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	<title>Situaciones &#124; Revista de historia y crítica de las artes &#187; Espacio público</title>
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		<title>La caída de Donald Trump y otros símbolos del poder blanco, racista y patriarcal desde EE.UU. hasta Barcelona</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2021 10:21:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Después del intento fallido de  (auto) golpe de estado el pasado 6 de enero con la finalidad de instaurar la ley marcial, anular las elecciones y la “ilegítima” victoria de Biden, los amigos de Trump que asaltaron el Capitolio, destruyeron los despachos y provocaron cinco víctimas mortales se enfrentan a duras penas de prisión. Precisamente la duración de las penas por los atentados contra las propiedades federales (hasta diez años de prisión) fueron aumentadas recientemente por el propio Trump para castigar con más dureza a los miembros del movimiento Black Lives Matter que intentaban derrocar algunos monumentos. Esta justicia poética es encantadora: ¡un decreto represivo de Trump se vuelve contra sus propios seguidores! Y aunque todavía le quedan algunos días en la Casa Blanca y puede hacer mucho daño, y poner en peligro todavía más la democracia en su país, no tendrá más remedio que abandonar el poder.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este artículo me gustaría valorar y resaltar la importancia simbólica que la acción iconoclasta del movimiento Black Lives Matter ha tenido en esta derrota y también resaltar la coincidencia temporal entre las acciones de BLM y el encendido debate que en Barcelona está teniendo lugar sobre los significados de los monumentos públicos relacionados con el colonialismo, el esclavismo y el racismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Consecuencias y extensión de la tormenta iconoclasta</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quizás una de las primeras ideas que merece la pena destacar en los dos casos es la sorpresa que se desprende por esta nueva mirada ante los significados del espacio público en el sentido más físico de la palabra. En un momento como el actual cuando parecía que los procesos de gentrificación y la universalización de internet con su hiperrealidad y su proliferación de pantallas hasta el infinito estaba eliminando la importancia del espacio público como lugar de transmisión de conocimiento, como lugar de experiencia, como lugar de identificación y de generación de nuestro sentido de pertenencia, surge toda una serie de acciones que pone en primera portada de todos los medios de comunicación precisamente, su importancia. Y lo hace de la manera más directa y clara posible: alterando radicalmente los procesos de significación de ese espacio y planteando un discurso alternativo al discurso del poder y sus mecanismos de significación.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, las fuerzas que se resisten a este cambio están generando un violencia muy fuerte que en EE.UU. se plasma en la represión policial y las acciones de los paramilitares armados hasta los dientes que usan sus armas contra los manifestantes y que son jaleados y animados desde la Casa Blanca por Trump. En el estado  español se plasman en las manifestaciones de la extrema derecha a favor de los monumentos puestos en entredicho y en el acoso a las activista y artistas que se han convertido en cabezas visibles de este debate que en el extremo, como es el caso de <a title="Daniela Ortiz y el significado de los monumentos" href="http://situaciones.info/revista/daniela-ortiz-y-el-significado-de-los-monumentos/" target="_blank">Daniela Ortiz, han tenido que abandonar el país</a>.  Violencia real contra las personas concretas que se opone al deseo de transformación simbólica de los espacios públicos en forma de esculturas públicas o monumentos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Barcelona cambia de cara</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para calibrar bien la respuesta violenta que está teniendo esta polémica no podemos dejar de abrir la mirada hacia algunos hechos concretos vistos desde Barcelona.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Quizás el primero sea la nueva valoración de Colón no como un mero descubridor sino como un agente fundamental del nuevo orden de la conquista, con la extracción de la riqueza  y la sumisión de los indígenas, como demuestran las esculturas al pie de su monumento en Barcelona. El poder directo de Colón sobre los territorios “descubiertos” pasó por muchas vicisitudes, pero fue él quien estableció el sistema de la “encomienda” mediante el cual los nativos estaban obligados a entregar una cantidad determinada de oro a los conquistadores. Diversos grupos políticos, como la CUP y los Comunes han solicitado que se desmantelara el monumento. Pero han topado con la firme negativa de la alcaldía. Paradójicamente esta negativa ha supuesto una valoración muy positiva de Ada Colau en círculos y diarios conservadores (como La Vanguardia) quienes han pasado de criticarla ferozmente a valorar su moderación y buen sentido institucional. Por cierto, que en ese mismo diario durante los meses de máxima furia iconoclasta se han publicado numerosos artículos de  opinión sobre este tema. La mayoría coincidía en intentar mantener el status quo y enviar mensajes sobre la necesidad de mantener los monumentos en su sitio, no romper nada y aceptar que aunque muchos de los representados monumentalmente tenían una historia fea y desagradable, que hay que contextualizar en su época,  no era razón suficiente para que fueran derribados. Es fácil entender hasta qué punto, para las personas más conservadoras (o que se identifican con el significado de la escultura) da mucho miedo el hecho de ver un grupo de gente que de manera directa y sin pedir permiso, pertrechados con gruesas cuerdas, se ponen de acuerdo, se organizan de manera espontánea para intentar derribar un monumento. Es el momento en que la gente anónima, hasta ese momento acomodaticia, dormida, abrumada por sus  problemas individuales, toma conciencia de la injusticia histórica  representada en esos monumentos, coge la cuerda con las dos manos y tira con todas sus fuerzas para intentar derribar ese símbolo y transformar el significado del espacio público. ¡Es un gesto radicalmente emancipador!</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pocos ejemplos mejores de lucha contra la alienación contemporánea se pueden encontrar en estos días que estos grupos de personas que sin conocerse entre sí toman en sus manos las cuerdas y tiran de ellas para hacer caer los monumentos a pesar de la oposición de la policía y de los grupos paramilitares. Un gesto que además es amplísimamente difundido por los medios de comunicación y que cambia radicalmente los significados urbanos.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las ondas que genera esta tormenta iconoclasta llegan hasta muy lejos de diversas maneras. En primer lugar no sabíamos hasta qué punto el espacio público de los EE.UU. estaba poblado de estatuas y monumentos que representaban los valores racistas y esclavistas de los militares y políticos representantes de los estados del sur en la Guerra de Secesión. Se ha repetido en estos días cómo estos estados perdieron la guerra pero “ganaron la paz” en el sentido de la fuerza del prestigio y la construcción del relato. Lo cual permitió que sus monumentos ocuparan muchísimos lugares importantes de las ciudades americanas, no sólo del Sur, pero sobre todo allí. Durante mucho tiempo fueron invisibles. Hasta ahora que la furia iconoclasta los ha hecho visibles y derribables…</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Resignificación</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las críticas más conservadoras han asociado el hecho de derribar estos monumentos con el vandalismo, el gamberrismo o el intento de eliminar los documentos de la Historia. Al contrario, según mi punto de vista, implica dar una nueva vitalidad a los significados del espacio público. Es la afirmación radical de la importancia de los significados que la ciudad ofrece en los espacios públicos. Es una resignificación del espacio público. Es la afirmación de su importancia. No puede ser que el espacio de las ciudades exhiba símbolos racistas o colonialistas, que van contra los derechos humanos más elementales.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el proceso de resignificación hay un primer paso de transformación y ruptura que por un lado da al monumento su máxima visibilidad en el momento de ser destruido y al mismo tiempo elimina su vigencia al ser derribado físicamente. Evidentemente, esa destrucción implica que la correlación de fuerzas entre los defensores del <em>statu quo</em> y los partidarios de la transformación se está alterando. De hecho, seguramente está a punto de caer, como le ha pasado a Trump en Estados Unidos pese a haber desplegado una formidable violencia institucional y paramilitar para intentar detener este proceso. Precisamente, una de las primeras acciones que llevó a cabo Trump en el momento en el que fue consciente de haber perdido las elecciones fue la de cambiar a los máximos responsables del Pentágono que, precisamente, estaban trabajando en un propuesta de eliminación de nombres de destacados militares sudistas de varias de sus instalaciones.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Monumentos modificados</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por otro lado, el hecho de señalar y atacar algunos monumentos con pintura en el contexto de esta polémica nos ha permitido ampliar nuestros conocimientos sobre las biografías y los hechos de los representados y valorar hasta qué punto está cambiando la sensibilidad actual ante los temas planteados y el nivel de permisividad o de indulgencia ante ellos. Por ejemplo, el ataque con pintura roja al monumento al escritor Indro Montanelli, en Italia, nos hizo saber que el propio escritor presumía en entrevistas de los años sesenta de haber “comprado” una niña de doce años durante la guerra de Abisinia para casarse con ella. La suma de abuso patriarcal más abuso colonial y racista, más el exhibicionismo de sus declaraciones ha llevado a algunos militantes a rociar con pintura roja la estatua de su monumento en Milán. Si no se hubiera producido esta modificación temporal del monumento, no estaríamos hablando de este tema ahora. Tampoco sabríamos nada de esta zona oscura de la biografía del escritor. Es un ejemplo de intervención sencilla, efímera, pero que señala, hace visible el monumento y logra una resignificación sobre la biografía de la persona monumentalizada y los valores que encarna. Evidentemente uno de los políticos que más insultó a las personas que habían realizado esta acción fue el político xenófobo de extrema derecha Matteo Salvini.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Otro caso notable han sido las acciones en Bélgica sobre los monumentos que representan al rey Leopoldo II (1835-1909) que han llevado a las autoridades de Amberes a retirar su estatua. A pesar de ser de dominio público las atrocidades a las que sometió a la población del “Congo Belga” durante su reinado, sus monumentos seguían presidiendo numerosos espacios públicos belgas, transmitiendo un significado de colonialismo eurocéntrico que a él mismo le hubiera encantado.  Pocos ejemplos como el de Leopoldo II resumen de forma más efectiva hasta qué punto los monarcas y los poderosos europeos endulzaban con todo tipo de proclamas paternalistas y filantrópicas la dureza brutal de la explotación económica más feroz y sádica que se pueda imaginar.  La lucha contra la  hipocresía de permitir que los monumentos a Leopoldo II continuaran transmitiendo sus valores coloniales ha llevado a la modificación temporal de estos monumentos o a su retirada definitiva a un almacén o un museo.  Pero como en el caso anterior, estas acciones han hecho posible encender el debate sobre lo que significó la explotación de este monarca sobre la población africana y el origen de la riqueza de la familia real. Explotación que en este caso se realizaba a título personal, ya que los territorios de la cuenca del río Congo eran su propiedad personal, no del estado. </span></p>
<p><b><br />
Fascismo siglo XXI</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para acabar, quisiera hacer una reflexión a modo de conclusión. Es evidente  que hay una conexión entre los líderes de extrema derecha de los diferentes estados del mundo occidental y los seguidores que se sienten representados por ellos.  Desde los “Proud boys” trumpistas hasta los votantes de Vox en España, pasando por los seguidores de Bolsonaro en Brasil. Esta conexión es el miedo a la transformación social y cultural de nuestro mundo. Como en el fascismo clásico de los años treinta, el miedo que produjo la crisis económica del 29 y la onda expansiva de la revolución soviética fue monopolizado en algunos países por la demagogia xenófoba del fascismo. Franco, Hitler, Mussolini se alimentaron de ese miedo que hacía temer a amplias capas de la población la pérdida de sus “privilegios” ante las mujeres, los sindicatos obreros, los extranjeros…</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La suma de las actuales crisis está provocando también ahora una polarización de la sociedad. La suma de la  crisis medioambiental, la crisis económica, la crisis de la sociedad patriarcal, la crisis de representación política, la crisis de los valores coloniales eurocéntricos, puede provocar dos tipos de reacciones opuestas. O el intento de transformación del presente a partir de la solidaridad, la justicia social, la nueva valoración del común, la profundización en la democracia o el intento de imponer una supuesta defensa de los privilegios amenazados por medio del autoritarismo más represivo que en aras de la defensa de los valores tradicionales destruya o limite los derechos democráticos y ponga en un segundo plano los derechos humanos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En este contexto es en el que hay que entender la actual tensión que se produce en el espacio público por las diferentes fuerzas que pugnan por su significado. Una pugna entre los que quisieran limitar los derechos democráticos de unas poblaciones cada vez más complejas y preparadas intelectualmente y los que entienden que la democracia es básicamente un proceso continuo de expansión de estos derechos, de crítica y de construcción constante.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No olvidemos que en la aberración constante de la difusión de las mentiras y las noticias falsas, los trumpistas asaltantes del Capitolio proclamaban defender su nación y la democracia contra el partido  demócrata y el demonio (&#8220;Pelosi: Satán&#8221; decían algunas pancartas)  por lo tanto, nos damos cuenta que más allá de las proclamas, la acción política es quizás más importante que nunca. Y seguramente la politización del arte y de la cultura, también. El movimiento Black Lives Matter parece que se ha dado cuenta de ello con mucha claridad. Aunque se podría decir que no ha sido el principal responsable de la caída de Donald Trump, si tenemos en cuenta otros factores como la gestión de la pandemia, sin embargo, sí se puede afirmar que BLM ha sido un agente muy importante de movilización política de una gran parte de la población sensibilizada contra el racismo y por la justicia social. Y que esto ha ayudado claramente a un aumento del voto anti Trump.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Desde los parques</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Nov 2014 16:25:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em>Para A.C.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notas sobre el trabajo de Vormann/Friel. Public Living Systems</strong></p>
<p>En la pantalla vemos un plano fijo de un parque con una vegetación espesa y frondosa. El tiempo es gris. No se ve ninguna persona que cruce el parque por aquel lugar. El título nos dice que se trata de la ciudad china de Chongqin. Oímos una voz en off que hace preguntas a diferentes artistas sobre el espacio público en China y sobre el uso de los medios digitales en sus obras. Los artistas van respondiendo pausadamente y los planos van cambiando de ángulo y lugar. Siempre hay una densa vegetación. Nunca vemos un paseante (hecho sorprendente en una ciudad con muchos millones de habitantes), como si el parque estuviera a punto de cerrar y ya hubiera sido desalojado. O como si estuviésemos en un inquietante futuro sin humanos.</p>
<p>Espacio público urbano, naturaleza y materia digital parecen ser tres de los temas fundamentales que tratan la pareja Vormann/Friel en sus obras realizadas en ciudades de Europa y China. Tanto en las que utilizan el formato de video (<em>Materia digital),</em> como en las que utilizan otros dispositivos artísticos (el contenedor para hacer crecer las plantas en el espacio público en la instalación denominada <em>Insel, </em>o en las cabinas instaladas en diversos lugares en el proyecto <em>Kabinen)</em>, estas tres preguntas están siempre presentes y en el centro de la investigación que su trabajo artístico plantea.</p>
<p>Si unimos la idea de espacio público urbano con cierta idea de naturaleza surge inmediatamente la imagen de un parque. Vormann/Friel se sienten cómodos en los parques. Los filman, los recorren, alteran sus márgenes y su mobiliario, cambian de lugar las plantas, replantean su uso. En los parques se encuentran muy a gusto. Miran la ciudad desde ahí. Desde los parques hablan de la nueva cultura digital, de las oportunidades y problemas que plantea y de las transformaciones que implica. Es un poco como mirar la ciudad desde la copa de un árbol donde tenemos el nido. La ilusión de seguridad y confort nos permite una cierta distancia intelectual para intentar entender lo que está pasando más allá de los límites del parque. También puede ser una perspectiva engañosa si olvidamos que el propio parque, con sus caminos, parterres, plantas y árboles, aunque no tenga automóviles circulando, también está completamente sujeto a las transformaciones generales del espacio público contemporáneo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Espacio público contemporáneo</strong></p>
<p>Creo que en la actualidad, al menos en el sur de Europa, el espacio público, cuya vigencia durante siglos ha sido uno de los rasgos culturales fundamentales de las ciudades, está sometido como mínimo a dos fuerzas enfrentadas. Por un lado nos encontramos con la presión del capital y del espectáculo que en forma de políticas urbanísticas neoliberales están forzando las ciudades europeas a realizar cambios no deseados por sus propios habitantes. La adaptación impuesta de los tejidos urbanos al turismo de masas es una muestra de este proceso. El ejemplo terrible de una Venecia sin venecianos, poblada tan sólo por turistas y camareros, marca un camino a seguir. No nos confundamos. Las transformaciones neoliberales de la ciudad que normalmente se incluyen dentro del concepto “<em>gentrification</em>” suponen el caso más claro de secuestro de la ciudad por parte del capital: la transformación radical de la ciudad conforme a los intereses de clase de las élites dominantes, tanto de las locales, como de las internacionales. Todos los ciudadanos pierden con estos cambios, pero mucho más pierden las clases populares. El concepto de “<em>ciudad revanchista</em>” de Neil Smith ilustra bien cómo los diversos cuerpos de policía, con la excusa de la lucha contra la delincuencia, se convierten en la garantía final de la ejecución de las políticas urbanísticas neoliberales en su intento de eliminar cualquier tipo de resistencia a estos cambios que por otro lado, nunca han sido ni reclamados por la mayoría de ciudadanos ni decididos democráticamente.</p>
<p>El espacio público europeo ha sido activo durante mucho tiempo. Se ha caracterizado por una suma de intereses públicos y privados en constante reequilibrio. Ahora parece que se está decantando hacia los poderosos intereses privados que se plasman en la carestía y en el abandono de la población autóctona del centro de las ciudades, en la desaparición de lugares históricos, de comercios antiguos, de lugares de convivencia y creadores de comunidad, como los antiguos ateneos populares o asociaciones vecinales. En la proliferación descontrolada de hoteles, apartamentos o edificios firmados por arquitectos de prestigio internacional cuyo uso es lo menos importante… Sin embargo, el espacio público también presenta resistencias. Estudiosos como Halbwachs plantearon cómo la memoria colectiva de los grupos sociales que habitan la ciudad no es un elemento pasivo, sino que se resiste a los cambios urbanos no deseados. Los grupos sociales de las clases populares saben que hay que defender el espacio público de los ataques que sufre en una tensión permanente. Sin embargo, por otro lado, el espacio urbano está más vigente que nunca como lugar de protesta y manifestación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Paradojas de la era digital</strong></p>
<p>Es curioso observar cómo en la época de la globalización y de internet. En la época de los smartphones y de la comunicación global instantánea hay ciudades que han entrado en una decadencia acelerada (Detroit, en EE.UU., por poner un ejemplo) mientras otras, dentro del mismo país, tienen un renovado esplendor (Nueva York). Es muy interesante cómo un mundo globalizado sigue necesitando la referencia real y tangible de lugares concretos, eso sí, bendecidos por la gracia del Capital Internacional. La mezcla resultante de unir el interés del capital financiero por tener lugares de referencia urbanos, más las inversiones de las administraciones públicas, junto con el interés turístico, una versión espectacular de la cultura y una cierta ausencia de conflictos sociales realmente agudos y debidamente reprimidos, ha permitido que muchas de las antiguas capitales europeas y algunas nuevas (como Berlín) tengan un nuevo esplendor, también económico, que contrasta con los problemas agudos de los estados a los que pertenecen. En plena crisis económica, las finanzas de la ciudad de Barcelona están en una posición muchísimo mejor que las del gobierno autónomo o el gobierno central. Y es precisamente en estas ciudades en las que se han concentrado las protestas políticas y sociales más interesantes de los últimos años.</p>
<p>De manera similar se puede afirmar que internet ha creado un espacio público virtual, intangible pero poderoso. Internet sigue siendo un espacio relativamente libre o por lo menos no totalmente controlado por el poder. Este espacio público virtual existe, es activo y tiene una gran importancia comunicativa y de distribución de conocimiento. Una importancia creciente que de momento afecta sobre todo a personas de una determinada franja de edad, pero que marca líneas de transformación muy importante en el futuro. Sin embargo en el momento en el que los individuos se hacen responsables de su propio poder de transformación social y quieren ejercerlo, ocupan físicamente las plazas y los parques y lo hacen de forma permanente. La ocupación física del espacio público: la acción de poner tu propio cuerpo en el lugar público, en forma de concentración, manifestación o acampada, sigue siendo, como desde hace mucho tiempo, la forma de protesta más efectiva y generalizada y es fundamental en la resistencia política de la ciudad contemporánea. La situación que genera la presencia desobediente de los cuerpos en el espacio público implica, como en el caso de las concentraciones del 15-M que tuvieron lugar en diferentes ciudades españolas hace tres años, (o más recientemente en Nueva York en la acción Occupy Wall Street) una transformación radical de la relación con el espacio y con las rutinas del trabajo y el consumo de las personas que participaron. La acampada en Plaza Cataluña, en Barcelona, que se prolongó durante meses, demostró cómo van de unidas la transformación de las relaciones individuales con las relaciones espaciales en un momento de lucha política radical. La acción de rodear el parlamento de Cataluña para impedir la aprobación de las leyes que permitían el recorte del gasto social surge directamente de la fuerza que producen estas nuevas relaciones. En este caso, la coordinación entre el espacio público virtual y el espacio público físico hizo posible un experimento revolucionario en el que la denuncia de la corrupción del sistema político y económico y la reclamación de una democracia real fueron protagonistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La naturaleza de los parques</strong></p>
<p>La obra de Vormann/Friel tiene predilección por lo parques públicos. Por hacer una obra “desde” lo parques y “en” los parques. En esta predilección parece estar presente una cierta pregunta por la relación entre naturaleza y ciudad en la que el arte hace de mediador. Los parques públicos son fragmentos de naturaleza completamente humanizada y estetizada que la ciudad ha conseguido arrebatar para uso público a sus anteriores propietarios. El caso del Parque de la Ciudadela en Barcelona es un buen ejemplo del resultado de la revolución de septiembre de 1868 que consigue arrebatar al ministerio de la guerra el usufructo de toda esa parte de la ciudad. Los parques, por otro lado, representan a la naturaleza sólo como naturaleza totalmente humanizada y estetizada. El desinterés de la contemplación estética se materializa tanto en los jardines franceses de Le Nôtre como en la romántica disposición de los jardines ingleses: contemplación de árboles, flores, parterres y estanques pero de la que están ausentes los frutos productivos de la tierra. Una plantación de trigo, un viñedo, un huerto, no fueron elementos de contemplación estética hasta hace muy poco. Además, el parque es uno de los lugares específicos para instalar piezas de arte. El jardín de esculturas, de origen renacentista, adquiere en la segunda mitad del s.XX una fuerza renovada. Las obras de Henry Moore o Bárbara Hepworth, siguiendo la estela de Brancusi, exigen su instalación en la naturaleza humanizada del parque público y rompen de esta manera con la vinculación tradicional del monumento con la idea de “lugar”. Por otro lado, no es hasta finales del siglo XX cuando surge un “arte ecologista” que sale precisamente del parque para construir huertos o plantar trigo en solares abandonados. Un arte que busca los intersticios urbanos para reutilizar los espacios e invertir el uso especulativo que tienen asignado. De lugar dedicado a la especulación inmobiliaria se pasa a lugar dedicado al trabajo comunitario y al crecimiento de cereales, legumbres y hortalizas, plantas fundamentales para la alimentación humana.</p>
<p>Sin embargo, no podemos olvidarnos de la dimensión social de la relación entre naturaleza y ciudad, que durante buena parte de los siglos XIX y XX recibió el nombre de “higienismo”. La introducción en la ciudad de las condiciones higiénicas básicas en forma de aire limpio, iluminación solar directa, espacio mínimo para las familias, fue teorizada en Barcelona por el urbanista Ildefons Cerdà a mediados del s. XX. Cerdà observo cómo la clase obrera sufría de una manera radical las consecuencias de las epidemias debido a sus condiciones de vida en las que el hacinamiento y la falta de higiene eran una constante. En gran medida, la disposición física de las manzanas del ensanche de la ciudad de Barcelona responde a satisfacer la necesidad de aire limpio, iluminación solar y espacio, que eran las condiciones imprescindibles para intentar prevenir las enfermedades que ocasionaban una mortandad tan elevada. En concreto, estaba previsto en el plan inicial que la ocupación de las manzanas (isla de viviendas que tiene forma cuadrada, una dimensión aproximada de cien metros de lado y construida sólo en el perímetro, que da la forma original al ensanche barcelonés) fuera sólo en dos de los lados, con una altura de sólo cuatro plantas y el interior de la manzana fuera destinado a parque. En teoría, en Barcelona tenía que haber habido un parque en cada manzana que asegurara el aire limpio y el espacio de juego y paseo para sus habitantes, y por eso no estaba prevista la construcción de más parques en el interior de la ciudad. Sin embargo, la burguesía barcelonesa aplicó una visión estrictamente especulativa, en absoluto social, a la construcción del proyecto de Cerdà y el resultado final fue que no hubo ni parques en el interior de las manzanas ni parques públicos nuevos y la ciudad volvió a alcanzar altas cotas de densidad de población.</p>
<p>De hecho no es hasta los años de la II República (1931 – 1939) cuando a través de los proyectos de los jóvenes arquitectos racionalistas como Josep Lluís Sert, Torres Clavé o Subirana, auspiciados por la restaurada Generalitat de Catalunya, se aborda de una manera general no sólo la necesidad de “higienizar” el centro de la ciudad, sino abordar de una manera general el derecho de las masas de trabajadores de disfrutar de unas condiciones de vida más sanas en contacto con la naturaleza. Es el momento en el que se pone en marcha el denominado “Plan Macià” mediante el cual se empezó a construir una gran zona de descanso y vacaciones al lado del mar, para los trabajadores, en los municipios de Castelldefels y Gavà. El proyecto empezó a ejecutarse y las parcelaciones y expropiaciones ya estaban siendo realizadas cuando la victoria fascista en la Guerra Civil detuvo radicalmente cualquier intento de aplicación social de la arquitectura y el urbanismo.</p>
<p>Esta aspiración de las clases trabajadoras a mejorar su salud mediante el contacto con la naturaleza más el encuentro con una arquitectura racionalista sensible a su función social y un gobierno dispuesto a llevar a cabo estos planes, contrasta radicalmente con la visión de la naturaleza estetizada que la alta burguesía encontraba en los interiores modernistas. Para esta clase social, los orgánicos interiores diseñados por Gaudí que podemos observar por ejemplo, en el Palacio Güell de Barcelona, representaban una forma de naturaleza artificial, un opulento refugio estético en el que resguardarse de la fealdad de la ciudad realmente existente que ellos estaban construyendo precisamente en ese momento. Un refugio que hiciera olvidar el origen esclavista de sus fortunas y las pésimas condiciones de vida de los trabajadores de sus empresas. Un refugio que les permitiera trasladarse a un cuento medieval o una ópera Wagneriana, prácticamente cualquier lugar a excepción del que vivían realmente.</p>
<p>En conclusión creo que se puede decir que la obra de Vormann/Friel a partir de los diferentes formatos con los que trabajan y las diferentes ciudades que utilizan como base presenta una interesante investigación sobre algunos de los aspectos más importantes de la ciudad contemporánea. El aire tranquilo y discreto de su obra, los planos fijos, la voz en off, las sutiles intervenciones en el aspecto físico de los parques, contribuyen a acentuar su condición de contemporaneidad, que radica en el sentido de sus preguntas sobre la materia digital, sobre la naturaleza y la ciudad, sobre la vigencia del espacio público, sobre el sentido de los parques. También me gustaría destacar el sentido inclusivo de su investigación, casi pedagógico. Formulan muchas preguntas y lo hacen a muchas personas de los lugares en los que trabajan. Saben escuchar, no imponen sus ideas, buscan cómplices con los que discutir, buscan libros que comentar y dejan su obra muy abierta, como los importantes temas que investigan.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Notas sobre el “Piano de Botín” y otros símbolos</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jan 2014 23:45:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Antonio Ontañón]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Siempre me gusta volver a Santander. Es la ciudad en la que nací. Tiene unas playas preciosas, una espléndida bahía y unos bares muy bien surtidos además de una activa filmoteca y un...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Siempre me gusta volver a Santander. Es la ciudad en la que nací. Tiene unas playas preciosas, una espléndida bahía y unos bares muy bien surtidos además de una activa filmoteca y un pequeño e interesante museo de arte contemporáneo (MAS). Mi familia y muchos de mis amigos viven allí. Sin embargo, creo que es necesario insistir un poco en la visión crítica de los elementos simbólicos de la ciudad. Sobre todo si son elementos que por su escala o importancia afectan al conjunto de la significación urbana.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">La “organización simbólica” de la ciudad define el conjunto de significados que se pueden extraer de los elementos que forman el espacio público de una ciudad concreta. Esta organización viene determinada por una serie de capas o niveles significativos en los que unos significados refuerzan a otros en un efecto redundante. Básicamente estos elementos o niveles de significado son cuatro: 1) El plano de la ciudad; 2) El nomenclátor; 3) El discurso de los elementos escultóricos; y 4) El lenguaje arquitectónico.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">1) La ciudad de Santander está muy condicionada por su singular posición geográfica. Forma una península con la bahía a un lado y el Cantábrico al otro. Esta amplia bahía da a la relación con el mar una tranquilidad engañosa, que contrasta con la fuerza del Cantábrico, como se puede observar desde el faro de Cabo Mayor. En el siglo XX el plano de la ciudad se vio dramáticamente alterado por el incendio de 1941, que destruyó prácticamente todo el casco antiguo alrededor del Ayuntamiento y la Catedral, pero respetó los magníficos edificios del Paseo de Pereda. Sin embargo, las posibilidades de reconstrucción de una ciudad interesante arquitectónicamente se perdieron entre la especulación, la escasez y la falta de miras de las autoridades municipales de la época.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">2) El nomenclátor: Todavía hoy muchas de las calles y plazas de la ciudad conservan los nombres franquistas: General Dávila, Lealtad, Calvo Sotelo, etc. Se han realizado algunos cambios, como eliminar la Plaza del Generalísimo por Plaza del Ayuntamiento. O la reciente General Mola por Ataulfo Argenta en homenaje al músico cántabro. Pero el grueso de las denominaciones continúa igual.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">3) Un aspecto muy importante es el de los monumentos y las esculturas públicas. El eclecticismo, la falta de criterios y la mala calidad de la mayoría de las nuevas esculturas instaladas, no puede esconder el problema mayor: todavía existen numerosos monumentos de apología del régimen franquista: en el paseo de la Reina Victoria, con el homenaje a los combatientes que “liberaron” en 1937 Santander e impusieron su yugo y sus flechas; o el situado en el faro de Cabo Mayor y dedicado a las supuestas víctimas nacionales de la retaguardia republicana que, según la leyenda, fueron arrojadas por ese acantilado. Sin embargo, aquí llegamos a un punto muy importante: la retirada de la estatua ecuestre de Francisco Franco de la plaza del Ayuntamiento en 2008. Se trataba del último monumento ecuestre que representaba directamente al dictador que quedaba en la vía pública en España. La retirada de esta ominosa escultura se fue retrasando año tras año hasta que la presión popular y política obligó a las autoridades municipales a tomar una determinación. La escultura había sido instalada en 1964 y era la tercera que se hizo con el mismo molde. Las otras dos fueron colocadas en Madrid y Zaragoza y ya habían sido retiradas por esas fechas. Para estas notas sobre el significado de la ciudad es muy importante subrayar las consecuencias de este acto, porque inmediatamente se produjo uno de los cambios que actualmente condiciona de una manera especial la organización simbólica de Santander: la instalación de dos gigantescas banderas nacionales. Una en la zona de Puerto Chico y la segunda al otro lado de la ciudad en el <em>“Parque de las llamas”</em>, próximo a las playas del Sardinero. Se trata de dos banderas descomunales que por su escala incluso pueden llegar a representar un peligro en caso de desprendimiento. No en vano cuando se produce una tormenta o sopla viento Sur son arriadas, no sin dificultades, por los bomberos. La proximidad en el tiempo de su instalación con la retirada del monumento a Franco no pueden dejar de interpretarse como una relación de causa y efecto, incluso como un “desagravio”. Se retira el símbolo franquista pero se instala un enorme y desproporcionado símbolo nacional. Las consecuencias simbólicas de estos cambios son inmediatas: todas las banderas nacionales que ondean en Santander (que son muchas) han aumentado de tamaño, sobre todo las colocadas sobre el Banco de Santander y sobre el Hotel Bahía. Además de las que ya estaban colocadas en el edificio del Club Marítimo y en muchas ventanas de casas particulares. Este delirio simbólico y nacional es básicamente negativo. No hay prácticamente en el espacio público ninguna bandera de la ciudad ni de la Unión Europea y mucho menos de la comunidad autónoma. Sólo la nacional. Este símbolo, definido por la Constitución de 1978, presenta unas enormes similitudes con la anterior bandera franquista lo que condiciona de una manera radical su uso. La derecha política se siente muy cómoda con él mientras que la izquierda prácticamente no la reconoce como un símbolo integrador y representativo de la sociedad contemporánea. Más bien se entiende como uno de los muchos sacrificios que hubo que aceptar en la transición política española para lograr el tan magnificado “consenso”, pero con el que nunca se ha sentido identificada. La prueba está en la evidencia de las manifestaciones políticas en las calles: las que tienen una orientación conservadora están plagadas de este símbolo y en las que se orientan hacia la izquierda no sólo está ausente, sino que la que se usa para representar una cierta idea de España es la bandera republicana, con la franja inferior violeta. Ante esto, las administraciones públicas en manos de la derecha política podían haber sido un poco más discretas en el uso de los símbolos nacionales. Pero no, nos imponen a todos unos símbolos de escala gigante y que solo por eso ya chirrían con su entorno.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Este hecho contrasta con otras ciudades próximas como Bilbao, por ejemplo, distante sólo 100 km. Allí no encontramos de ninguna manera enormes ikurriñas que cuando sopla el viento amenacen a los edificios circundantes. Evidentemente estamos ante un caso flagrante de utilización partidista de los símbolos nacionales, un abuso simbólico. Esta proliferación histérica de los símbolos nacionales nos lleva a una visión de España que no tiene nada de plural, de comprensiva y de acogedora, sino más bien lo contrario: exclusiva, intransigente y excluyente. Este símbolo fue fruto de un compromiso y tendría que ser usado con mucho más tacto y cuidado y siempre apareciendo acompañada de los demás símbolos: los europeos, los municipales y los autonómicos.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">“<em><strong>El Piano de Botín”</strong></em></p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">4) Otro caso muy interesante es el de la transformación arquitectónica que supone el nuevo edificio pagado por el Banco de Santander: El Centro Botín de Arte, diseñado por el arquitecto Renzo Piano. Supone una profunda transformación de la fachada marítima de la ciudad.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Podemos pensar en un principio que en una ciudad con tan pocos espacios culturales el proyecto de abrir uno nuevo no puede ser malo. Si a esto sumamos las dificultades que se plantean para los espacios públicos y privados existentes derivados de un capitalismo en crisis como el que padecemos, el resultado es que sólo se oye hablar de galerías o centros de arte en precario, a punto de cerrar o de dudosa viabilidad. Evidentemente, el promotor del Centro Botín de Arte hubiera podido elegir como sede de proyecto cualquier otra ciudad de su gusto, Madrid, por ejemplo. Sin embargo, sobre este edificio, y este centro de arte, cuyo proyecto museográfico y educativo es más que nebuloso me gustaría hacer algunas observaciones.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Primera: su carácter redentor y legitimador. En la teoría y la crítica de la cultura contemporánea ha sido estudiado (aunque en nuestro entorno no de manera sistemática) las relaciones redentoras y legitimadoras del arte en relación con las grandes fortunas. Artistas como Hans Haacke, por ejemplo, dentro de la corriente denominada “crítica institucional”, han trabajado en la denuncia de la relación redentora que el arte supone para el mundo de las finanzas y de la política. Los millonarios, es decir, los dirigentes económicos del capitalismo realmente existente tienen, o suelen tener (aparte de las sociedades privadas de inversión famosas por su baja fiscalidad), fundaciones sin ánimo de lucro con una finalidad cultural o social. Dejando de lado su utilización para reducir impuestos, asumen un pequeño papel de mecenazgo. Sin embargo, esta actitud contrasta con su poco respeto por la ley en los ámbitos no culturales, sino en los económicos, donde realmente se dirime la lucha por el poder y el dinero. Por ejemplo, es bien sabido los problemas con la ley de la empresa Microsoft por su tendencia hacia el monopolio aunque su propietario tenga una gran fundación benéfica. En el caso del Centro Botín de Arte ocurre un caso parecido, ya que en el mismo momento en que se anunció públicamente su creación se supo por la prensa que el presidente del Banco Santander tenía un proceso abierto en la Audiencia Nacional contra él y su familia por delito fiscal en relación con unas cuentas secretas y millonarias abiertas años atrás en bancos suizos. Este proceso judicial abierto a instancias de la fiscalía anticorrupción quedó cerrado previa entrega de una cantidad superior a los 200 millones de euros. Es muy interesante esta doble moral aplicada al mundo de los negocios o al mundo de la cultura y constatar cómo el arte sigue siendo uno de los mecanismos principales de construcción de una imagen pública benefactora y social que muchas veces oculta la ferocidad real de sus protagonistas. Porque ¿quién puede afirmar ahora, con este precedente, que no exista la fundada sospecha de que pueda haber muchas cuentas secretas más a nombre de esta familia, en otros paraísos fiscales más seguros?</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">De la misma manera que el centro Botín se hubiera podido construir en otra ciudad (Madrid, por ejemplo), también es cierto que se hubiera podido instalar en algún edificio antiguo pendiente de restauración, como se ha hecho con la nueva biblioteca regional, instalada en los antiguos almacenes de Tabacalera. Sin embargo sus promotores han preferido un edificio nuevo en primerísima línea de mar, enfrente de la sede del Bando de Santander. Sede, que dicho sea de paso, consta de dos edificios en el paseo de Pereda unidos por un enorme arco que en el momento de su construcción pasó por encima de todas las normas urbanísticas existentes. En realidad, lo que se pretende con este nuevo equipamiento es reforzar el eje visual que, iniciándose en el arco del paseo de Pereda, pasa por el centro de arte y atravesando la bahía, llega hasta las grandes instalaciones bancarias del Santander situadas al otro lado y que se pueden distinguir desde la ciudad por medio de un permanente faro de luz roja (que, aunque no lo parezca, no tiene nada que ver con un famoso local de alterne situado en las inmediaciones de la población de Heras). La idea de este eje ha quedado un poco alterada porque implicaba la destrucción de la <em>“Grúa de piedra”</em>, una grúa histórica protegida legalmente. En cualquier caso y aunque la escala del edificio no es excesivamente grande, la acumulación de elementos urbanos vinculados a los negocios y fundaciones culturales de la familia Botín en este lugar es impresionante. Sobre todo si tenemos en cuenta la remodelación urbana con el túnel para el tráfico rodado que implica esta obra. Evidentemente, el gran arco del paseo de Pereda está coronado con una bandera nacional que ha multiplicado por tres su tamaño desde la instalación del banderón de Puerto Chico.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Pero la presencia física de las propiedades de la familia Botín no se limita a esta zona, sino que se prolonga al paseo de la Reina Victoria con una enorme franja de terreno que abarca desde el mar hasta el promontorio del Hotel Real. La sucesión de mansiones en sentido vertical y horizontal es particularmente impresionante y abarca diferentes ramificaciones de la familia.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Si volvemos al caso del Centro Botín de Arte nos damos cuenta de que si bien ha habido una pequeña polémica sobre su ubicación y sobre su escala (se ha instalado en terrenos públicos del Puerto de Santander y se ha tenido que realizar un convenio de cesión de los terrenos entre la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Santander), prácticamente no se ha hablado de su contenido, que se mueve con vaguedad, sin concreción y a contrapelo entre los conceptos de arte y educación, aunque su función principal será la de mostrar la colección de arte contemporáneo del Banco de Santander. Es una lástima que sólo se esté planteando el contenido del centro en términos de exhibición y servicios educativos (como en la mayoría de los treinta y tantos museos de arte contemporáneo repartidos por España) y no en términos de producción, crítica y relación con el entorno, que sí que supondría un hecho diferencial respecto a los otros centros. Santander carece de facultad de Bellas Artes y los artistas locales viven en el mayor de los desamparos. Sólo la programación del antiguo museo de Bellas Artes (hoy MAS, Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria) muestra algunos aspectos destacados de la actualidad artística a nivel estatal. En concreto, este último verano incluso se podía visitar una exposición de la artista Núria Güell, joven y destacadísima figura del arte político contemporáneo.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">En realidad, los medios de comunicación, siguiendo la estela del discurso político, ni siquiera entran en el fondo de la cuestión y valoran el nuevo centro de arte en términos estrictamente espectaculares: más turismo, más presencia en la televisión, mejora de la imagen de la ciudad, que será más moderna… Es igual que este lujoso nuevo centro de arte surja en un contexto de polarización de la riqueza y la pobreza y de destrucción de los tejidos sociales, productivos y empresariales. Es bueno en sí mismo, aunque sus visitantes estén compuestos a partes iguales por turistas y parados de larga duración. Por otro lado está claro que estamos ante los efectos de la marea del fenómeno Guggenheim de Bilbao. La proliferación de banderas nacionales gigantescas, que se puede entender como la instalación de amuletos que inmunicen el territorio contra la extensión de la epidemia de los nacionalismos “periféricos” no ha podido evitar la influencia del País Vasco en base al terremoto Guggenheim: toda ciudad que quiera “salir en el mapa” tiene que tener un edificio espectacular de un arquitecto famoso cuyo contenido tenga algo que ver con el arte. Esta tendencia, que empezó en los años 90 con los acontecimientos de Barcelona y Sevilla y que sólo ha sido detenida por la crisis económica, ha dejado un reguero de enormes y carísimos edificios, pagados con dinero público, algunos sin acabar, como el de Santiago de Compostela, y de dudosa utilidad práctica, a costa de sacrificar a su favor, las reales prioridades de la ciudadanía.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;"><strong>Conclusiones de estas notas</strong></p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">De este rápido y breve análisis de los principales elementos simbólicos del espacio público de la ciudad de Santander se desprenden las evidentes dificultades que la ciudad ha tenido y tiene para adaptarse, simplemente, a los nuevos tiempos democráticos. Igualmente, muestra sus dificultades en el momento de querer adaptarse a los estándares de las modernas ciudades espectáculo (en el sentido Debordiano y negativo de la palabra). La total ausencia en la ciudad de símbolos que recuerden su pasado republicano y la tremenda represión que siguió a la toma de la ciudad por las tropas fascistas en 1937, no es sino la muestra más evidente de las relaciones de poder en la ciudad. Solo recientemente se han instalado en el cementerio de Ciriego, a quince kilómetros de distancia, unos monolitos que recuerdan los nombres de los centenares de represaliados (cerca de dos mil) que están enterrados en su fosa común, por iniciativa de la asociación Héroes de la República y por la Libertad.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">El origen del mal hay que buscarlo en el absoluto poder de una intransigente, genéticamente caciquil y cavernícolamente reaccionaria oligarquía de un reducidísimo grupo de familias que controlaba y controla todo lo que pasa en la ciudad. Las instituciones que gobiernan la ciudad no hacen más que vitorear, asentir o poner alfombras rojas a los deseos de estas familias por pequeños que parezcan. Evidentemente, el poder no está en esta pequeña capital de provincias, pero sienten un cariño nostálgico por los rituales de la oligarquía de provincias entre los paseos en velero del Club Marítimo, los juegos del Club de Tenis, su paz social, la ausencia de industrias y obreros y la cercanía de los Botín, encarnación viva del Dinero con mayúsculas. Evidentemente, hablar de los problemas con hacienda es de mal tono. El triste final de una publicación tan interesante como <em>La Realidad</em> es una palpable muestra del poder de esta oligarquía cuando no le gustan las críticas.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;">Por otro lado, también es evidente la incapacidad de las fuerzas de izquierda de conseguir una mayoría de votantes que al menos, desde un punto de vista institucional encaminara su acción en otras direcciones. Sin embargo, y aunque no sea mayoritaria, existe una creciente masa crítica estimulada por algunas activas asociaciones como las feministas de la Asamblea de Mujeres de Cantabria, los internacionalistas de Interpueblos, los ecologistas de Arca, las asociaciones de recuperación de la memoria histórica, las asociaciones culturales de revitalización de los tejidos urbanos como Sol Cultural o partidos políticos como Izquierda Anticapitalista, que están realizando una enorme labor política, cultural y estética en uno de los contextos sociales más difíciles. De ellos depende que el concepto más emancipador, rico, cívico y popular de la cultura continúe vivo.</p>
<p lang="es-ES" style="text-align: justify;"><a href="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2014/01/centro-arte-botin.jpg"><img title="Centro de Arte Botín" src="http://situaciones.info/revista/wp-content/uploads/2014/01/centro-arte-botin.jpg" alt="" width="620" height="401" /></a></p>
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