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	<title>Situaciones &#124; Revista de historia y crítica de las artes &#187; Immanuel Kant</title>
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	<description>Revista Situaciones</description>
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		<title>Andrea Fraser: posiciones y valores en el mundo del arte</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2016 12:54:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Vicenç Furió]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La exposición de Andrea Fraser que actualmente puede verse en el MACBA tiene un interés especial para quienes trabajamos en el campo de la sociología del arte y conocemos las teorías de Pierre...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La exposición de Andrea Fraser <a href="http://macba.es/es/expo-andrea-fraser" target="_blank">que actualmente puede verse en el MACBA</a> tiene un interés especial para quienes trabajamos en el campo de la sociología del arte y conocemos las teorías de Pierre Bourdieu. En muchas de sus obras, Fraser se basa en investigaciones del gran sociólogo francés acerca de los gustos y la estratificación social, y creo que en el análisis y en la presentación artística de algunas de sus acciones hay aspectos valiosos que vale la pena comentar.</p>
<p>La obra de la artista norteamericana Andrea Fraser se enmarca dentro de lo que se ha llamado obras de “crítica institucional”, prácticas que surgieron hacia finales de los años sesenta y que tienen en Hans Haacke, Daniel Buren, Michael Asher y Marcel Broodthaers a algunos de sus primeros y más destacados representantes. El término “crítica institucional” provoca ciertas reticencias y bastantes discusiones. Por lo menos en relación al trabajo de Fraser, creo que podría cambiarse el término “crítica” por el término “análisis” o “análisis crítico” sin traicionar el sentido y el valor de sus acciones. En cuanto al término “institución”, podría sustituirse sin más problemas por el de “estructura social del mundo del arte”. Que Fraser realiza análisis que a veces son dardos críticos contra determinados valores, agentes y instituciones del mundo del arte y de las estructuras sociales e ideológicas que lo sustentan me parece indudable, y aunque dicho así queda bastante largo es quizás más claro que el término “crítica institucional”, por lo menos a la hora de acercarnos a sus propósitos.</p>
<p>En cualquier caso, es legítimo preguntarse hasta qué punto su obra es, o puede llegar a ser, realmente crítica o transformadora, ya que la propia artista forma parte y trabaja dentro del sistema que supuestamente critica. Caben aquí un par de observaciones. La primera es que a Fraser no se le escapa que aquello a lo que se alude como “institución” incluye también a los propios artistas, y por lo tanto a ella misma. Fraser no está fuera de este campo; forma parte de él. Es más, a la pregunta de si se ha institucionalizado la crítica institucional, Fraser responde con lucidez que “la crítica institucional <em>siempre</em> ha estado institucionalizada”. En segundo lugar, la crítica que realiza sólo adquiere su verdadero sentido, e incluso puede tener efectos perturbadores en ciertos sectores del mundo del arte, precisamente porque sus acciones las hace <em>desde dentro</em>. Sobre una de sus obras más controvertidas, <em>Sin título</em>, en la que filmó un encuentro sexual acordado con un coleccionista que accedió a pagar 20.000 dólares para participar en la obra, Fraser comentó: “Para mí, uno de los signos más claros de que <em>Sin título</em> fue una obra exitosa es que no solamente enojó a personas de fuera del mundo del arte, sino también a muchas personas que están dentro”. Hay pruebas de que sus acciones molestan y no son fácilmente digeribles por algunos sectores del mundo del arte, especialmente el americano. Es significativo, por ejemplo, que el trabajo de Fraser haya tenido una mayor aceptación en Europa que en Estados Unidos. Fue en Colonia en donde tuvo una importante exposición retrospectiva, no en Nueva York. Mostrar que los precios del arte suben cuando aumenta la desigualdad de las rentas es interesante, aunque poco perturbador. Pero el hecho de haber visibilizado los ingresos de los ricos magnates que dirigen las grandes instituciones museísticas americanas, como son los <em>Trustes</em> del MoMA, o que algunos de sus miembros participaron en la crisis de las <em>subprime</em>, ya es harina de otro costal. La utilización de su propio cuerpo y su sexualidad es también un motivo que probablemente disgusta a cierto tipo de público. Pero tiene que haber algo más. Algo más que incomoda y que no encontramos, por ejemplo, en las performances de Marina Abramovi<em>ć</em>.</p>
<p>La exposición del MACBA no me parece una muestra ideal. La obra de Fraser es bastante monotemática, y a ello hay que sumar que algunos de los vídeos presentan contenidos que se repiten. La mayoría han sido cedidos por “cortesía de la artista”, por tanto, en esta reiteración ella es parte responsable. Dicho eso, y obviando ahora estas reiteraciones, me centraré en algunas de las obras que me parecen más interesantes y que se vinculan a las teorías de Pierre Bourdieu, como lo son el conjunto de acciones referidas a visitas a museos y galerías.</p>
<div id="attachment_1959" class="wp-caption alignnone" style="width: 900px"><img class="wp-image-1959 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2016/06/05.Andrea_Fraser_04241.jpg" alt="05.Andrea_Fraser_0424[1]" width="900" height="482" />
<p class="wp-caption-text">Vista de la exposición <em>Andrea Fraser. L’1%, c&#8217;est moi,</em> © La Fotogràfica, Cortesía MACBA, 2016</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el vídeo de 1991 <em>¿Le puedo ayudar?</em>, la guía que comenta las obras de la galería – todas pinturas negras para indicar que lo que interesa es lo que se dice de la obra y no la obra en si misma- expone seis puntos de vista diferentes que se corresponden a seis posiciones distintas existentes dentro del mundo del arte. El principal interés de este vídeo, por lo menos desde el análisis sociológico, es que la actriz-guía no nos dice que papel está interpretando, si habla desde la posición del artista, si lo hace como alguien de gustos próximos a la cultura popular o como una galerista o coleccionista que siempre se ha movido en este mundo y comparte ciertos gustos de esta clase privilegiada. Comenta que detesta los souvenirs y el gusto de las secretarias que tienen esculturas de enanitos en sus jardines, y a continuación cambia el discurso para decir que no tiene muchos conocimientos pero que simplemente se siente bien mirando un cuadro (aunque le parezca tonto reaccionar así), para pasar más adelante a elogiar los experimentos arriesgados o de arte de vanguardia. En el denominado <em>Documento Orchard</em>, de la misma serie, la guía, que aquí es la propia Fraser, encadena un discurso en donde mezcla conceptos de buen y mal gusto, del arte por placer, de frases crípticas y de otras como que “se tiene que comprar con los ojos, no con los oídos” (una manera de fomentar que se compre por “amor al arte”, como diría Bourdieu, sin hablar de los precios), hasta decir que “los objetos que amamos nos definen”. Es lo que dijo Bourdieu sobre los gustos: a saber, que son una capacidad para distinguir que nos distingue, que esta capacidad y los criterios de gusto están socialmente condicionados, y que cuando juzgamos nos convertimos también en objeto de juicio, siendo susceptibles de ser valorados por nuestros gustos y por las distinciones que hacemos. Una particularidad de la obra de Fraser es la distancia irónica con que utiliza las expresiones que remiten a determinadas posiciones, posiciones que, cuando son dominantes, permiten un distanciamiento estético y un supuesto distanciamiento del mundo del dinero (del que siempre se evita hablar), aunque de hecho sea este tipo de capital y de condiciones sociales de aprendizaje lo que básicamente permite acceder a las situaciones privilegiadas.</p>
<p><em> Museum Highlights: A Gallery Talk</em>, es, en mi opinión, una de las mejores obras de la exposición. En un vídeo de 29 minutos, Fraser recrea una visita al Museo de Philadelphia en la que la artista hace el papel de una guía que nos conduce y comenta los <em>highlights</em> del museo. Aquí Fraser demuestra que no sólo lo que dice es interesante, sino también como lo dice. Enfundada en un traje chaqueta de color gris, hace una actuación más que notable. En el contenido se entremezclan muchos de los conceptos, adjetivos y expresiones más utilizados por las clases dominantes para justificar la legitimidad de sus gustos y posición. Así, se nos presenta la supuesta importancia de saber apreciar la elegancia, la riqueza, la delicadeza, el encanto, la discreción, la armonía, la suavidad, la belleza, el refinamiento, la capacidad de distinguir los valores fundamentales de los efímeros. Dice frases que toma prestadas de autores que van desde Kant hasta Alfred J. Barr, como cuando se dirige al espectador y afirma que “podría describirse la tarea del museo como una continua y decidida diferenciación entre calidad y mediocridad”. El vídeo es un auténtico vademécum de expresiones utilizadas –en el doble sentido de dichas y de dichas para diferenciarse socialmente- por un sector sociocultural concreto que ocupa posiciones de privilegio en el mundo artístico. En su visita al museo no se olvida de recordar que hay salas que llevan el nombre de determinados donantes, y que incluso la tienda del museo puede llevar el nombre de un posible patrocinador. Hacia el final del vídeo nos hace sonreír con la frase: “me gustaría vivir como un objeto de arte”. Es decir, como un objeto que tenga una forma bonita, que esté bien iluminado y que sea digno y elegante. En sus intervenciones, pues, abundan las alusiones a los valores expresados y defendidos por aquellos que “aman el arte” en el sentido utilizado por Bourdieu, actitudes esencialistas e idealistas y manifestaciones de aprecio al arte a partir de valorarlo con distanciamiento estético pero obviando que estas posiciones se han conseguido debido a privilegios socioculturales previos.</p>
<p>Afortunadamente no todo lo que hace Fraser es mostrar, criticar y presentar, de una forma más o menos paródica, los gustos y los valores que se expresan en los discursos oficiales de ciertos museos o lo que podrían decir galeristas, mecenas o coleccionistas. También muestra la cara menos amable de los artistas. En otro de los vídeos, <em>Discurso de apertura</em>, de nuevo interpreta diferentes papeles, y cuando le llega el momento del artista (del que tan bien han hablado antes los comisarios y patronos), éste hace una intervención lamentable diciendo cosas inconexas e incoherentes. En el vídeo Sin título, tan utilizado por la prensa como reclamo publicitario por su dimensión sexual, plantea si se puede entender como un acto de prostitución la relación del artista con el coleccionista. Los papeles podrían intercambiarse ¿No se expresaría la misma idea si en el vídeo viéramos a un artista y a un comisario? ¿O a un galerista y a un coleccionista?</p>
<p>El trabajo de Fraser tiene cierta similitud con la obra de Antoni Muntadas <em>Between the Frames: The Forum</em>, que forma parte de la Colección MACBA. Durante años, de 1983 a 1993, Muntadas entrevistó a decenas de agentes del mundo del arte, y luego mostró en una instalación este fresco de voces distintas, de modo que el público pudiera tomar consciencia del gran número de intermediarios que actúan en el sistema. Uno de los aspectos destacables del proyecto de Muntadas es su interés documental. También en las acciones de Fraser escuchamos distintas voces, pero en su caso el propósito es desvelar la estructura oculta del campo artístico, los valores que en él se construyen en función de las posiciones que se ocupan, lo que incluye, por supuesto, las tensiones que se producen, todo lo cual hace que su análisis tenga un mayor alcance sociológico.</p>
<p>Volviendo al principio del comentario, está claro que el grado de aceptación o disgusto que la obra de Fraser pueda provocar está relacionado con el tipo de público que la recibe. Es razonable pensar que los visitantes del MACBA probablemente desfilarán sin incomodarse demasiado ante lo que ven, puesto que su perfil sociológico no es el más representado ni el centro de la diana de los dardos de Fraser. Cabría preguntarse, sin embargo, que ocurriría ante un público distinto, formado, por ejemplo, por miembros de algún club elitista y amantes del arte.</p>
<p>Detrás de las obras de Fraser hay muchas lecturas, así como en su presentación hay inteligencia, ironía y sentido del humor. Pero de todas sus estrategias la que me parece más interesante es el hecho de que vincula opiniones y valores a posiciones <em>pero sin dárnoslo todo hecho</em>. Es decir, somos nosotros quienes tenemos que relacionar lo que vemos y escuchamos con las posiciones pertinentes. Su análisis y el modo de presentarlo nos invita a que lo completemos. Nos reta a que nos pronunciemos sobre una idea central del análisis sociológico: que consideremos si las posiciones que se ocupan en el campo del arte condicionan las opiniones, actuaciones y valores, tal como Pierre Bourdieu defendió en sus escritos y ella presenta en sus acciones.</p>
<div id="attachment_1960" class="wp-caption alignnone" style="width: 478px"><img class="wp-image-1960 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2016/06/07.Andrea_Fraser_04591.jpg" alt="07.Andrea_Fraser_0459[1]" width="478" height="640" />
<p class="wp-caption-text">Vista de la exposición <em>Andrea Fraser. L’1%, c&#8217;est moi</em>, © La Fotogràfica, Cortesía MACBA, 2016</p>
</div>
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		<title>Isidre Manils: El placer estético del artista discreto.</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Apr 2015 17:04:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1" style="text-align: justify;"><strong>La pintura de Isidre Manils (Mollet, 1948) es figurativa, muy bien realizada, lenta y laboriosa. Deja ver a través de la luz el placer del artista que poco a poco, en su estudio investiga con las imágenes, con las formas y construye un universo personal en el que controla todos los detalles. En esta conversación<span class="Apple-converted-space">  </span>nos da las claves para profundizar en su pintura y en las relaciones que mantiene con el cine como elemento de estimulación estética. Isidre Manils realizó sus estudios artísticos en la Escola Massana, centro en el que es profesor en la actualidad y en paralelo desarrolla una intensa carrera profesional.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>Antonio Ontañón:</b></span> Una de las características más peculiares de tu trabajo artístico es la relación con el cine. ¿Cómo surge esta relación tan intensa?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>Isidre Manils:</b></span> Yo nací en Mollet en una familia que era propietaria de un cine, el cine Ateneo. La vivienda de mis padres estaba adosada al local del cine y allí jugábamos con mi hermana y mis primos. Las películas me fascinaban pero también el lugar en sí. Una de las cosas que más miedo me daba era tener que atravesar la sala vacía yo solo, a oscuras, cuando no había proyección para ir a buscar algo al otro lado. En cualquier caso me siento un privilegiado por haber podido acceder al mundo de la imagen tan pronto, cuando todavía no había televisión y de una forma tan intensa, en los años cincuenta, cuando la guerra civil estaba todavía tan cerca y todo era gris: la gente y la situación. Sin embargo, en el cine había luz, mujeres guapas, hombres atractivos, historias emocionantes. Incluso había color, me acuerdo cuando llegaron las películas en color y fue necesario cambiar la maquinaria.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> También estaba el momento NO-DO.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Era la única parte horrorosa del asunto. Pero este gusto por el cine coincide con mis ganas por dibujar. Entonces empecé a hacer dos cosas que todavía hago, dibujar e ir al cine. Dos pasiones que empezaron de forma simultánea. Mi familia recuerda que a los ocho años yo manifesté la voluntad de ser pintor. Por otro lado el cine tenía una parte gráfica que me fascinaba. Las fotografías de las películas, que se colocaban en la parte exterior, en la entrada, que nosotros llamábamos cuadros (recuerdo la fuerte impresión que me produjeron las imágenes de la película de Bergman <span class="s2"><i>El séptimo sello</i></span>, que no pude ver porque “no era apta para menores” como se decía en la época) y también había un señor mayor, un rotulista que hacía a mano las letras con el título de la película y mezclaba los colores y hacía pequeños dibujos para anunciarla y a mi me encantaba ver cómo trabajaba. Sin embargo, cuando estoy en el. Simplemente me concentro en la película. La relación cine no pienso en la pintura, no estoy pensando convertir aquellas imágenes que estoy viendo en cuadros. viene después, hasta el punto en el que pese a ser pintor estoy influenciado de una manera mucho más intensa por el cine que por la pintura: más influenciado por Hitchcock que por Picasso, como digo en el catálogo de la exposición “Cine Ateneo” de Sabadell. Me siento más influenciado estéticamente por la imagen cinematográfica que por las artes visuales.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> <span class="s2">¿Siempre has sido consciente de esto a lo largo de tu carrera?</span></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Hubo un momento muy importante para mí, hacia los setenta, cuando yo tenía veinte años, que fue la irrupción del arte conceptual al que me sumé de una manera entusiasta, también por lo que representaba de protesta política. Por un lado me sirvió para alejarme de la influencia informalista de Tàpies, que era muy poderosa. Estuve seis años sin pintar. Dentro del conceptualismo, a pesar de que realicé sin mucha convicción alguna acción en la calle, siempre me interesó más la vertiente fotográfica. Por ejemplo, la primera exposición individual que hice fue de Polaroids. Eso sí que me interesaba más que utilizar una base lingüística. Ramón Herreros y Ferran García Sevilla me invitaron a participar en una película, creo que se titulaba <span class="s2"><i>Imatge</i></span>, cuyo paradero desconozco. En la filmoteca, donde me pasaba las tardes en aquella época, vi otro cine, films de Straub, Wenders, Syberbeg, etcétera. Y justo en ese momento me volvieron a entrar ganas de pintar.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Y el cine?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> <span class="s2">Lo dejé. Creo que si hubiera tenido entonces las facilidades técnicas que hay ahora, con los soportes digitales, a lo mejor hubiera continuado. Pero todos los elementos técnicos, como el super-8 eran muy precarios y caros y además el cine exige una acción colectiva en la que nunca me he sentido demasiado a gusto. Prefiero el trabajo íntimo, la pintura en el taller que se hace casi en secreto y sin subvenciones económicas. Esto me encanta. En cualquier caso, pienso que la pintura y el cine son las dos grandes artes de la mirada</span>.</p>
<div id="attachment_1749" class="wp-caption alignnone" style="width: 620px"><img class="wp-image-1749 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/AT_INICIS_002.jpg" alt="AT_INICIS_002" width="620" height="374" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig.1.</b> Isidre Manils, <i>Sabates</i>, 27 x 16 cm., acrílico sobre tela (1979). Original en color.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Y la vuelta a la pintura?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Después de seis años, en 1979, vuelvo con una pintura casi hiperrealista, muy alejada del informalismo, como se ve en <span class="s2"><i>Sabates</i></span>, (fig. 1) una pequeña pintura acrílica que representa un collage formado por tres zapatos. Aunque luego en los ochenta me dejé influir por el imperante neoexpresionismo e hice un tipo de pintura que daba mucha importancia al gesto un poco salvaje de aquella época. Por un lado lo pasé muy mal porque no me sentía realmente identificado con este estilo a pesar de practicarlo, pero por otro lado, al ver estas pinturas me doy cuenta que algunos de los temas que traté en ese momento luego han permanecido, como los personajes de espaldas o las parejas besándose. Pero un día, con bastante alivio, dejé de ser expresionista y volví a otra manera de trabajar más lenta, reposada, más fina y precisa con la que siempre me he identificado.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Es curioso porque siempre hay como una especie de bajo continuo al que vas volviendo al final de cada etapa.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Yo soy un pintor que siempre ha necesitado la imagen para pintar. No soy un pintor de formas o texturas. Necesito la imagen en el sentido de realizar construcciones visuales que son mucho más abiertas de lo que parece. Tanto por el proceso como por la técnica.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Es curioso que de los dos artistas que has citado, ambos hayan hecho después una carrera pictórica. ¿No crees que en el caso de García Sevilla pueda haber algún componente de oportunismo en el hecho de pasar de una militancia conceptual muy intensa a convertirse en pintor cuando la pintura se vuelve a cotizar en los ochenta, al calor del neoexpresionismo?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> No lo creo. Más bien forma parte de las paradojas del acto creativo. Además, visto desde ahora su pintura de los ochenta es de las que mejor resiste el paso del tiempo, a pesar de mostrar claramente el momento en el que se realiza.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Por ejemplo, dentro de los motivos que utilizas ¿qué es lo que tanto te atrae del fuego, que es una imagen que has utilizado mucho?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s3"><b>I.M.:</b></span> Me atrae el fuego en sí, me encanta mirarlo, con esa variabilidad de formas y esa carga simbólica que tiene. Sin embargo, pictóricamente también me permite trabajar con la luz, que es fundamental para mí (fig. 2). Yo creo que la “materia” del cine y la pintura es la luz, que es otro elemento que tienen en común. Me planteo la pintura como una pantalla y allí tienen que pasar cosas, como una pantalla. Sin embargo hay una gran diferencia: a mi me interesa la imagen fija. No tengo cualidades de narrador. Además hay otra relación y es que el cine simplemente es luz proyectada sobre una superficie blanca. Ahí radica gran parte de su misterio y de su atmósfera. No hay materia. En mis pinturas también intento eliminar este aspecto matérico. Pinto como se ha pintado siempre, pero hago que la materia pictórica prácticamente desaparezca y prefiero conseguir una superficie lisa, casi como si fuera una imagen proyectada.</p>
<div id="attachment_1752" class="wp-caption alignnone" style="width: 620px"><img class="wp-image-1752 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/LA-VISIO-26.jpg" alt="LA VISIO 26" width="620" height="620" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig.2.</b> Isidre Manils, <i>K’an (3)</i>, 200 x 200 cm., acrílico sobre tela (1999). Original en color.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> De esta manera consigues transmitir un cierto ambiente visual, una cierta atmósfera.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> La verdad es que más que determinadas imágenes o determinados temas lo que realmente intento es transmitir éstas atmósferas (que quizá sea lo más importante en mis pinturas), estos ambientes lumínicos que se dan en el cine y que yo intento transmitir en mis pinturas. Ambientes, que por otro lado, también se daban en la pintura clásica, que eran parte fundamental de ella. Ahora me viene a la memoria la famosa frase de Dalí cuando le preguntaron qué pintura salvaría del Museo del Prado y contestó que salvaría la atmósfera de <span class="s2"><i>Las Meninas</i></span>&#8230; <span class="s2">Por otro lado, como pasó con el motivo del fuego, yo parto de una fascinación y lo convierto en imagen pictórica hasta que agoto ese tema y se impone otro, por intuición. Sin profundizar demasiado en mis procesos psicológicos o en mis procesos intelectuales.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> En tus pinturas también aparecen unas formas visuales que recuerdan a los fotogramas y abundantes relaciones entre imágenes diferentes.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> A mi me gusta describirlo como la construcción de unas situaciones en las que se relacionan imágenes imposibles. En las que nadie pueda pensar que tienen nada que ver. Sin embargo, para mi están relacionadas. En ocasiones, mientras trabajo, tengo diferentes imágenes sobre la mesa y al estar juntas quedan como fundidas y ya no las puedo separar. Tienen una relación que no acabo de comprender, pero que sin embargo es muy intensa. Yo los defino como “acoplamientos”.</p>
<div id="attachment_1754" class="wp-caption alignnone" style="width: 620px"><img class="wp-image-1754 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/LA-VISIO-32.jpg" alt="LA VISIO 32" width="620" height="547" />
<p class="wp-caption-text"><strong>Fig.3.</strong> Isidre Manils, <em>Moments ago</em>, 195 x 170 cm., óleo sobre tela (2003). Original en color.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Esto se puede relacionar con el collage surrealista. Si nos acordamos de la definición que dio Max Ernst en la que habla de la chispa de poesía o de absurdo que surge del encuentro de dos realidades disímiles en un espacio indeterminado. Esto es bastante próximo a lo que tú apuntas.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Yo voy recogiendo imágenes de diarios o revistas, aunque no estén bien reproducidas, que por algún motivo capten mi atención y las voy guardando en cuadernos o en cajas. Sólo impongo una condición y es que no sean imágenes realizadas por artistas o por fotógrafos con aspiraciones artísticas. De alguna manera reciclo imágenes</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> También Max Ernst utilizaba las imágenes de las ilustraciones de las enciclopedias de su época&#8230; Por otro lado hay algunos críticos que han visto relaciones con el Situacionismo en el hecho de la utilización del desvío, el détournement, mediante el cual se extrapolan diferentes imágenes y se les cambia el significado. Sin embargo, creo que la utilización que tú haces es básicamente poética, mientras que los situacionistas buscaban un impacto de tipo político y antiartístico. Aunque en las películas de Debord, por ejemplo, (que él las denominaba anti-films) también se construye un cierto universo estético en base a la utilización del détournement fílmico.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Por ejemplo en la pintura <span class="s2"><i>Moments ago</i></span> (fig. 3), una “polivisión” en la que traté de reproducir la atmósfera horrible de la guerra del Golfo vista por la televisión con las imágenes verdosas transmitidas desde los misiles y las explosiones de las bombas. También se dio la casualidad de que cuando acabé la pintura se dio por oficialmente acabada la guerra.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> En tus pinturas vas alternando el blanco y negro y el color&#8230;</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s3"><b>I.M.:</b></span><span class="s2"> Sí, porque yo incluso me acuerdo de la primera película que vi en color. En ese sentido, dependiendo de cada momento utilizo una u otra forma. Aunque el blanco y negro lo utilizo más en el dibujo.</span></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Si hablamos de los directores de cine que más te han influido cuáles señalarías?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Hay una serie de directores de cine que me gustan mucho por razones diferentes compuesta por Dreyer, Bresson, Ozu, Hitchcock y Lynch. Sobre todo estos dos últimos me gustan porque son oscuros pero lujosos.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Esto también se puede aplicar a tu obra, porque de alguna manera es una pintura oscura y lujosa.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Es decir, participan de esta estética de lo bello y lo siniestro de la que hablaba Kant, pero que también recoge Eugenio Trias en un libro en el que precisamente habla de la película <span class="s2"><i>Vértigo</i></span> de Hitchcock, que quizá es la película que yo he visto más veces en mi vida porque la encuentro soberbia.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.: </b></span>Dreyer no es tan lujoso&#8230; quizá sea en Lynch en el que se ve esto más claro.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Dreyer es más gótico, más hierático y es uno de los creadores del lenguaje cinematográfico. Lynch refleja mejor este aspecto. Sin embargo, Lynch como pintor no me gusta, le encuentro demasiado patético. Pero la relación entre pintores y cineastas siempre ha sido muy estrecha. Sobre todo al principio, eran artistas que dibujaban muy bien, por ejemplo, Fellini, Kurosawa, etc. Eran muy buenos dibujantes. Yo creo que el cine es el gran arte de las imágenes en movimiento y la pintura de la imagen fija.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Hichtcock.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Me gusta el tratamiento de la imagen, la relación entre los planos, cómo utiliza los primeros planos y la utilización de las metonimias. Superficialmente puede parecer conservador pero fue un transformador del lenguaje cinematográfico radical. También a otros niveles con<em> La Ventana indiscreta</em> en la que refleja cómo los cinéfilos tienen un punto “mirón”.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Y en el caso de los pintores?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Es curioso, pero me cuesta un poco más definir con claridad los pintores que me han influido que los cineastas. Si tuviera que elegir a uno seguramente sería Richter, con el que me siento bastante identificado. No sólo por la pintura, sino también por todo el proceso del uso de las imágenes en su Atlas en la que utilizamos una metodología paralela de acumulación y de relación entre las imágenes. Además, una parte de su trabajo también tiene un elemento fotográfico con el que me siento identificado.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Tàpies?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Creo que su influencia ha sido muy importante pero que también es conveniente estar un poco apartado de estas personalidades tan poderosas ya que cuando toman un camino lo dejan prácticamente agotado. Es importante buscar tu propio camino. Sobre todo aquí donde el informalismo ha tenido un peso tan grande, casi excesivo, podríamos decir. Por otro lado, la materia pictórica, desde mi punto de vista, tiene que estar, pero no tiene que notarse, como he dicho antes. En caso contrario se convierte en una barrera, o en un ornamento. Tampoco encuentro necesario insistir siempre en el hecho de que esto es una pintura. Prefiero sumergirme en lo que las imágenes pictóricas me sugieren o me explican. Debo de ser muy clásico en este sentido porque me gusta mucho este aspecto fascinador de la pintura.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Veo que te sigue gustando mucho la pintura.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Además de la capacidad de construir imágenes, la pintura me gusta porque es un lenguaje completamente libre en el que se puede decir todo, se puede hablar de todo y es un lenguaje muy bueno para la ficción porque gran parte de su libertad radica en que es muy ligera y barata en su ejecución. Siempre me asustó del cine esos enormes presupuestos económicos y esa complejidad colectiva. La pintura, sin embargo, es algo muy sencillo, muy directo, íntimo. Me encanta su modestia técnica. El hecho de estar tu sólo en tu casa, con los colores y la tela y ver cómo la pintura va surgiendo me sigue fascinando. Creo que la pintura es a la imagen lo que la poesía a la palabra: un acto creativo libre y directo.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Leon Golub es un pintor figurativo que realiza unas impresionantes pinturas con temas sociales de defensa de los derechos humanos.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Sus cuadros impactan mucho más que una fotografía sobre el mismo tema porque están muy bien hechos y aunque hablen del horror, tienen un elemento de belleza que lo hace soportable desde un punto de vista visual. El horror, en sí mismo, es insoportable, pero ha habido grandes artistas como Goya o Picasso que lo han convertido en arte yendo más allá de su propia época y sus cuadros nos siguen emocionando mucho tiempo después de la época en la que se pintaron. Pero nos emocionan, sobre todo, porque son obras de arte muy buenas.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Numerosos artistas contemporáneos afirman que su labor ya no se puede definir por la técnica que utilicen sino por su proyecto de investigación. ¿Cuál es la situación de la pintura hoy en día?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Creo que es una situación mala. Hay poca gente que pinte&#8230;</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Sin embargo, algunos de los artistas más conocidos son pintores, como Richter, por ejemplo.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> Sí, pero en las ferias o en las exposiciones internacionales cada vez se ve menos pintura. También existe la idea de que la pintura ya no sirve para expresar la contemporaneidad de una forma adecuada y que hay otros medios mucho más eficaces. Por otro lado, la pintura requiere un aprendizaje muy lento (las famosas diez mil horas) que no demasiada gente está dispuesta a hacerlo y las escuelas de arte están enfocando sus programas en otras direcciones</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Muchas gracias, Isidre.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>I.M.:</b></span> A vosotros.</p>
<hr />
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span style="color: #808080;"><em>© del retrato de Isidre Manils de apertura:</em> <a href="https://www.facebook.com/german.peraire" target="_blank"><strong>Germán Peraire</strong></a></span></p>
<hr />
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		<title>Galileo, Artemisia y el disegno florentino.</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2015 14:42:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Jesús María Galech]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El historiador de la ciencia Jesús María Galech plantea una cuestión que muchas veces nos pasa desapercibida: ¿cómo cambia la representación pictórica a partir de la evolución del conocimiento científico de los artistas?...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1" style="text-align: justify;"><strong>El historiador de la ciencia Jesús María Galech plantea una cuestión que muchas veces nos pasa desapercibida: ¿cómo cambia la representación pictórica a partir de la evolución del conocimiento científico de los artistas? La pintora Artemisia Gentileschi empezó a representar el flujo de la sangre de manera diferente después de conocer las ideas de Galileo. Por tanto, la sangre que fluye del cuello de Holofernes tuvo que cambiar de trayectoria.</strong></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Galileo Galilei y Artemisia Gentileschi son dos personajes importantes de la historia de la ciencia y del arte del inicio del siglo XVII, implicados en polémicas y juicios en vida y que hoy en día continúan siendo controvertidos, aunque por muy diferentes motivos. El proceso inquisitorial que sufrió Galileo por defender un universo al estilo de Copérnico, rebajando la Tierra a la categoría de un planeta más y poniendo el Sol como nuevo centro de lo que nosotros entendemos como el Sistema Solar, es con seguridad el conflicto entre ciencia y religión más famoso y comentado de la historia, con el permiso del debate sobre la teoría de la evolución de Charles Darwin. Nada nuevo añadiré aquí a este tema tergiversado hasta la saciedad tanto por defensores a ultranza de la ciencia como por fundamentalistas de la religión. Lo que pretendo es completar la imagen que se pueda tener del Galileo científico, o mejor, filósofo natural, como entonces se llamaban, añadiendo una visión que contextualiza su trabajo desde el ámbito de las artes visuales. En una de éstas, la pintura, su contemporánea Artemisia destacó enormemente y fue reconocida en su tiempo, pero en cambio su figura quedó prácticamente olvidada por esa insistencia nefasta que durante siglos ha propiciado una historia obtusa, estrecha y parcial tanto de las artes como de las ciencias en la que la mujer quedaba sistemáticamente fuera.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Hubo que esperar hasta la década de los años 70 del siglo XX para que un grupo de historiadoras del arte feministas reivindicaran la figura de Artemisia y la colocaran, con razón, entre los grandes maestros de la pintura. Tampoco entraré aquí a tratar la imagen que de Artemisia ha construido la historiografía feminista, sino que lo que intento es mostrar una perspectiva bastante desconocida de una de sus obras más conocidas: la relación con la ciencia de su tiempo. Artemisia y Galileo se conocieron, se cartearon y fueron amigos. El lugar de conexión entre ellos fue la ciudad de Florencia y aquí comienza este viaje histórico. Explicaré primero alguna de las cuestiones que enlazan a Galileo con las artes visuales y terminaré con el acercamiento que hizo Artemisia al mundo de la ciencia.</p>
<p class="p3" style="text-align: justify;"><b><br />
La Accademia del Disegno</b></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Florencia a finales del siglo XVI era una ciudad orgullosa de su tradición artística, algo que tenían muy claro los grandes duques de Médici, conscientes de su importancia cultural y política. En 1562 Giorgio Vasari (1511-1574), siempre recordado como “el primer historiador del arte”, fundó bajo los auspicios del Gran Duque Cosme I de Médici la Accademia del Disegno, la institución más importante para los artistas florentinos de aquel tiempo y en la que prácticamente todos se matricularon. Una institución del estado, y por tanto con fines políticos para mayor gloria de la ciudad y de sus gobernantes, a la vez que una organización que iba más allá de los habituales gremios de artesanos y bajo la que pintores, escultores y arquitectos, ahora intelectuales, se podían reunir para tratar temas de arte, literatura, filosofía y ciencia. Tenía, además, el estatuto de universidad, abierta a la entrada de personas de cualquier parte con un interés en aprender.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Lo que verdaderamente hacía única a la Accademia era la premisa, defendida con vehemencia por Vasari, de que la pintura, la escultura y la arquitectura estaban basadas en el disegno, el padre común a las tres artes. Vasari describió el nexo de unión entre la idea creativa que inspira al artista y la expresión de dicha idea mediante este concepto: “La idea que se forma en el intelecto y que después se expresa mediante las manos se llama disegno. Es posible concluir que este disegno no es nada más que una aparente expresión y declaración del concepto que uno tiene en mente, el cual es imaginado y creado en el intelecto por la percepción de la idea”.<span class="Apple-converted-space">  </span>Los estatutos de la Accademia establecían el programa educativo y los servicios sociales y jurídicos para sus miembros. Además de la enseñanza práctica de la pintura, la escultura y la arquitectura impartida por tres profesores elegidos anualmente, los artistas también debían asistir a clases de geometría y de anatomía, dos ciencias que Vasari consideraba imprescindibles para la práctica de las artes visuales. En particular, se insistía en los conocimientos relacionados con la perspectiva lineal y la interpretación y representación de luces y sombras, para lo que se contrataba un geómetra profesional, un experto externo o visitatore, con el fin de enseñar perspectiva y claroscuro a los jóvenes artistas.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Las posibilidades de las artes visuales para transmitir información cambiaron en el Renacimiento debido, sobre todo, a tres factores interrelacionados: el naturalismo, la perspectiva y la imprenta. Desde Giotto (1267-1337), muchos artistas se mostraron fascinados por el estudio y la reproducción del mundo natural con todo el detalle posible. La naturaleza se convirtió en el objetivo de la mirada y del intelecto, en palabras de Alberto Durero (1471-1528), “el arte está en la naturaleza. Quien consiga extraerlo lo poseerá”. Imitar la naturaleza se entendía como la habilidad de crear imágenes que representasen el mundo tal y como lo ven nuestros ojos, cuestión íntimamente ligada con el desarrollo a partir del siglo XIII de métodos para representar visualmente objetos existentes en el espacio tridimensional que percibimos. Fue Filippo Brunelleschi (1377-1446) quien consiguió especificar unas reglas geométricas para la representación espacial: la perspectiva lineal. Un método práctico y de fácil enseñanza, lo que dio como resultado la proliferación de libros para su aprendizaje, entre los que destacan los escritos por Leon Battista Alberti (1404-1472), Piero della Francesca (1416-1492), Luca Pacioli (1446-1517) y Durero. Con la llegada de la imprenta de tipos móviles en la segunda mitad del siglo XV, la difusión de esta nueva metodología creció exponencialmente, al tiempo que también permitía la copia exacta de la representación de información visual.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">El resultado de los tres factores mencionados fue, por un lado, la consagración del naturalismo y la perspectiva lineal como el lenguaje común del arte europeo y, por el otro, un cambio profundo en las ciencias. Los libros profusamente ilustrados de anatomía humana de Andreas Vesalius (1514-1564) o de botánica de Otto Brunfels (1489-1534) son ejemplos fascinantes de esto último y de cómo la colaboración entre personas orientadas hacia las artes y aquellas dedicadas a las ciencias se volvió tremendamente necesaria. Se comprende así la insistencia de Vasari en la enseñanza de la anatomía, la perspectiva, el tratamiento de la luz y el claroscuro a los miembros y estudiantes de la Accademia del Disegno, institución que desde este punto de vista podemos considerar como la culminación de los esfuerzos iniciados dos siglos antes.</p>
<p class="p3" style="text-align: justify;"><b><br />
Galileo y la Luna</b></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">La labor de la enseñanza de geometría en la academia florentina estaba encargada desde su fundación a matemáticos profesionales y afortunadamente disponemos de abundante información de las personas que desempeñaron esta tarea. Una de ellas fue el matemático Ostilio Ricci (1540-1603), en buena medida responsable de que el joven Galileo reorientara sus estudios hacia la matemática. Galileo Galilei (1564-1642) nació en Pisa, entonces parte del Ducado de Florencia, y era el hijo mayor de los siete que tuvieron Giulia Ammannati y Vicenzo Galilei, conocido compositor, teórico de la música e intérprete de laúd. Vicenzo, contrariado al parecer por las intenciones iniciales de Galileo de hacer la carrera eclesiástica, consiguió convencerle para que se matriculara en los estudios de medicina de la Universidad de Pisa. En estas estaba Galileo cuando se le ocurrió asistir a una conferencia sobre geometría que en 1580 impartió en la universidad Ostilio Ricci, que era el matemático de la corte del Gran Duque Francisco I de Médici y el profesor de matemáticas de la Accademia del Disegno de Florencia. Tanto le impactó la lección y la persona de Ricci que decidió dejar los estudios de medicina y trasladarse a Florencia para matricularse en la academia. Allí hizo buenos amigos, como el pintor Ludovico Cardi (1559-1613), más conocido como Cigoli y sobre el que más adelante volveré, aprendió matemáticas con Ricci y, tal vez lo más importante, conoció de primera mano y poco a poco se introdujo en el complejo entramado de patronazgo que permeaba la corte de los Médici.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Acabados los estudios, con 24 años y sin trabajo definido, Galileo intentó sin éxito conseguir la plaza de profesor de matemáticas en la academia. Para ello se sirvió del matemático Guidobaldo del Monte (1545-1607), quien ya estaba fascinado por los conocimientos matemáticos de Galileo gracias a un estudio que éste le había enviado concerniente al equilibrio hidrostático. Guidobaldo le sugirió enviar una carta a su hermano, el cardenal Francesco Maria del Monte, reclamando la plaza. A pesar de hacerlo Galileo no consiguió el puesto, pero sí obtuvo a cambio un trabajo como profesor de matemáticas en la Universidad de Pisa (más tarde, en 1592, Guidobaldo también intercedió para que Galileo fuera nombrado profesor de matemáticas en la Universidad de Padua). Corría el año 1589 y Galileo dejaba Florencia para ir a Pisa. Probablemente lo hacía con una sensación agridulce, pues había conseguido un trabajo pero a cambio de abandonar aquella corte que tanto le atraía. Eran tiempos en que los matemáticos luchaban por conseguir un reconocimiento social y una legitimación filosófica de su trabajo y Galileo había conocido en Florencia el ideal al que deseaba aspirar: la figura del artista o del matemático de la corte, una posición independiente y libre de obligaciones en la enseñanza pública, una vida dedicada a la investigación.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Muchas investigaciones y inventos que realizó Galileo en sus años en Pisa y Padua los ofreció como regalos a personas influyentes, primero a personalidades de estas dos ciudades y a principios del siglo XVII a los Médici. Entre los regalos había instrumentos como el compás militar y el telescopio, sus libros y cartas e incluso sus descubrimientos astronómicos. También siguió estrictamente una de las prerrogativas habituales de los artistas de la corte: el diseño de emblemas y escudos de armas para los poderosos que permitieran hacer accesibles a los sentidos la gloria de su gobierno. Así, en 1608 diseñó un emblema que regaló al príncipe Cosme II de Médici para conseguir su favor y para ello compró a Guidobaldo del Monte una piedra imán esférica que representaba una de las esferas que decoraban el escudo de los Médici. Con ocasión de la boda de Cosme II ese mismo año, sugirió un emblema fabricado con la piedra imán y seis bolas de hierro adheridas a ella por la atracción magnética y en 1610 le regaló otras cuatro esferas. Sin duda, unas inversiones con vistas al futuro y de las cuales disponemos hoy de evidencias visuales en forma de dibujos.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Fue en mayo de 1609 cuando Galileo tuvo por primera vez noticias de un nuevo invento: el telescopio. Rápidamente consiguió las instrucciones de fabricación y gracias a sus conocimientos de óptica y perspectiva pudo mejorar su diseño, de forma que en pocos meses ya disponía de sus propios telescopios de cerca de 20 aumentos. Las observaciones de las fases de la Luna que realizó entre noviembre y diciembre de aquel año y las posteriores conclusiones que con prontitud dedujo son una clara muestra de hasta qué punto su formación en perspectiva y claroscuro contribuyó a sus descubrimientos astronómicos. Es posible que durante estas observaciones telescópicas de la Luna realizara bocetos, aunque ninguno ha sobrevivido al paso del tiempo. Lo que sí se conserva son los siete dibujos en sepia aguada que realizó poco después de la Luna y que demuestran su capacidad artística en el manejo de la tinta y en el uso de la técnica del claroscuro (Fig. 1).</p>
<div id="attachment_1728" class="wp-caption alignnone" style="width: 620px"><img class="wp-image-1728 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/03/gallileo_moon_drawings.jpeg" alt="Fig.1. Galileo, acuarelas de la Luna en el manuscrito de Sidereus nuncius, 1609" width="620" height="890" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig.1.</b> Galileo, acuarelas de la Luna en el manuscrito de <em>Sidereus nuncius</em>, 1609</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Galileo preparó estas acuarelas como guía para el grabador que ilustró su libro <span class="s1"><i>Sidereus nuncius</i></span>, “Mensajero de las estrellas”, publicado con toda celeridad en marzo de 1610, apenas cinco meses después de comenzar a observar el cielo con el telescopio. Solo cinco grabados ilustran el libro y ninguno corresponde exactamente con las acuarelas. La figura 2 muestra cómo dos de estos grabados aparecen en el libro. La descripción que escribió para acompañarlas denota la impresión que le causó: “He llegado a la opinión y convicción de que la superficie de la Luna no es suave, uniforme y perfectamente esférica como un gran número de filósofos creen, sino que es irregular, rugosa y llena de cavidades y prominencias, no siendo diferente de la cara de la Tierra, con un relieve de cadenas montañosas y profundos valles”.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Comparando las figuras 1 y 2 salta a la vista que los grabados del libro enfatizan, tal vez demasiado, las características más sobresalientes de la superficie lunar, en particular el gran cráter que se aprecia en la figura 2 en la parte inferior central de las imágenes. A pesar de que los grabados muestran una Luna más parecida a las fotografías actuales por su particular acabado metálico, es en las acuarelas donde podemos apreciar la calidad artística del trabajo de Galileo. Las precisas pinceladas representan media docena de tonos y hacen palpable su dominio del contraste de superficies, la habilidad para reproducir partes claras y oscuras de forma que sus intensidades mutuas queden reforzadas. En la figura 1, justo debajo de la primera ilustración de la parte superior izquierda, se puede apreciar lo que parece ser una prueba de pinceladas oscuras y claras alrededor de una pequeña zona en blanco, seguramente para ayudar a su grabador a entender el aspecto del cráter al hacerse visible por la luz de la Luna creciente. Con una economía artística envidiable, indicó la parte invisible de la profundidad del cráter mediante una única pincelada oscura y dejó una rodaja de papel sin pintar para representar su borde brillante, allá donde sí llega la luz del Sol. Cuando miraba la Luna con su telescopio la imagen sin duda era borrosa y confusa, pero su conocimiento del claroscuro le permitió interpretarla correctamente como la imagen de una superficie con relieve, algo que hasta ese momento nadie había dicho, e igualmente le facilitó la tarea de transmitir su descubrimiento en forma de ilustraciones precisas. Además, realizó cálculos basados en la perspectiva lineal, también publicados en Sidereus nuncius, sobre la altura de algunas montañas lunares. Su dominio para tratar pictóricamente la luz reflejada incluso le permitió mostrar en sus acuarelas el llamado “brillo de la Tierra”, es decir, el reflejo de la luz solar sobre la superficie de nuestro planeta y que en determinadas condiciones ilumina vagamente la parte oscura de la única cara de la Luna que desde la Tierra podemos observar.</p>
<div id="attachment_1729" class="wp-caption alignnone" style="width: 620px"><img class="wp-image-1729 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/03/figura2_sidereus-nuncius.jpeg" alt="Fig. 2. Páginas del libro de Galileo Sidereus nuncius, 1610." width="620" height="408" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 2.</b> Páginas del libro de Galileo <i>Sidereus nuncius</i>, 1610.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;">También en 1610, su amigo Ludovico Cigoli recibió el encargo de pintar un fresco en el techo abovedado de la capilla del papa Pablo V en la basílica de Santa María Maggiore en Roma. El complicado proyecto incluía la representación de la Virgen María de pie sobre la Luna a lo largo del eje central de la cúpula. A su conclusión en 1612 y de forma inesperada, Cigoli presentó una Luna irregular y rugosa (Fig. 3), como nunca antes había aparecido en la abundante iconografía de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, siempre asociada a una Luna perfectamente esférica que recordaba su pureza. Cigoli se inspiró en los trabajos de Galileo y, sorprendentemente, las autoridades eclesiásticas lo permitieron en un momento en que sus descubrimientos comenzaban a ser controvertidos. Eso sí, oficialmente el fresco se designó como Ascensión y no como Inmaculada Concepción de la Virgen María.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">En una carta que Cigoli envió a Galileo fechada el 7 de julio de 1612, el pintor le honró una vez más. Le comparó con Miguel Ángel, rompedor de las reglas de Vitruvio y rebelde de los órdenes tradicionales: “Pienso que contigo pasa lo mismo que con Miguel Ángel cuando comenzó a construir fuera del orden establecido hasta ese momento y todos los demás de forma unánime se volvieron contra él diciendo que Miguel Ángel había arruinado la arquitectura”. El vínculo entre Miguel Ángel y Galileo fue más allá de la metáfora con Vincenzo Viviani (1622-1703), discípulo del astrónomo y profesor de matemáticas en la Accademia del Disegno a partir de 1647. Viviani escribió la primera biografía de Galileo, llena de elogios, que se publicó por primera vez en 1717 con el título <span class="s1"><i>Racconto istorico della vita del Sig.r Galileo Galilei</i></span> y que seguía el estilo marcado por Giorgio Vasari en su <span class="s1"><i>Vite dé più eccellenti pinttori scultori de architettori</i></span> (1550). Viviani comparaba la observación científica y experimental de Galileo con los métodos de observación empírica usados por los grandes pintores florentinos, como Giotto, e incluso incluyó en la biografía hechos que en realidad pertenecían a la vida de este pintor. También conectó usando la astrología el nacimiento de Galileo (15 de febrero de 1564) con la muerte de Miguel Ángel, ocurrida tres días después, para lo cual no dudó en falsificar la primera fecha asegurando que ambos hechos tuvieron lugar el mismo día. Esta conexión entre Miguel Ángel y Galileo se convirtió en un topos, de forma que por ejemplo el filósofo Immanuel Kant (1724-1804) escribía acerca de tres genios: Miguel Ángel, Galileo y Newton. No fue hasta 1887 cuando el editor de la obra completa de Galileo, Antonio Favaro, descubrió la cuidadosa manipulación de Viviani.</p>
<div id="attachment_1730" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><img class="wp-image-1730 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/03/cigoli_virgin.jpeg" alt="Fig. 3. Ludovico Cigoli Ascensión de la Virgen María, 1612, Capilla Paulina, Santa María Maggiore, Roma." width="300" height="453" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 3.</b> Ludovico Cigoli <i>Ascensión de la Virgen María</i>, 1612, Capilla Paulina, Santa María Maggiore, Roma.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><i>Sidereus nuncius</i> también incluía otro de los grandes descubrimientos astronómicos de Galileo, la existencia de cuatro lunas alrededor del planeta Júpiter. Siguiendo su imparable afán de agradar a los Médici, las nombró “estrellas mediceas” y así se lo comunicó a la familia en la dedicatoria del libro al Gran Duque Cosme II. Ahora la gloria de los Médici quedaba inmortalizada más allá del plano terrenal, eternamente ligada a las estrellas. En septiembre de 1610, seis meses después de la publicación del libro, Galileo estaba ya de vuelta en Florencia con el título de matemático y filósofo de la corte del Gran Duque, sin obligaciones docentes y con un sueldo anual de 1.000 escudos, estipendio entre los diez más altos de toda la Toscana. Una remuneración que triplicaba la de cualquier artista o ingeniero de la corte, vez y media más alta que la de un primer secretario como Belisario Vinta o Curzio Pichena y similar al sueldo del oficial de la corte de más alto rango, el mayordomo mayor. Galileo cobraba el doble que el escultor Giambologna, el artista más famoso a principios del siglo XVII en la corte de los Médici. Siendo así, conviene aclarar que este magnífico patronazgo no era por la valía de sus descubrimientos científicos, sino por la conexión causal que Galileo consiguió establecer y transmitir entre dichos hallazgos y la gloria pasada y futura de los Médici.</span></p>
<p class="p3" style="text-align: justify;"><b><br />
Artemisia y la nueva ciencia</b></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">En el verano de 1611, cuando Ludovico Cigoli trabajaba en su fresco de la capilla de Santa María Maggiore de Roma, la pintora Artemisia Gentileschi (1593-1653) visitó la basílica. Se encontraba en Roma en pleno desarrollo del proceso judicial, del cual era víctima y testigo, en el que su padre Orazio denunciaba a Agostino Tassi por ultrajar el honor de la familia. Siguiendo la recomendación de su padre visitó diversas iglesias y en la de Santa María pudo contemplar la que poco después sería la primera Luna plena de cráteres de la historia del arte. Este fue, probablemente, su primer contacto con las ideas y descubrimientos de Galileo. El 29 de noviembre de 1612, poco después de acabar el largo juicio, Artemisia se casó con Pierantonio de Vicenzo Stiattesi (su separación vendría en 1622) y juntos se trasladaron a vivir a principios de 1613 a Florencia, ciudad en la que residía la familia de su marido.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">En Florencia se encontraba, como ya he comentado, Galileo, el flamante matemático y filósofo de la corte. Ese mismo año Artemisia y él se conocieron personalmente en la Accademia del Disegno, de la cual acababa de ser nombrado miembro el astrónomo. La joven pintora comenzó en 1614 a asistir a las clases en la academia y en 1616 fue también nombrada miembro, la primera mujer en conseguirlo. Su relación de amistad con Galileo duró décadas, pero solo disponemos de un documento escrito al respecto, una carta escrita por Artemisia desde Nápoles el 9 de octubre de 1635 dirigida a Galileo, quien entonces se encontraba bajo arresto domiciliario como resultado de su juicio inquisitorial. En el texto la pintora pedía ayuda a Galileo para poder cobrar dos pinturas que había enviado recientemente a Fernando II de Médici, hijo y sucesor de Cosme II. No hay constancia de cómo acabó este tema, pero la misiva arroja luz sobre la relación entre los dos maestros, puesto que Artemisia añadió que le solicitaba su intercesión tal y como había hecho quince años antes con otra obra por la cual consiguió una excelente remuneración, “la pintura de aquella Judith que di a su Serenísima Alteza el Gran Duque Cosme II”.</p>
<div id="attachment_1731" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-1731" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/03/GENTILESCHI_Judith.jpeg" alt="Fig. 4. Artemisia Gentileschi detalle de Judith decapitando a Holofernes, 1620-21, Galería de los Ufizzi, Florencia." width="300" height="365" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 4.</b> Artemisia Gentileschi detalle de <i>Judith decapitando a Holofernes</i>, 1620-21, Galería de los Ufizzi, Florencia.</p>
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<div id="attachment_1732" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-1732" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/03/judithslayingholofernes2.jpeg" alt="Fig. 5. Artemisia Gentileschi detalle de Judith decapitando a Holofernes, 1612-13, Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles." width="300" height="371" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 5.</b> Artemisia Gentileschi detalle de <i>Judith decapitando a Holofernes</i>, 1612-13, Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles.</p>
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<p class="p1" style="text-align: justify;">Con toda seguridad se trataba de la obra <span class="s1"><i>Judith decapitando a Holofernes</i></span> (fig. 4), pintada en Florencia entre 1620 y 1621 y entregada antes de la muerte de Cosme II ese mismo año. Representa la historia bíblica de Judith quien, con la ayuda de su doncella Abra, decapita al general asirio Holofernes tras haberlo seducido. Una pintura que muestra con claridad la influencia que recibió del realismo de Caravaggio y sus seguidores, entre los que estaba su padre Orazio, así como la intensidad dramática y la energía concentrada características de las obras de Artemisia.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Esta Judith, actualmente en la Galería de los Ufizzi de Florencia, no es la única Judith que pintó Artemisia. En realidad es casi una réplica de otra obra anterior con el mismo título y pintada en Roma entre 1612 y 1613 (Fig. 5), tanto que se podría jugar a aquello de encuentre las diferencias. Aparte de cambios de color, de ropajes y de algún adorno, una de las diferencias que salta a la vista es el tratamiento diferenciado de la sangre que brota del cuello de Holofernes.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Mientras en la primera versión, la de la figura 5, la sangre gotea y se derrama por las sábanas, en la Judith florentina de la figura 4 la sangre sale también disparada en forma de chorros desde la herida abierta en el cuello del general. No se puede cuestionar que Artemisia introdujo semejante cambio bien consciente de lo que hacía. Sin duda aporta más teatralidad a la obra, como congelando en el tiempo el terrible momento. Qué impulsó a la autora a realizar esta modificación, ¿simplemente una intención de amplificar el efecto dramático? Bien pudiera ser que su amigo Galileo tuviera algo que ver con todo esto, más aún si tenemos en cuenta que Artemisia le conoció después de pintar la primera versión en Roma y trasladarse a Florencia.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Decía Galileo en su libro de 1623 <span class="s1"><i>Il Saggiatore</i></span>, “El ensayador”, que “la filosofía [se refiere a la filosofía natural, la ciencia de su tiempo] está escrita en este grandioso libro que está continuamente abierto delante de nuestros ojos [el universo], pero que no podemos descifrar si antes no se comprende el lenguaje ni se conocen los caracteres en que está escrito. Está escrito en lenguaje matemático, y sus caracteres son triángulos, círculos y figuras geométricas. Sin estos medios es humanamente imposible comprender una sola palabra: sin ellos, vagamos vanamente por un oscuro laberinto”. Así, dedicó su vida a buscar la expresión matemática de aquello que observaba en la naturaleza, es decir, a tratar de encontrar el cómo y no tanto el porqué, una nueva característica crucial de la ciencia moderna que estaba naciendo en aquellos años y que continúa presente en la ciencia contemporánea. En particular y para lo que aquí nos interesa, desde sus primeros trabajos estudió el movimiento de los cuerpos, tema que no era simplemente teórico puesto que estaba íntimamente ligado, por ejemplo, con la ingeniería militar. Vimos antes que Galileo había regalado a los Médici un compás militar diseñado por él a finales del siglo XVI de gran utilidad para el cálculo en artillería de la inclinación de los cañones o de la cantidad de pólvora requerida para alcanzar un objetivo dado. Llegar a construir este tipo de instrumento supone un conocimiento profundo de las leyes del movimiento de los cuerpos, de su aceleración y caída. Galileo descubrió que el recorrido que hace un proyectil es una parábola (en el vacío o con una fricción mínima con el aire).</p>
<div id="attachment_1735" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><a href="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/trayectoria.jpg"><img class="size-full wp-image-1735" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/trayectoria.jpg" alt="Fig. 6. Galileo, notas manuscritas sobre la trayectoria parabólica de proyectiles, 1608. " width="300" height="86" /></a>
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 6.</b> Notas manuscritas sobre la trayectoria parabólica de proyectiles, 1608, de <strong>Galileo</strong>.</p>
</div>
<div id="attachment_1736" class="wp-caption alignleft" style="width: 300px"><img class="size-full wp-image-1736" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/04/7.jpg" alt="Fig. 7. Trazos de los chorros de sangre en Judith decapitando a Holofernes, 1620-21, de Artemisia Gentileschi." width="300" height="175" />
<p class="wp-caption-text"><b>Fig. 7.</b> Trazos de los chorros de sangre en <i>Judith decapitando a Holofernes</i>, 1620-21, de <b>Artemisia Gentileschi</b>.</p>
</div>
<p class="p1" style="text-align: justify;">La figura 6 muestra un manuscrito de 1608 con anotaciones de Galileo referentes a la trayectoria parabólica de un proyectil. Son precisamente este tipo de arcos simétricos los que Artemisia utilizó en su segunda <span class="s1"><i>Judith decapitando a Holofernes</i></span> para representar los chorros de sangre. En la figura 7 se han trazado las trayectorias de la sangre que brota del cuello de Holofernes en la pintura para una mejor comparación.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Se puede pensar, por tanto, que Artemisia, tras conocer a Galileo en Florencia en 1613, al recibir el encargo de una nueva versión de Judith decapitando a Holofernes pensó que sería conveniente y más cercano a la realidad representar la sangre tan correctamente como fuera posible, para lo cual recurrió a los estudios del movimiento de su amigo. Algo plausible si recordamos el gran interés en el pleno realismo de los caravaggistas. Además, eran los meses en que Artemisia asistía a las clases en la Accademia del Disegno, entre las cuales estaban las de anatomía. Una ciencia anatómica que estaba en plena ebullición desde mediados del siglo anterior y cuyos practicantes discutían en sus círculos privados cuestiones referentes a la circulación de la sangre y a la presión sanguínea, concepto necesario para que la sangre pueda brotar como realmente lo hace de una herida como la que muestra la pintura de Artemisia. No sería hasta 1628 cuando William Harvey publicó sus trabajos sobre la circulación de la sangre y el trabajo de bombeo del corazón. Tampoco Galileo publicó su estudio del movimiento parabólico hasta 1638 en su libro Sobre dos nuevas ciencias. A pesar de ello, Artemisia Gentileschi estaba al tanto de los últimos descubrimientos y los introdujo en su obra, culminando con su maestría ese intento tan característico de las artes visuales del Renacimiento de representar con toda la precisión posible la realidad.</p>
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