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	<title>Situaciones &#124; Revista de historia y crítica de las artes &#187; Joan M. Minguet</title>
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		<title>“Tiempo de plomo y plata”: derivas migratorias que critican el sistema</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Jun 2019 19:11:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Elena Bulet]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">“La vigilancia es el fracaso de la sociedad por no saber gestionar la convivencia” decía <strong>Nora Ancarola</strong> mientras comentaba sus obras en el <strong>Centre d’Art Maristany</strong>. A medida que visitas la exposición, vas encontrando grabados de distintos panópticos. Se trata de una estructura arquitectónica para controlar los presos. El filósofo Michel Foucault teorizó sobre ella, entendiéndola como metáfora del control que la sociedad disciplinaria ejerce sobre el comportamiento de su ciudadanía. La artista argentina se suma a este paralelismo y profundiza en su significado. Para ella, el panóptico es <strong>plomo</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nora Ancarola se exilió a los 21 años de su país por la represión que generó el golpe de estado de 1976. Primero fue a <strong>Madrid</strong>, donde tenía un hermano, después a <strong>Sitges</strong>, donde tenía una amiga y finalmente a <strong>Barcelona</strong>, donde no tenía nadie. Empezar de cero nunca es fácil. Nora expone ahora una reflexión sobre los <strong>procesos migratorios</strong> que vive la sociedad. Habla de su proceso, pero también del de las personas con las que compartió esta deriva. Habla de la historia mundial durante la segunda mitad del s.XX, pero también habla de la situación actual, donde se niega el asilo a tantas y tantas personas exiliadas. Ancarola condensa estas reflexiones en instantes de plomo y de plata. Una metáfora de “momentos cargados de dureza”, pero también de “luz en la oscuridad”, describe<strong> Joan M. Minguet</strong>, comisario de la exposición. El arte entendido como un acto de “disidencia”, como la voluntad de “huir de la simplicidad acomodaticia y sumisa”, explica Minguet. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2279" class="wp-caption alignnone" style="width: 700px"><img class="wp-image-2279 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2019/06/@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo.jpg" alt="@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo" width="700" height="467" />
<p class="wp-caption-text">Vista de la exposición <em>Tiempo de plomo y plata. Derivas obligadas</em> de Nora Ancarola <strong>© Elena Bulet</strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="font-weight: 400;">Visitar “<strong><em>Tiempo de plomo y plata. Derivas obligadas</em></strong>” es un viaje. Así lo sugiere la primera obra que observas. Se trata de la maleta de <strong>Walter Benjamin</strong>, filósofo alemán exiliado que murió en Portbou, no muy lejos de un búnker de vigilancia de la Gestapo. Esta construcción funciona como panóptico natural, recurso que la policía nazi empleó para controlar la frontera entre Cataluña y Francia del 1940 al 1944. La maleta de Benjamin no es un objeto cualquiera. Lleva escrita la palabra “GEWALT”, que en alemán significa ‘violencia’, pero también ‘poder’ institucional. Durante la visita, la maleta funcionará como metáfora de desplazamientos forzosos. También encuentras la maleta de <strong>Franz Kafka</strong>, repleta de libros y documentos. Pero la maleta que hace que la obra cobre sentido es una maleta invisible en la exposición, porque nunca ha existido. Es la de las personas migrantes que no tienen voz. Es la de los <strong>244 millones de migrantes</strong> que cifra la ONU. Es la de las personas que mueren en una ruta para un futuro mejor, para una vida con más plata y menos plomo. </span></strong></p>
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<div id="attachment_2280" class="wp-caption alignnone" style="width: 700px"><img class="wp-image-2280 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2019/06/@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-2.jpg" alt="@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-2" width="700" height="438" />
<p class="wp-caption-text">Nora Ancarola durante una visita guiada a su exposición <em>Tiempo de plomo y plata. Derivas obligadas</em> <strong>© Elena Bulet</strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">La exposición se divide en tres partes, que dialogan tan fluidamente que una no se da cuenta de cuando salta a la siguiente. La primera habla sobre <strong>vigilancia</strong>. La segunda, sobre <strong>procesos de resistencia y luto</strong>. La última parte busca traspasar los límites y mostrar el <strong>camino hacia una nueva vida</strong>. Aunque haya una parte de autobiografía, la exposición de Nora desprende un sentimiento de comunidad, de diversidad, de encrucijadas. La artista combina distintas disciplinas para construir un significado unitario. Entre ellas, observas escultura, grabado, fotografía y vídeo. Juntas generan una atmósfera de tonos grisáceos y brillantes que te incita a reflexionar sobre tus momentos de plata y de plomo. Además, no solamente hay obras suyas, sino que también han participado otros artistas, como <strong>Agnès WO</strong> y <strong>Juan Muiño</strong>.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La exposición también habla de personas con las que Nora se ha ido cruzando en su camino. En especial, recuerda al artista <strong>Ramón Guillén Balmes</strong>, la primera persona que la acogió en Barcelona. Lo conoció por casualidad en el Funicular de Montjuïc, cuando ambos iban a presentar unas obras en un concurso de la Fundación Miró. Fue él quien le abrió las puertas de Barcelona, ofreciéndole un taller donde trabajar. Por ello y por lo que acabó significando Balmes en su trayectoria artística en Barcelona, Nora le dedica ahora su obra “<strong>Hospitalidad</strong>”, elaborada conjuntamente con Agnès WO. En la pieza se representan sitios que supusieron para Ancarola lugares de acogida, como partes de Barcelona, Sitges o Molins de Rei. En cada sitio de acogida hay una palabra, un punto de plata. Si te acercas, puedes leer “seguridad”, “apoyo”, “consuelo”, “memoria”, “calidez”, etc.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2281" class="wp-caption alignnone" style="width: 700px"><img class="wp-image-2281 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2019/06/@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-6.jpg" alt="@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-6" width="700" height="467" />
<p class="wp-caption-text">Nora Ancarola frente a una de sus obras de<em> Tiempo de plomo y plata. Derivas obligadas</em> <strong>© Elena Bulet</strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Todo proceso migratorio conlleva unas <strong>heridas</strong>. A veces, se cierran. Otras veces no. A veces, son invisibles. Otras veces, no. Con esta voluntad de reflejar cicatrices, Nora traslada una herida en la pared del museo, una herida de plata con forma grieta. Se trata de la misma grieta que alberga una habitación donde la artista vivió momentos de felicidad. La pieza, que también combina fotografías, es un homenaje en memoria de los muertos en el <strong>Río de la Plata</strong> durante la dictadura argentina entre 1976 y 1983. Al mismo tiempo, también te interpela, cuestionándote si tienes heridas, de dónde vienen y si siguen abiertas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Tiempo de plomo y plata” aborda las casas como espacios de refugio o de prisión. Se inspira en el cuento de <strong>Julio Cortázar</strong> “<strong>Casa tomada</strong>” para hablar de cómo los textos adquieren nuevos significados según el tiempo y las circunstancias. También evoca las <strong>Cases de la Seda</strong>, una colonia industrial instalada en <strong>El Prat de Llobregat</strong>. En este caso, Nora indaga sobre la concesión de las viviendas por parte de la patronal y en las contradicciones respecto a la libertad y el bienestar que ello supone. Además, Juan Muiño, artista invitado, fotografía su visión plateada del retorno a la casa de <strong>Lanús</strong> (Argentina), tras vivir 16 años de su vida fuera.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En definitiva, la visión de la realidad de Nora Ancarola te interpela durante toda la exposición. Porque es una mirada inclusiva, colectiva, no elitista. Una mirada global que huye de fronteras y que clama conciencia crítica. Un mirada que conecta. Una mirada que, al igual que la exposición, viaja por el mundo y por distintos campos. De hecho, “Tiempo de plomo y plata” está ahora en el <strong>Centre d’Art Maristany</strong> de Sant Cugat, pero en unos meses viajará hasta <strong>Virreina Centre de la Imatge</strong> en Barcelona. Y, meses después, invertirá los pasos del exilio de Nora para llegar a <strong>Argentina.</strong> Un bonito punto y final que tiempo atrás fue comienzo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2282" class="wp-caption alignnone" style="width: 700px"><img class="wp-image-2282 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2019/06/@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-9.jpg" alt="@elenabulet_23052019_ExpoPlatayPlomo-9" width="700" height="467" />
<p class="wp-caption-text">Nora Ancarola durante su visita guiada a <em>Tiempo de plomo y plata. Derivas obligadas</em> <strong>© Elena Bulet</strong></p>
</div>
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		<title>Ne travaillez jamais!</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Mar 2017 18:28:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Aina Dorda Duch]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado día 12 de diciembre se celebró un debate en la Escola Massana de Barcelona sobre la revolución situacionista y sus libros (La sociedad del espectáculo de Guy Debord y El tratado...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">El pasado día 12 de diciembre se celebró un debate en la Escola Massana de Barcelona sobre la revolución situacionista y sus libros (</span><i><span style="font-weight: 400;">La sociedad del espectáculo </span></i><span style="font-weight: 400;">de Guy Debord y</span><i><span style="font-weight: 400;"> El tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones </span></i><span style="font-weight: 400;">de Raoul Vaneigem) que llevaba como título </span><i><span style="font-weight: 400;">Ne travaillez jamais!</span></i><span style="font-weight: 400;"> La sesión fue organizada por <a href="http://situaciones.info/revista/author/antonio-ontanon/" target="_blank">Antonio Ontañón</a> y contó con la participación de <a href="http://situaciones.info/revista/author/joan-m-minguet/" target="_blank">Joan M. Minguet</a>, <a href="http://situaciones.info/revista/author/florencia-fassi/" target="_blank">Flor Fassi</a> y Marc Casanovas. Se inició con una reivindicación de los valores políticos revolucionarios que podemos encontrar en esos textos en el momento en el que van a cumplir 50 años, e intentando marcar distancia con aquellas conmemoraciones de movimientos vanguardistas que sólo se fijan en su gestualidad “artística” y olvidan precisamente su importancia política en el contexto en el que tuvieron lugar –como pasa con las últimas conmemoraciones sobre los movimientos Dadá o el Punk que hemos podido ver en Barcelona–.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">La charla estuvo marcada por diferentes vertientes, como por ejemplo la idea del trabajo, la fábrica, y el fetichismo de la mercancía –es decir, como ponemos valor a algo dentro de un mercado–. Para que esto ocurra, el objetivo debe ser rentable y que al mismo tiempo sea socialmente viable, todo realizado a través de un determinado rol. Esta pequeña argumentación nos llevó a plantearnos, por tanto, qué significa </span><i><span style="font-weight: 400;">ser bueno</span></i><span style="font-weight: 400;"> en el mercado. Por otra parte, se recuperaron lemas como: “</span><i><span style="font-weight: 400;">La imaginación al poder</span></i><span style="font-weight: 400;">”, aludiendo a la muerte de la sociedad de consumo y a la disolución de la sociedad de clases. Se apuntó también el deseo situacionista de romper con la cotidianidad y abrir espacio a nuestra experiencia, referente a ello se mencionaron diferentes técnicas situacionistas como por ejemplo la </span><i><span style="font-weight: 400;">dérive</span></i><span style="font-weight: 400;"> o el</span> <i><span style="font-weight: 400;">détournement. </span></i><span style="font-weight: 400;">Finalmente se puso en contexto la sociedad del espectáculo, las industrias culturales y cómo las relaciones sociales lo hacen posible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Podrán parecer inconexas todas las referencias que hoy escribiré ya que en el debate se tocaron muchos temas, conceptos e ideas que  son dignas de ser escritas en forma de grito, pero me centraré en algunos de los puntos de los cuales puedo hablar con voz propia, aportando mi experiencia personal de años atrás y de vivencias actuales desde que en mi entorno el arte es un punto detonante. Como acabo de mencionar, las ideas pueden parecer aisladas del título o de la primera introducción escrita, sin embargo, cuando profundizamos en el conocimiento de nuestras historias y las escribimos en relación a lo hablado, aunque las ocurrencias del pasado se nos antojen lejanas –incluso, según como, intangibles–, algo queda intacto junto con lo sucedido: un cierto tipo de enlace. O simplemente una se da cuenta que sus relatos no están encerrados en sí misma. Así que sin más preámbulos, empezaré.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Si algo me marcó, fue el canto a la poesía que se dio ese día para hablar sobre el valor del tiempo, del amor y de la libertad. Resulta muy fácil y cómodo adaptarnos a los cambios dictaminados. Muchos incluso, lo consideran como un valor positivo, un arma de supervivencia: sólo quien posee la habilidad de adaptarse como el agua es capaz de seguir viviendo en estos periodos y adaptarse a lo que pueda venir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Pero, ¿es acaso eso lo que buscamos o lo que necesitamos? ¿No anhelamos algo que se nos intuye en el interior pero como algo etéreo? Quizá, en una sociedad como la de hoy, </span><i><span style="font-weight: 400;">ser agua</span></i><span style="font-weight: 400;"> significa ahogarse dentro de unas normas establecidas y fluir siempre dentro de los mismos ríos, que no tienen por qué desembocar en nuevos espacios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Nadar dentro del mismo estanque cerrado. Con la inyección de algún que otro poeta. Como por ejemplo, las frases de Fernando Pessoa, escritor portugués. Dentro de sus mensajes se entonaron algunos diálogos. Pese a que no se aludió explícitamente la siguiente frase, la mayoría de los temas giraban entorno a ella: “</span><i><span style="font-weight: 400;">Primero sé libre; después pide la libertad</span></i><span style="font-weight: 400;">”.  Enunciados que resuenan en un eco profundo: “</span><i><span style="font-weight: 400;">la primera revolución es la de dentro</span></i><span style="font-weight: 400;">”</span> <span style="font-weight: 400;">escribe Pessoa. Si hay alguna afirmación que subyace a todas las demás es la importancia de la subjetividad. La subjetividad como elemento revolucionario, cómo desde el interior hacia afuera podemos cambiar las cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;"> Todo es la actitud que tiene un sujeto frente a lo que ve, cómo creamos las propias situaciones y el valor de las cosas. Eso nos define como individuos: la manera como decidimos actuar. Por esta misma continuidad, es un buen momento para mencionar una de las obras más conocidas del artista Marcel Duchamp, también comentado durante la charla, </span><i><span style="font-weight: 400;">Fountain, </span></i><span style="font-weight: 400;">uno de sus <em>ready-made</em> más famosos. Esta pieza consta de un urinario expuesto del revés, en su momento exhibido en Nueva York. Una obra realizada con objetos cotidianos que normalmente no calificariamos de artísticos, y menos en su época. Con este giro se hizo énfasis o se quiso desvelar de alguna forma que la significación y el valor se desencadenan mediante el acto. La elección de cómo elegimos proceder es lo que transforma, en este caso, un objeto de fontanería en una obra, creando así un nuevo pensamiento para el objeto. Y digo que es un buen ejemplo ya que, mediante el arte, se puso acento en romper con algo lineal, provocando una quiebra del determinismo, experimentando otra forma de ver y de estar en el mundo. Cómo con un gesto tan simple –coger un objeto y quitarlo de su contexto– se llegan a actualizar nuevos imaginarios: se trata de un signo revolucionario. Volviendo otra vez a la frase del poeta portugués se nos presenta principalmente como una propagación de abrir espacios de nuestra propia experiencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Otro de los poetas mencionados ese día, que comparte el discurso de la subjetividad y la fe en ella para cambiar, es Raoul Vaneigem con su canto a la poesía y al placer compartido. Me gusta citar a poetas que con su trabajo han llevado a cabo una revolución que a día de hoy sigue resonando, ya que como le dijo una vez Juan Ramón Jiménez a Ida Vitale, también poeta, “</span><i><span style="font-weight: 400;">lo mejor que puedes hacer es escribir y guardar. Guardar en un cajón y sacarlo con el tiempo</span></i><span style="font-weight: 400;">”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;"> Con todo esto, y retomando la idea de abrir nuevos espacios a la experiencia rompiendo con la horizontalidad, haré reseña al espacio vacío que se ha creado dentro de la cultura, como algo hermético y  banal: el museo. Actualmente la cultura provoca en nosotros que como espectadores seamos pasivos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Ya habla de esto Jacques Rancière en </span><i><span style="font-weight: 400;">El espectador emancipado. </span></i><span style="font-weight: 400;">¿Por qué ahora los museos, galerías de cubo blanco, a no ser que seas del entorno del </span><i><span style="font-weight: 400;">Mundo del arte</span></i><span style="font-weight: 400;"> nada nos llama a abrir sus puertas? ¿Dónde está el punto que nos mantiene activos frente a algo? Aquí es donde considero que el arte tiene uno de sus papeles más importantes, el de llevar a la deriva, el de como se ha mencionado antes, romper para reapropiarse de la cultura y de la revolución para así quebrar con el museo como institución hermética fuera del alcance de la sociedad. Para ello explicaré un par de casos. Del primero pude ser partícipe hace unos tres años en las calles de Barcelona. El otro fue durante este verano en Viena, en uno de sus grandes museos, el </span><i><span style="font-weight: 400;">Leopold Museum</span></i><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Estos dos ejemplos me servirán para explicar cómo se corta un “</span><i><span style="font-weight: 400;">in between</span></i><span style="font-weight: 400;">” entendido como espacio donde no ocurre nada aparentemente, y que mediante la acción, como he explicado antes, se abren nuevas experiencias que aportan registros de complejidad que creíamos olvidados en el pasado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><i><span style="font-weight: 400;">La hora del té. </span></i><span style="font-weight: 400;">Así titulamos el proyecto de intervención en el espacio público junto con unas compañeras. El objetivo del trabajo consistía en irrumpir los lugares de paso de Barcelona, donde todo el mundo se encuentra en un momento, comparten un tiempo y un espacio pero sólo transitan. Localizamos algunas de esas zonas, como el paseo del Arco del Triunfo, la plaza de Sant Jaume, las Ramblas, entre otros. Al llegar a cada uno de esos destinos, colocamos en el centro de la calle o plaza, una mesa con unas cuantas tazas de té o café e invitamos a la gente que quisiera a unirse a nosotras. Fue una gran sorpresa ver cómo mucha gente respondió acercándose, hablándonos sobre sus vidas, explicándonos porqué estaban en Barcelona, qué hacían allí, a dónde se dirigían. Incluso vino algún que otro policía, alguno para advertirnos y otros para tomar café y hablar de arte. Mediante este cruce incómodo, llegamos a modificar un punto dentro de la función del ambiente, aunque sólo fuese por unas horas. Las relaciones sociales son las que hacen posible este cambio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Por otra parte, este verano visité el </span><i><span style="font-weight: 400;">Leopold Museum </span></i><span style="font-weight: 400;">en Viena, donde disponen de la colección más importante de obras de Egon Schiele, junto con otros artistas como Gustav Klimt, y, para mi sorpresa, pude presenciar algo que me sorprendió en un lugar como ese. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Me encontraba paseando por uno de sus salones cuando avisté a un hombre tumbado en el suelo retorciéndose y moviéndose con tal lentitud y delicadeza contra el suelo y pared que me recordaron totalmente a las pinturas de Schiele. Era como ver uno de sus dibujos en vivo y en movimiento. Además, la figura se parecía extraordinariamente a los personajes creados por el artista. Fue un punto totalmente chocante, pude ver como diferentes personas se acercaban al guardia de aquella sala, algunos preguntando qué estaba ocurriendo y otros indicando que alguien poco decente se había colado dentro del museo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Por tanto, las prácticas artísticas pueden cambiar las cosas desde la experiencia individual, quizá no de una forma evidente dentro de la política o la sociedad, pero todo lo que nos produce un toque de atención dentro de nosotros que puede cambiarnos y provocar un nuevo orden de las cosas, son susceptibles de ser cambiadas desde fuera. La posibilidad existe. Parálisis o rebeldía. Generar recepción al diálogo, la posibilidad de transformación de la sensibilidad y el conocimiento de otras realidades. Lo más importante no es lo que dices, sino cómo lo dices –si es que ambas cosas se pueden separar–. Aquí es donde el arte debe ser un punto a favor a toda esta marea. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-weight: 400;">Y aprovechando que he mencionado a Egon Schiele, recupero uno de sus escritos, del periodo que estuvo entre rejas: “</span><i><span style="font-weight: 400;">El Arte no puede ser moderno, el Arte es eterno</span></i><span style="font-weight: 400;">.”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="attachment_2038" class="wp-caption alignnone" style="width: 1684px"><img class="wp-image-2038 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2017/03/AINA-FOTO-NE-TRAVAILLER-JAMAIS.jpg" alt="Leyenda" width="1684" height="947" />
<p class="wp-caption-text">Fotografía tomada por la autora durante una <em>performance</em> en el <em>Leopold Museum</em> de Viena el pasado verano © Aina Dorda, 2016</p>
</div>
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		<title>Un poco de crítica, ¡al fin!</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Aug 2015 17:18:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Universitat Autònoma de Barcelona]]></category>

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		<description><![CDATA[CONTRA LA COOLTURA Art i política a Catalunya Joan M. Minguet Batllori Edicions Els Llums, 2015 Joan M. Minguet Batllori, profesor de Historia del Arte contemporáneo y cine en la Universidad Autónoma de...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>CONTRA LA <em>COOL</em>TURA<br />
Art i política a Catalunya</strong><br />
Joan M. Minguet Batllori<br />
Edicions Els Llums, 2015</p>
<p style="text-align: justify;">Joan M. Minguet Batllori, profesor de Historia del Arte contemporáneo y cine en la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de la ACCA, (Asociación Catalana de Críticos de Arte) ha publicado el libro <em><a href="http://www.edicionselsllums.com/llibreria/index.php?route=product/product&amp;product_id=98" target="_blank">CONTRA LA COOLTURA. Art i política a Catalunya</a>.</em> En este libro se reúnen los artículos y entrevistas que ha publicado desde 2013 en diversos medios de comunicación y en <a href="http://pensacions.blogspot.com.es/" target="_blank">su propio blog </a><em><a href="http://pensacions.blogspot.com.es/" target="_blank">Pensacions</a>.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de un libro breve (137 páginas), de rápida lectura, que va directamente al grano y que da gusto leer. Los artículos también son breves y concretos y surgen de la indignación, pero demuestran cómo, más allá del enfado, hay unas claras estrategias culturales y políticas que hay que denunciar. Utiliza varias veces la metáfora de Bertolt Brecht según la cual la cultura tiene que ser un martillo para dar forma a la realidad y en cierta manera cada artículo es un martillazo para denunciar las diferentes estrategias de la banalización de la cultura: desde las más altas instancias políticas (el consejero Mascarell, el gran destructor) hasta las periodistas como Bibiana Ballbè, que realmente llevan a la práctica las políticas concretas banalizadoras no sólo en los medios de comunicación, sino también en las instituciones culturales concretas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, ¿qué es para el autor la banalización de la cultura? Es una manera de divulgar la cultura (y de generar una cierta cultura) que pone tanto el énfasis en el entretenimiento, la seducción visual y la facilidad de la recepción que llega a anular los demás valores como la capacidad crítica, la reflexión, el diálogo, la posibilidad de transformación de la sensibilidad y el conocimiento de otras realidades. Cuando periodistas como Ballbé dicen que: “La mejor manera de hablar de cultura es hacerlo de manera entretenida”, “Estamos en la tele y las cosas tienen que ser bonitas”, ”La cultura no quiere decir una cosa gris, aburrida y difícil de digerir, al revés, hagámosla entretenida, atractiva, sexi y mucha más gente se interesará por la cultura”, “Desde cuándo la tele es profunda?, la tele es un medio super rápido, hiper rápido, tú estás utilizando la tele como ventana…&#8221; (pp. 37-38. La traducción es mía) Esto es banalizar la cultura en la televisión. Y cuando una realizadora como Mai Balaguer, en el momento de referirse a los contenidos culturales dice que “lo más importante no es lo que dices, sino cómo lo dices”, se trata de pura frivolidad. (p.40)</p>
<p style="text-align: justify;">También es banalizar la cultura cuando se eligen periodistas televisivos para organizar acontecimientos culturales como el tricentenario de 1714 (Mikimoto y Toni Soler) y sobre todo cuando la acción política del consejero Mascarell pasa de un supuesto y vaporoso <em>noucentisme</em> a una acción concreta de destrucción por la destrucción.</p>
<p style="text-align: justify;">El libro tiene aires panfletarios en el mejor sentido de la palabra (incluye uno concreto, además), no es un texto de teoría de la cultura, pero necesariamente enmarca su crítica de la banalización de la cultura en nuestro contexto. La cultura contemporánea está atravesada por dos grandes corrientes que en algunos momentos se alimentan mutuamente y en otros chocan: “Ahora, la cultura ya no está formada exclusivamente por la erudición libresca, o por el mundo de las artes selectas (la música de cámara, la ópera, la historia de la pintura de la nobleza y de la burguesía…), sino que a esta información se añade toda aquella que proviene de la cultura de masas: la fotografía, el cine, las artes de la calle, la música enlatada de distribución y de consumo masivo, la publicidad en todas sus variantes, todo el caudal de la vorágine urbana, la pornografía, la moda, y obviamente, la televisión (…) “La información se ha multiplicado exponencialmente. El <em>homo videns</em> no puede abarcarlo todo, tiene un acceso parcial a la cultura”   Esto tiene unas consecuencias directas sobre la propia información: “Ya no es estrictamente conocimiento, como pasaba en la época de la Ilustración –o de la modernidad-; ahora, la información es necesario contrastarla, compartirla, analizarla… para acabar convirtiéndola en conocimiento.” (p.58)</p>
<p style="text-align: justify;">Para Minguet la cuestión es intentar alejarnos de las políticas y de los medios de comunicación cuya misión es la de crear y reproducir los “analfabetos secundarios” que pronosticaba el escritor Enzensberger. Se trata de aquellas personas que sabiendo leer y escribir viven ajenas a la cultura formativa, a la transmisión del pensamiento y al contraste de discursos por medio del lenguaje verbal. Un tipo de personas muy bien adaptadas al medio, sin nada que pueda alterar su conciencia y que nunca echarán de menos otro tipo de formación cultural… Una parte importante del problema es que aquellas personas que capitalizan los mensajes que se escuchan en los grandes medios de comunicación “dinamiten la capacidad transformadora que estos medios puedan tener. Y apuesten claramente por la simplificación” (p.59)</p>
<p style="text-align: justify;">Lo divertido de la escritura de Minguet es que en medio de estas ideas tan serias y con un punto apocalíptico salga con ejemplos en forma de chiste serio, que te hacen reír: hablando de la frivolidad de los medios de comunicación cita a Josep Murgades cuando dice que en Cataluña si alguien se tira un pedo le tratan como un especialista del aparato digestivo… Minguet dice que ahora es peor: alguien se tira un pedo y le entrevistan… y si el pedo es soberanista o contrasoberanista le dedican páginas y minutos sin parar… (p.59)</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, la banalización de la cultura no reside sólo en los medios de comunicación, sino que hay otro frente más grave que es el de la acción política del actual consejero de cultura Ferran Mascarell cuya gestión le merece al autor el sobrenombre de “el destructor”. El fondo de la cuestión viene dado por el nulo interés que Mascarell tiene por la cultura contemporánea en general y por el arte en concreto, sobre todo si se entiende como una práctica crítica y comprometida con la realidad actual. Además de la desconfianza por cualquier tipo de participación de los profesionales del sector en la toma de decisiones y por la obsesión en las “industrias culturales”. Minguet afirma (con una de sus bromas serias) que si los presidentes de la Generalitat de la democracia y sus respectivos consejeros de Cultura hubieran vivido en la Florencia renacentista, la <em>Galleria degli Uffizi</em> no existiría, porque no se hubiesen preocupado por los artistas del presente, de nuestro presente.</p>
<p style="text-align: justify;">De una manera más concreta, las ideas de Mascarell se han plasmado en la práctica con la destrucción de muchos de los proyectos de gobiernos anteriores y la paralización o reducción al mínimo de numerosos e interesantes centros de arte: son los sabidos casos del CoNCA, (Consell Nacional de la Cultura i de les Arts, reducido a una caricatura) del Canódromo (futuro centro de arte contemporáneo suprimido) de Can Xalant de Mataró (reconvertido prácticamente en centro de exposiciones) etc. A partir de las ideas y prejuicios del gobierno de CiU, de las de su consejero Mascarell y la mala gestión de la crisis económica, el golpe a la creación contemporánea está siendo muy duro.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro de los temas que Minguet trata en el libro es el de los museos y en especial en el MNAC. Es interesante remarcar este hecho por dos razones: la especial importancia de un museo “nacional” en un país, como Catalunya, que opta decididamente a su independencia política y también porque es una de las partes del libro en la que el autor admira decididamente una transformación concreta. Minguet plantea la necesidad de que los artistas y los críticos se impliquen en el proceso político y social de la futura República Catalana, que también es un proceso cultural. Hasta ahora, la voz de los artistas y los críticos ha brillado por su ausencia, pero una de las virtudes del libro de Minguet es la del llamamiento a debatirlo todo, a replantearlo todo y a reactivar la voz de los artistas y críticos, hasta ahora tan dormida. No puede haber una ausencia de ese tipo en un proceso tan importante. Por otro lado, Minguet profundiza en las contradicciones de un “museo nacional” de una nación sin reconocimiento real de su condición, a diferencia de los museos nacionales de España o Francia, y por lo tanto sin una colección que realmente muestre este relato “nacional”. Sin embargo, en la nueva ordenación de las salas realizada por Juan José Lahuerta, Minguet ve una posibilidad de reconducción de las contradicciones manifiestas del museo y por tanto una superación de la banalización de la cultura: “El paseo pausado que he hecho por las nuevas salas me ha maravillado. Y me ha reconfortado la posibilidad que los museos catalanes puedan reformularse. Que no tengamos que vivir permanentemente en aquellas convenciones museográficas que fueron modernas pero que han dejado de serlo.” (p.106) El acierto de la nueva concepción del discurso museístico del MNAC (de los siglos XIX y XX) se basa sobre todo en tres ideas: En lugar de centrarse en los autores se centra en el valor de las obras y en la capacidad de diálogo de estas obras con otras. Por otro lado, ha dejado un poco de lado la cronología estricta para no encasillar demasiado rígidamente esas mismas obras. Por último, y quizá lo más importante, no se ha limitado a confiar exclusivamente en la pintura y la escultura para formar el discurso, sino que ha incluido las artes aplicadas, la fotografía, el cartelismo y a veces el cine para construir la narración visual de este periodo.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último me gustaría destacar no sólo la audacia y la contundencia de las ideas de Minguet, sino también su invitación al sector que representa (críticos de arte, teóricos, profesores, directores de museos, pero también a los propios artistas) a participar en los debates políticos y sociales de los que han estado muy apartados en los últimos tiempos, como es el caso actual del proceso hacia la independencia. Hay que reconocer que ni las asociaciones de críticos ni de artistas han estado especialmente activas en las campañas a favor de la recuperación de la memoria histórica, por ejemplo. Implicación que sí han tenido artistas concretos como Francesc Abad, Pep Dardanyà, Francesc Torres, entre otros. Pero no sólo eso, Minguet exige que los críticos participen y sean escuchados (como mínimo, cosa que ahora no pasa) en las decisiones que les afectan directamente por parte de la administración. Esta falta de diálogo y mucho menos de participación ha alcanzado en estas últimas legislaturas su punto culminante. Esperemos que en los próximos gobiernos de la Generalitat esto no siga ocurriendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, creo que la idea más importante del libro es la firmeza de la defensa que el papel del arte y la cultura contemporáneas deben tener en la formación de las personas críticas y sensibles. Y cómo esta “cultura estética” es un elemento fundamental de la transformación de la sensibilidad, de la autonomía personal y de la propia libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p><img class="alignnone wp-image-1882 size-full" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2015/08/miguet_llibre.png" alt="Joan M. Minguet" width="620" height="288" /></p>
<p>Joan M. Minguet y la portada de su libro <i>Contra la </i>Cool<i>tura</i>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;No nos podemos dejar vencer por la mediocridad&#8221;</title>
		<link>http://situaciones.info/revista/no-nos-podemos-dejar-vencer-por-la-mediocridad/</link>
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		<pubDate>Sun, 17 May 2015 18:13:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Joan M. Minguet]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Joan M. Minguet Batllori es presidente de la ACCA, la Asociación Catalana de Críticos de Arte. Además es profesor de la UAB, comisario, escritor y colaborador de Situaciones. La suya es una de...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1" style="text-align: justify;"><strong>Joan M. Minguet Batllori es presidente de la ACCA, la Asociación Catalana de Críticos de Arte. Además es profesor de la UAB, comisario, escritor y colaborador de Situaciones. La suya es una de las voces más autorizadas del panorama crítico y artístico en Cataluña. Nos hemos dirigido a él en busca de un análisis urgente de la situación artística y cultural contemporánea en Cataluña, marcada<span class="Apple-converted-space">  </span>por la crisis y los gobiernos conservadores.</strong></p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>Antonio Ontañón:</b></span> Después que ha pasado un año y medio del nuevo gobierno de la Generalitat y del nuevo gobierno municipal de Barcelona se han producido unos importantes cambios que señalan una nueva línea de actuación en la política cultural, cuáles son a tu entender las características principales de esta nueva línea? Entre los cambios más señalados está el de la práctica disolución del CoNCA, (Consejo artístico con carácter decisorio independiente de los gobiernos) ¿cómo valoras este hecho?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>Joan M. Minguet:</b></span> A mi entender lo más preocupante es la fisura que se produce entre los representantes políticos y la ciudadanía. Eso no es nuevo, pero el gobierno conservador de CiU ha llevado hasta el máximo registro la idea de que su acceso al poder les permite hacer todo lo que les plazca, sin dialogar con el sector cultural, sin conocer las opiniones de este sector o, conociéndolas, sin hacer ningún caso de ellas, Cuando esgrimo esa necesidad de diálogo entre el poder y la sociedad civil, hay algunos que me dicen que no tienen ninguna necesidad de ello, que ellos han sido elegidos democráticamente y tienen que gobernar. Y no se me escapa que eso es así, que su acceso al poder es legítimo y democrático, pero discrepo en que la relación de los políticos con los ciudadanos deba reducirse a un voto cada cuatro años; ellos tienen la obligación de establecer puentes de diálogo continuo durante estos cuatro años, la sociedad debe intervenir continuamente en la marcha de la sociedad (dialogando, criticando o alabando, protestando, manifestándose…). Por otra parte, los gobiernos siempre pactan sus resoluciones con los poderes financieros, con las instancias supragubernamentales, con los lobbies farmacéuticos… Pero al sector cultural, dónde no hay grupos de presión, que trabaja con el presupuesto más bajo de todos los departamentos de la Generalitat, una miseria, nadie le hace caso.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">La disolución del modelo de CoNCA que el Parlament de Catalunya había aprobado y se había puesto en marcha a penas tres años antes es una demostración palpable de que los políticos (el conseller Mascarell) han hecho lo que han querido a pesar de que el sector se oponía a esta pronta disolución y a pesar de que el sentido común indica que un estamento que solamente lleva un par de años de funcionamiento, pero que había llevado un lustro de discusiones y de pactos, no puede sustituirse cada cuatro años con esta soltura. El modelo anterior de Consejo de las Artes tenía defectos, sin duda, pero podían ser subsanados si se creía en el modelo, esto es, la independencia de las subvenciones culturales respecto al gobierno de turno. Ahora hemos vuelto a un modelo etéreo, dependiente de la administración, ya veremos cómo se concreta todo este plan de Mascarell.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Otro cambio muy señalado ha sido el de la reconducción del proyecto del Canódromo hacia Fabra i Coats, en Sant Andreu y la cesión del edificio de Bonet a Barcelona Activa un “vivero” de empresas culturales. Se podría decir que este hecho cristaliza un ideario?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> Si el Canòdrom era inviable económicamente, ¿por qué nadie lo dijo antes?, ¿por qué se permitió que la promesa de las instituciones (Generalitat y Ayuntamiento) de que Barcelona contaría con una <span class="s2"><i>Kunsthalle</i></span> quedara en nada?, ¿por qué se realizó un concurso internacional para que hubiera un director del centro si, después, nadie hizo caso al proyecto de ese director?, ¿por qué no se terminan las obras cuando falta tan poco para que el edificio esté habilitado para albergar un buen centro de arte?&#8230; Una vez más, las luchas políticas entre partidos o entre facciones tienen consecuencias en el sector más débil, el de la cultura. Es impensable que un gobierno empiece un hospital y el nuevo gobierno cancele su terminación cuando faltan los acabados finales. Pero con el arte contemporáneo todos los políticos se atreven, saben que a la mayoría de la sociedad no solamente no le preocupa demasiado las cosas de los artistas visuales de su tiempo, sino que contarán con su respaldo si, demagógicamente, arguyen que los discursos del arte contemporáneo son cerrados y elitistas. Una ciudad como Barcelona debería contar con un gran centro de arte emergente, y debería tener un centro diferente, singular, eso es lo que perseguía Moritz Kung con su proyecto de Canòdrom, no que tuviéramos un centro de exposiciones más, que ya veremos cómo termina funcionando y de quién depende. El gran problema es que los nuevos gobiernos deciden cosas, pero se tiene la sensación (yo tengo la convicción) de que no hay un plan detrás, se van dando saltos detrás de saltos, improvisando y, con la excusa de la crisis, se van ocultando las carencias.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Uno de los argumentos que se utilizan para justificar estos cambios es de carácter económico: la crisis, pero ¿hasta qué punto no están motivados por un factor ideológico? ¿Hasta qué punto la reorganización de los centros de arte y cultura en grandes líneas dirigidas cada una por grandes equipamientos (MACBA, MNAC, etc.) no supondrá una pérdida de autonomía?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> Me repito: se hacen planes de museos sin contar con la opinión de personas que, lejos de la organización de los partidos políticos, han estudiado y han reflexionado sobre la cuestión. El nuevo plan de museos, por una parte, recupera cosas que ya están en funcionamiento (en mal funcionamiento) o que ya se habían puesto en práctica en épocas anteriores; por otra parte, se presentan muchos diagramas y dibujos de <span class="s2"><i>Power Point</i></span>, pero nadie sabe qué provisión económica y qué organización interna debe tener ese “nuevo” plan museográfico. Tengo la sensación de qué nadie quiere abordar la cuestión con radicalidad: plantearse la validez del MNAC como un museo enciclopédico cuando su contenido tiene un atractivo muy relativo (exceptuando los frescos románicos) respecto a los grandes museos europeos de este tipo; tal vez, el MNAC pueda conformar un modelo distinto, acorde con sus fondos y con la historia artística que representa, la de una nación sin Estado, la de una cultura en permanente estado de alerta. También sería hora de plantearse la validez del modelo MACBA, nunca he entendido por qué un museo debe regirse por la cronología (la cantinela esa de que el museo empieza en los años cuarenta), creo que debería regirse más por los discursos y permitir el diálogo con ese período tan fructífero del arte catalán, el de las primeras vanguardias.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Crees que en el mapa de instituciones culturales que se va dibujando hay un equilibrio real entre acción museística (archivo), exhibición y producción? ¿Cómo queda dibujado en este esquema el arte más joven y experimental?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> El futuro es desalentador. La sociedad ve con un respeto mayúsculo la mayor parte del arte del pasado, aunque no lo entienda (suponiendo que alguien entienda de verdad cosas que todo el mundo da por sabidas, me refiero a piezas insignes de la historia del arte como Las Meninas o La Primavera de Botticelli, por ejemplo). Pero, en cambio, los artistas de su propio tiempo son descalificados, desacreditados, insultados… La situación cultural, en este sentido, ha ido a peor, estamos en la sociedad de la visión, pero en la visión placentera, todo lo que parezca raro u obvio es detestado. Un ejemplo reciente es la facilidad con la que políticos, periodistas y ciudadanos han atacado explícita o implícitamente el monumento a los castellers de Antoni Llena. Los políticos no apoyan al arte emergente, ¿cómo lo van a hacer si tampoco entienden nada del arte de hoy día?, y lo afirmo categóricamente porque es lógico que no se enteren. Si no van a ver exposiciones, si no leen sobre la cuestión, si están todo el tiempo dedicándose a la política profesional, ¿cómo van a entender y a apostar para que un chico joven plantee una reflexión con sus pinturas, sus performances o sus instalaciones? Después, la obra expuesta será buena o no lo será, pero es que lo difícil es que se produzca el hecho mismo de la mostración. Los artistas jóvenes y los críticos o comisarios que trabajan con el arte emergente lo tienen difícil. Pero eso, en lugar de ser un obstáculo, debe ser un acicate.<span class="Apple-converted-space">  </span>Y no es retórica: creo que no nos podemos dejar vencer por la mediocridad, por la intolerancia, por la pasividad, por las mentes cerradas que adoran o dicen que adoran el arte del pasado y detestan el arte del presente, su arte.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Cómo tendría que ser la política de nombramientos de los cargos directivos de los centros de arte y de cultura? Por qué a tu juicio a veces se convocan concursos y a veces no?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> Siempre se debería respetar el Código de las Buenas Prácticas Culturales, es decir, siempre deberían convocarse concursos para proveer las direcciones de los museos. Pero, claro, eso debería ser así siempre que los jurados sean realmente independientes, de verdadero prestigio internacional y que no conociéramos candidatos con antelación y sin necesidad de investigar, por simple cotilleo (y candidatos que casi siempre acaban haciendo buenas las predicciones, por cierto). Pero, ¿cómo vamos a pedir o a exigir concursos para dirigir museos y centros de arte si, a ese paso, nadie se presentará a esos concursos con los antecedentes de Moritz Kung y de otros, con la indefinición y los cambios continuos en la política cultural?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> ¿Cuál puede ser la actitud del crítico de arte respecto a esta situación, tanto individualmente como de forma colectiva?<span class="Apple-converted-space">  </span>En este sentido la concesión de uno de los premios de la ACCA al Espai Zero1 de Olot, y las diferentes llamadas de protesta que se han hecho respecto al CoNCA, por ejemplo, marcan una línea? Ante esta perspectiva negativa, ¿qué podemos hacer? ¿Cuál puede ser a medio plazo la consecuencia de la unión entre la crisis<span class="Apple-converted-space">  </span>y la nueva ordenación del sistema del arte? ¿Estaremos ante una diáspora <span class="Apple-converted-space">  </span>generalizada de jóvenes creadores?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> No sé si el cierre de l’Espai Zero1 de Olot tendrá consecuencias, creo que hemos conseguido airear bastante la ilógica de ese cierre, que yo interpreto desde la lógica paranoica de los partidos: un gobierno nuevo, de otro color político, debe caracterizarse por terminar con las cosas más significativas que habían conseguido los del otro bando. Aunque eso sea injusto, como en el caso que nos ocupa porque el centro de arte de Olot tenía una trayectoria espléndida. Y conste que la crisis no puede servir siempre para la cancelación de proyectos, eso es, una vez más, un argumento de mediocres. Somos pocos, pero hemos “vociferado” bastante. El premio que la asamblea de l’Associació Catalana de Crítics d’Art concedió a l’Espai Zero1 creo que demuestra que, a pesar del tópico de que los críticos de arte viven alejados de la realidad social, los críticos catalanes saben responder a los ultrajes culturales. El premio se concede asambleariamente y el premio al centro que dirigía David Santaeluària obtuvo un porcentaje de voto de los más altos que recuerdo, alrededor de un 80%. Con todo, seguimos siendo un sector con poco peso cultural, si el arte de hoy día es poco valorado, los discursos que genera todavía lo son menos, pienso. Es una injusticia más. Aún estamos dominados por el canon de la literatura, lo que no es malo, pero desde la visualidad se gestan reflexiones y ensayos que explican mejor algunos de los problemas de nuestro tiempo. Habrá que seguir reivindicando nuestra esfera de actuación.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>A.O.:</b></span> Sin embargo, te hago una última pregunta ¿tú crees que se puede afirmar con rotundidad que CiU quiere sustituir el discurso crítico del arte contemporáneo por una visión de producción cultural económicamente rentable?</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>J.M.M.:</b></span> Responder que sí a tu pregunta significaría otorgarle al gobierno de CiU una estrategia cultural, un plan, y yo no creo que tal cosa exista. Es evidente que hay voces de la administración que piden que la cultura sea más rentable y, en algunas ocasiones, pueden incluso llegar a tener razón.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;">Me parece que la misión de la gente de la cultura es intentar hacer llegar sus obras y sus discursos al máximo número de personas, lo entiendan o no. El arte por el arte o la cultura por la cultura no me parecen opciones deseables. Yo, como el poeta, también maldigo la poesía concebida como un lujo cultural. Pero, claro, de ahí a pasar a defender que toda la cultura es una industria, como hacen los gobernantes de ahora y buena parte de los anteriores, y que los artistas son simplemente empresarios es una calamidad, un rebuzno, una idiotez de inquietantes repercusiones. A esas personas, efectivamente, el arte contemporáneo que genera conocimiento, reflexión y espíritu crítico les molesta sobre manera.</p>
<p class="p1" style="text-align: justify;"><span class="s1"><b>S.: </b></span>Muchas gracias, Joan.</p>
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		<title>Grafitis, arte y política en Barcelona. (O los vándalos son ellos).</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Feb 2014 21:36:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Joan M. Minguet]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los grafitis de carácter político son una forma de expresión y de comunicación que siempre han acompañado a los conflictos sociales. En algunos casos, han alcanzado un alto nivel poético y estético. Joan...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Los grafitis de carácter político son una forma de expresión y de comunicación que siempre han acompañado a los conflictos sociales. En algunos casos, han alcanzado un alto nivel poético y estético. Joan M. Minguet, profesor del Departament d’Art de la UAB,  defiende los grafitis contemporáneos ante las descalificaciones generalizadas que reciben dentro del contexto de las actuales tensiones sociales provocadas por la crisis. Toma como centro de su argumentación los resultados visuales de las acciones de protesta llevadas a cabo en la Plaza de Cataluña en los últimos tiempos (septiembre de 2010 y mayo de 2011).</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Existe un rumor que se extiende por la sociedad con velocidad intangible destinado a demonizar la práctica de las pintadas urbanas, de los grafitis. Los políticos y los periodistas del sistema se apresuran a encabezar —a propiciar— el rumor: reclaman civismo, limpieza, orden y persecución de los que practican el género de la pintada, los cuáles, repetidamente, son llamados vándalos. Además, la estrategia es lúcida: nunca hacen distinciones entre los jóvenes que, con un espray, se limitan a dejar un signo, una marca propia, en un elemento urbano de aquellos otros a los que les mueve una intención reivindicativa evidente. Y que, para ello, utilizan una de las formas artísticas más remotas, el arte parietal, el pintar sobre una pared.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En el caso de los políticos presuntamente de izquierdas que, desde el advenimiento de la monarquía parlamentaria, habían gobernado la ciudad de Barcelona hasta las elecciones de mayo de 2011 la cosa resulta ciertamente curiosa. Para acomodar el rumor a la verdad institucional, decidieron prohibir sin excepciones la práctica de la pintada urbana, emparejándola además con otros fenómenos que, según ellos, afean la metrópolis, como la prostitución, la venta ilegal o las micciones en plena calle. Resulta curioso porque durante la dictadura y durante unos prolongados años de la llamada transición, los partidos que ahora persiguen, multan y criminalizan a los grafiteros promovían ellos mismos la práctica de pintar una pared urbana con un motivo visual y un lema de reivindicación social, económica o ideológica. Su argumento debe ser que, ahora, con la democracia, aquella forma de expresión es prescindible. Se trata, de alguna manera, de esa interpretación restrictiva del contrato social postulado por los pensadores de la Ilustración según la cual un voto depositado cada cuatro años en una urna legitima a los representantes políticos a hacer lo que les plazca. No obstante, lo espurio de tal comportamiento es que son ellos mismos quienes deciden cuando un grafiti es necesario o, simplemente, posible; y, más aún, cuando, aunque ahora tengamos un sistema democrático y antes estuviésemos bajo el atropello de una dictadura, muchas de las reivindicaciones que entonces albergaban las pintadas son plenamente actuales, especialmente las derivadas de la desigualdad que caracteriza al capitalismo. Y los políticos demócratas, por más votos que hayan obtenido, no son capaces de resolverlas.</p>
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<p style="text-align: justify;">En 1977, el historiador del arte (y senador socialista) Alexandre Cirici reflejó la práctica de las pintadas murales en un libro titulado <em>Murals per la llibertat</em>. Repleto de fotografías de Pau Barceló, el libro fijaba imágenes de una práctica artística eminentemente efímera, todas ellas con un contenido explícitamente político, con motivo de las elecciones parlamentarias de 15 de junio de 1977. Cirici, en su texto introductorio, escribía: <em>“En el moment en què la pintura individual com a art moble del circuit de les galeries és solament una supervivència, els murals polítics salvatges han presentat una evident vitalitat.”</em> Una vitalidad que ha sido cercenada por aquellos partidos políticos de la izquierda parlamentaria que, para conseguir el poder, utilizaban las paredes de la ciudad y que, cuando llegaron a él, se las apropiaron alegando criterios estéticos e higiénicos solamente entendibles desde la voracidad depredadora de la política. La estrategia: en primer lugar, niegan que las pintadas puedan ser arte e, inmediatamente después, lo sitúan fuera de la ley.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Sobre si las pintadas urbanas son arte o no, el debate es, según mi entender, de muy poco recorrido. Es evidente que hay personas a las que les molesta el grafiti, más aún si los corifeos del sistema insisten en su maldad. Pero, ¿quién ha dicho que el arte deba ser placentero, bello, armonioso o deseable? No hace falta invocar el caso de Basquiat, grafitero de la ciudad de Nueva York que subió a los “altares” del mercado artístico. Ni la experiencia de Joan Miró en 1969 en la propia ciudad de Barcelona, cuando realizó una sugerente pintada de contenido político en las cristaleras del edificio del Colegio de Arquitectos. Los grafitis urbanos son una forma visual que, gustará o no, molestará o no, pero tiene los mismos componentes estéticos y artísticos que  cualquier otra manifestación. Con una salvedad, al estar integrada consubstancialmente en el paisaje urbano, es más notoria, más visible para todos los públicos (no solamente para las minorías que acuden a un museo o a una galería de arte) y, en consecuencia, siempre está bajo los ojos vigilantes de la casta de los políticos.</p>
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<p style="text-align: justify;">El paisaje, pues, resulta un paradigma de la hipocresía. Insisto: los mismos partidos políticos que antes fomentaban la práctica de unos grafitis reivindicativos, ahora los prohíben, a pesar de que los sujetos reivindicados que entonces consignaban en las paredes no hayan prescrito, ni mucho menos. Los problemas de desigualdad social persisten si no se acrecientan con la crisis económica que nos sacude a todos, aunque más a unos que a otros; pero los políticos no permiten que la juventud deje aflorar sus inquietudes, sus necesidades, sus protestas porque quieren que la ciudad se convierta en un aparador aséptico y reluciente. La campaña <em>“Barcelona posa’t guapa”</em> es uno de los insultos a la razón mejor perpetrados durante un demasiado prolongado espacio de tiempo. Tal vez en su origen la campaña contuviera un objetivo loable, pero se ha convertido en una estrategia que solamente se entiende desde los arpegios del poder.</p>
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<p style="text-align: justify;">Especialmente cuando, como en el caso que aquí explico, se prohíben las pintadas “vandálicas”, pero se permiten otras ocupaciones de los escenarios urbanos, los ejecutados por la publicidad. Quiero remitir al lector a las imágenes que acompañan a este texto. ¿Qué diferencia hay entre ellas? Las dos reflejan el mismo edificio de Barcelona, en el corazón de la ciudad, plaça de Catalunya esquina con Passeig de Gràcia, el mismo emplazamiento en el que había estado el mítico Hotel Colón, lugar de encuentro de escritores y artistas de vanguardia, posteriormente “ocupado” por el Banco Popular de Crédito (Banesto). En el momento en el que escribo estas líneas, el edificio está en fase de rehabilitación para albergar, por lo que parece, oficinas y viviendas de alto estanding. Sin embargo, poco antes de que empezaran las obras, había nacido el “moviment del 25”, un movimiento que, frente a las injusticias del sistema, y la inoperancia de los “servidores públicos” para solucionarlas, llamaba a la huelga social, a la respuesta ciudadana. Además, el movimiento y sus acciones eran un preludio de la huelga general del 29 de septiembre de 2010. El “moviment del 25”, una vez ocupado el antiguo banco, realizó esta pintada caligráfica en lo alto del inmueble: <em>“això no és crisi, se’n diu capitalisme”</em>, se podía leer. Es decir: <em>“Esto no es crisis, se llama capitalismo”</em>. Ya me puedo imaginar la indignación de tantos y tantos corifeos del sistema, del aparador barcelonés. Suerte, debían pensar, que la frase estaba escrita en catalán y muchos turistas no entenderían la profundidad que encerraba la simplicidad del enunciado, nada menos que esgrafiado en la fachada de un antiguo banco.</p>
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<p style="text-align: justify;">Pronto se encontró remedio al acto “vandálico”. La frase fue ocultada, pero ni siquiera hizo falta contratar a una brigada de limpieza, como suele hacerse. Toda la fachada fue cubierta por una gran —una inmensa— lona en la que se anuncia la marca de un coche. ¡Qué metáfora tan esclarecedora! La imagen publicitaria de un coche ha substituido una frase (<em>“esto no es crisis, se llama capitalismo”</em>) cuyo mensaje explícito y primordial era denunciar, precisamente, el mensaje inherente o implícito que contiene la súper lona en la que se anuncia un vehículo: el mal es el capitalismo. La hipocresía llevada a su máxima expresión: el Ayuntamiento de Barcelona prohíbe los grafitis, las pintadas políticas, por vandálicas, incluso aquellas que, hipotéticamente, deberían sintonizar con el ideario de los partidos de izquierda. Sin embargo, tolera que la plaza más emblemáticas de la ciudad sea invadida, “okupada”, por una inmensa lona, por un toldo que, en lugar de cuestionar el mundo injusto en el que vivimos, nos sumerge con mayor aparatosidad en sus inmundicias.</p>
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<p style="text-align: justify;">Aunque lo pueda parecer, no estoy esgrimiendo argumentos demagógicos. Que la publicidad se haya convertido en una manifestación tan frecuente o consuetudinaria en nuestras vidas no nos puede hacer olvidar que su existencia solamente puede entenderse en el contexto de la sociedad capitalista, de los sistemas económicos de libre mercado, en los que la publicidad de un producto pretende incrementar su consumo (por tanto, su demanda). Probablemente no pueda lucharse individualmente en contra de tal sistema económico, ni tampoco en contra de uno de sus estandartes, la publicidad, pero lo lamentable es que políticos de una supuesta demarcación ideológica progresista permitan —y extraigan beneficios de— la invasión de anuncios mercantiles en una ciudad y, sin embargo, prohíban la expresión de mensajes contrarios a esa realidad. A mí que me perdonen. Estoy dispuesto a discutir si, desde registros estéticos, la práctica del grafiti es un arte o no. Pero no me encontrarán en su prohibición. Especialmente, si la alternativa a la pintada urbana es, como en este caso, la publicidad más salvaje, por más que los vándalos institucionales la sancionen con sus miserables ordenanzas.</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>¿Epílogo o Preámbulo?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El texto precedente es una ampliación de un post que apareció en mi bloc “Pensacions” en febrero de 2011. Sin embargo, no puedo dejar de reseñar que, con posterioridad a esa fecha, la Plaça de Catalunya de Barcelona ha continuado siendo lugar de encuentro de personas que cuestionan la validez del sistema parlamentario actual, sometido a los dictados del capital. Y que cuestionan, también, los medios de información y de opinión que deben velar para que la verdad, plural, si no paradójica, nunca unívoca, como ahora, sea transparente. La pintada a la que me he referido, <em>“això no és crisi, se’n diu capitalisme”</em>, fue realizada, como ya he mencionado, por el “moviment del 25” poco antes de la huelga general del 29 de septiembre.</p>
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<p style="text-align: justify;">A raíz de aquella huelga general, la plaça de Catalunya fue el escenario de una pequeña revuelta. Entonces, quiero recordarlo aquí, los medios de comunicación españoles y, especialmente, catalanes se lanzaron con rabia digna de mejor causa en contra de lo que ellos volvieron a llamar vándalos, violentos, antisistema. La gran mayoría de periodistas, defensores acérrimos del sistema, no quieren grietas. En lugar de centrar las noticias en la respuesta a la convocatoria de huelga general o en los motivos de desigualdad social y de penuria económica que la motivaron, prefirieron criminalizar a unos jóvenes que habían quemado un coche de la policía municipal y que habían ocupado un edificio de la plaza. Pero, qué curioso, días después, en Francia se desató una tormenta política, huelgas, manifestaciones, barricadas&#8230; Los periódicos colocaron en primera página fotografías de coches incendiándose, pero a los jóvenes franceses no se les criminalizó, ellos no eran vándalos, la noticia se centró en la fractura del Estado del bienestar, como no podía (o debía) ser de otra manera. Pocos días después, apareció un manifiesto en contra de la criminalización de los movimientos sociales de nuestro tiempo por parte de un grupo de profesores universitarios. El eco en la prensa del sistema a ese manifiesto fue escaso, si no nulo.</p>
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<p><img class="alignnone size-full wp-image-1463" title="Situaciones" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2014/02/Captura-de-pantalla-2014-02-16-a-las-22.17.34.png" alt="" width="620" height="245" /></p>
<p><span style="color: #888888;"><strong><em>Izquierda: </em></strong><em>La mencionada campaña publicitaria de una conocida marca de automóviles cubriendo la<br />
pintada ‘Això no és crisi, se’n diu capitalisme’. </em><strong><em>Derecha: </em></strong></span><em><span style="color: #888888;">© <a href="http://foto.jborras.cat/" target="_blank">Jordi Borràs</a>. Jóvenes se informan de las<br />
movilizaciones en barrios dentro del ‘okupado’ Banco Popular de Crédito.</span></em></p>
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<p style="text-align: justify;">He querido recordar este pasado tan cercano porque es en él dónde podemos encontrar el referente más próximo a la nueva protesta en contra de las desigualdades sociales que ha tenido lugar durante los meses de mayo y junio de 2011 a partir de la consigna <em>“Democracia Real Ya”</em>. La Plaça de Catalunya volvió a alojar a una gran cantidad de personas de todas las edades que mostraban su desacuerdo con el sistema imperante, mediante manifestaciones y acampadas, incluso a pesar de la violencia ejercida por la policía autonómica para erradicar la corriente de indignación. Y, más de medio año después, la lona publicitaria seguía allí instalada, en innumerables fotografías y grabaciones videográficas de las asambleas, del campamento o de los ataques policiales se encuentra de fondo el anuncio de la marca automovilística. No sé si detrás de la lona seguía esgrafiada sobre la pared del edificio la frase que nos indicaba que el mal es el capitalismo, pero su presencia metafórica era palpable. La lona había nacido para ocultar, para silenciar el certero diagnóstico. Además, la lona de mayo de 2011 no es la misma que sirvió para cubrir el <em>“això no és crisi, se’n diu capitalisme”</em>. En un cierto momento, el Ayuntamiento permitió que, en lugar del anuncio original, canónico, una foto del coche y unas frases dirigidas a sus potenciales compradores, se colgase otro gigantesco lienzo con una estrategia publicitaria mucho más tendenciosa. Ahora, permanecía el logotipo y el nombre de la marca de coches, pero en lugar de la fotografía del vehículo aparece una imagen colosal de un primate y dos frases: <em>“encara penses que les bèsties no estimen”</em> (¿Todavía piensas que los animales no aman?) y <em>“una altra forma de pensar és possible”</em> (Otra forma de pensar es posible). ¿Qué tiene que ver ese mensaje filosófico con la industria del automóvil? Nada, sin duda. Si no fuera de mal gusto, podríamos decir que el diseñador del anuncio es otro indignado más y que participa de la idea, singularmente cierta, de que hay otra manera de ver las cosas.</p>
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<p style="text-align: justify;">Con motivo de las acampadas, una vez más, periodistas y —presuntos— intelectuales volvieron a orillar sus deberes. Si entendemos que la función de los intelectuales es dar luz, iluminar la realidad con argumentos ambivalentes, críticos y reflexivos, ayudar a pensar a través de la confrontación de ideas, frente a la aparición del movimiento <em>“Democracia Real Ya”</em> y frente al fenómeno de las acampadas, la mayoría de los que debían ayudar a reflexionar sobre ello apostaron por defender el sistema, con matices, pero sin paliativos. En los medios de opinión ortodoxos, y salvo honrosas excepciones, solamente se escucharon críticas —a menudo, feroces— en contra de los acampados, en contra de los indignados.</p>
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<p style="text-align: justify;">¡Cuánta pereza mental! O, peor aún: ¡cuánto servilismo! Esas críticas unilaterales atribuían a los indignados la capacidad de concentrar en ellos mismos el mal, en términos absolutos. Y ahí es dónde volvieron a dejar en evidencia su abducción por parte del sistema, su renuncia al papel de intelectuales. Porque los que promueven el movimiento <em>“Democracia Real Ya”</em> y los acampados podrán ser objeto de críticas, claro está, pero que nuestra sociedad esté en una crisis económica, ética y cultural de órdago no es culpa suya. Muy al contrario, es el sistema actual el culpable de las injusticias sociales; de los despidos recurrentes; de la corrupción de tantos y tantos políticos a los que no se les aparta de la vida pública, sino todo lo contrario; de la desigualdad creciente y galopante, con un inusitado incremento de la pobreza; de que gente sin ningún tipo de formación llegue a tener grandes dosis de poder por el mero hecho de pertenecer a un partido político; de que los ciudadanos que pagamos los impuestos podamos ser apaleados por unos policías pagados con nuestro dinero por el mero hecho de protestar, de indignarse; de que el mismo político pueda decidir que seamos apaleados a su conveniencia, usando las porras y las pelotas de goma que llevan unos uniformados con una formación cultural escasa, o pueda prohibir la expresión gráfica de los ciudadanos; de que los políticos elegidos democráticamente aparten su propia voluntad y se sometan a los dictados de la cúpula directiva de un partido político (¡qué imagen tan lamentable para la humanidad cuando un diputado levanta la mano para indicar a los de su partido la orientación del voto y todos, cual becerros tarados, siguen la orden!); de la creciente implantación de los partidos xenófobos y racistas… No, sin duda, los indignados no tienen la culpa de todo eso.</p>
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<p style="text-align: justify;">En el libro de Alexandre Cirici sobre los murales de los partidos políticos que, en 1977, aspiraban a comandar el paso de una dictadura a una democracia se puede encontrar la imagen de una pintada del extinto FUT (Front per la Unitat dels Treballadors) en el que leemos una frase que muchos han querido olvidar: <em>“Las libertades no se otorgan, se conquistan”</em>. En ello están algunos, a través de acampadas, de manifestaciones, de consultas populares o, por más vandálicas que algunos —políticos, periodistas, intelectuales a sueldo…— las consideren, por medio de los grafitis políticos.</p>
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<p><span style="color: #888888;">Nuestro más sincero agradecimientos a <strong>Jordi Borràs</strong>, cuyo excelente trabajo fotográfico puede apreciarse en <a href="http://foto.jborras.cat/" target="_blank"><span style="color: #888888;">su web <strong>www.foto.jborras.cat</strong></span></a></span></p>
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