual manera que la gestión de la memoria colectiva es compleja, la ciudad siempre tiene una masa crítica que se resiste a ciertos cambios y propone otros. La ciudad no es una masa inerte cuyos significados se puedan modelar sin dificultades: presenta resistencias, disidencias, alternativas a lo dado que para acallarlas más de una vez se ha recurrido a la violencia directa.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo a modo de esquema en los largos años de administraciones municipales socialistas se pueden observar algunos rasgos de su organización simbólica:</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>a.-</strong> Adaptación a los criterios generales de la transición política española en el sentido de aceptar el sacrificio de la memoria colectiva de la República y el antifranquismo en beneficio de la nueva estabilidad constitucional. Se catalaniza el nomenclátor y se eliminan las principales denominaciones de calles o plazas de carácter franquista. Se dignifica el Fossar de la Pedrera. En este sentido sí que se realizan recuperaciones de lugares de memoria, como el mencionado (y con buenos resultados, por cierto) pero siempre tienen carácter marginal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>b.-</strong> Creación de nuevos símbolos que renueven la imagen de la ciudad en detrimento de los contenidos relacionados con la memoria. En el período 1979 -1993 de las más de doscientas intervenciones escultóricas instaladas en el espacio público sólo unas sesenta tienen alguna relación con la memoria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>c.-</strong> Diferenciación de la acción simbólica antes y después de 1986, con motivo de la nominación olímpica. Seguramente un proyecto como la remodelación de la Via Júlia no se hubiera podido hacer después de 1986.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>d.-</strong> Apuesta por una espectacularización de la ciudad en detrimento de una visión de la ciudad desde las necesidades de las clases populares. Torre de Collserola de Foster. Obras de Calatrava en Montjuïc y la Sagrera. Villa Olímpica de Poble Nou. Rascacielos de la Villa Olímpica, MACBA de Richard Meier… La imagen de la ciudad como mercancía en la ciudad “postindustrial”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>e.-</strong> Apostar preferentemente por la imposición de “consensos” políticos artificiales en detrimento del sentido crítico. (El famoso “Despotismo Ilustrado” de los ochenta y primeros noventa) El consenso olímpico eliminó cualquier atisbo de sentido crítico que hubiera ayudado a mejorar los resultados generales y las necesidades de los barrios. Torpeza manifiesta en gestionar la “disidencia” de lugares y espacios que se resistían a los cambios impuestos, como “Can Ricart”, por ejemplo</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>f.-</strong> La convocatoria de grandes acontecimientos internacionales como “excusa” para la transformación urbanística de la ciudad. Con el fiasco del Fórum de las culturas de 2004 en la desembocadura del Besos se acaba por fin la metodología mediante la cual la transformación de la ciudad se supeditaba a la celebración de grandes acontecimientos internacionales.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>g.-</strong> La permanente confusión entre iniciativas públicas y privadas en consorcios, patronatos y asociaciones de todo tipo que a la postre benefician más al sector privado y desdibujan lo público.</p>
<p style="text-align: justify;">Por tanto, el inicio de una nueva organización simbólica para la ciudad tendría que basarse en una metodología en principio de eliminación de los restos simbólicos del franquismo y de franca recuperación de la memoria colectiva. Por otro lado tendría que invertir la tendencia de la espectacularización de la ciudad y reorientar sus prioridades a asumir las reivindicaciones de las clases populares, sus necesidades y sus símbolos. ¡Ni una sola obra de Calatrava más, por favor! Tendría que fomentar la pequeña escala (en la que hay mucho espacio para la experimentación estética, también) Tendría que fomentar la participación, el sentido crítico y saber negociar con las resistencias de todo tipo que encontrará. Tendría que fomentar la heterogeneidad de los espacios y hacer frente a la uniformización del Mercado, de la ciudad turística y de la invasión automovilística.</p>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, los ciudadanos tendríamos que apostar por ser un poco más dueños de la ciudad y empujar para que los nuevos valores de reconocimiento de la memoria colectiva, de justicia social, sostenibilidad, hospitalidad, participación… sean los que protagonicen la nueva organización simbólica de la ciudad. Evidentemente esto no es fácil (nunca lo ha sido), pero es la altura del reto lo que le hace apasionante.</p>
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